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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

España, pasto de intereses y ambiciones

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 7 de diciembre de 2010, 09:38 h (CET)
La soledad del señor Rodríguez Zapatero cada vez resulta más patética y de nada le ha valido la renovación de su gobierno, si es que debemos tomar en consideración el poco margen de maniobra que, cada vez con más evidencia, se nota que se le está permitiendo por parte de Bruselas y del resto de instituciones europeas, hasta el punto de que se le ha impedido acudir a la cumbre Hispano Americana, una omisión sin precedentes en la historia de nuestra diplomacia, para que se quedara en España para adelantar la serie de medidas precisas para insuflar confianza en los presuntos inversores en deuda española que, por otra parte, cada vez resulta más difícil de colocar y más gravosa de soportar. Si la cara de una persona es el espejo del alma, como afirma en un conocido refrán español, deberemos llegar a la conclusión de que, el alma del señor ZP, está muy achuchada y a punto de que le pille un telele de cuidado. Es obvio que, el semblante de nuestro Presidente, en las más recientes fotografías, demuestra un estado de ánimo en horas bajas y el deterioro evidente de su estabilidad emocional.

Lo cierto es que, como ya es habitual en Rabat, los gobernantes de nuestro vecino del sur, han hecho uso de esta nueva muestra de la debilidad de nuestro Ejecutivo ¬– demostrada por el serio revés del partido en el gobierno en la levantisca Catalunya – para dar una nueva vuelta de tuerca y, de paso, vengarse de esta “tímida” y más bien acomodaticia reacción del Parlamento de nuestra nación, materializada en una simple condena a los acontecimientos recientes en el Sahara español, en el que la policía marroquí intervino con contundencia, despertando viejas rivalidades entre los habitantes de la zona, que se han visto obligados a convivir con colonos marroquíes y que sufren de parte de ellos un trato poco considerado; pero, eso sí, sin nombrar explícitamente a Marruecos. Duele ver como un señor Rubalcaba, con su habitual expresión de “componedor” y “deshacedor de entuertos”, insiste, ante los ciudadanos españoles, en que, entre el reino alauí y España, no hay disputas, que nuestras relaciones con el monarca Mohamed VI son ejemplares y que la necesidad de entendimiento entre ambas naciones, ha de primar sobre pequeños roces, ¡cómo pensará que serían los grandes!

Sin embargo, no parece que el Parlamento de Marruecos se sienta tan satisfecho con España o, al menos, si lo está, lo disimula bastante bien. Otra vez han salido a colación la viejas reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla y, otra vez, insisten en que el Sahara español es una parte de Marruecos sin que, por lo visto, el contencioso que el Frente Polisario trasladó a la ONU y la petición de un referéndum para determinar la clase de gobierno que quieren darse los ciudadanos del antiguo protectorado español, hayan hecho la más mínima mella en la decisión del sultán del reino alauita de incorporarse, por medio de las armas, el territorio que ambiciona poseer con el objeto de hacerse suyos los yacimientos de minerales que en el se están explotando, privando de su derecho a ser un país independiente a aquellos que, si se separaron de España, fue para fundar su propia nación. Pero eso es Historia y la realidad ha demostrado que nuestro Gobierno, a través de su diplomacia, decidió apoyar al señor Mohamed VI en sus aspiraciones anexionistas, como, en su día, dejó claro nuestro ministro, señor Moratinos, cuando apoyó los derechos de Marruecos sobre el Sahara.

Es evidente que, el concepto de patria, es para los socialistas, como afirmó el señor Zapatero en su día, “discutible y discutido”; dejando perplejos a los españoles que todavía estábamos convencidos de que, este aglutinante de ideas de solidaridad, de costumbres y episodios compartidos, de sacrificios y hechos heroicos, de idioma común, y de lazos históricos, que nos han unido durante siglos, y que tiene el marchamo de nación española, regida por un Estado de Derecho e integrada por todos los pueblos que, hermanados por símbolos y leyes comunes, como son la bandera y la Constitución, forman este gran país al que, antes de ser invadidos por esta filosofía relativista y disgregadora que nos han traído los socialistas; teníamos como referente común identificado con el nombre de: España. Pero, hete aquí, que llegaron aquellos que abjuraron de una España unida, que han permitido que hayan enraizado las raíces de unos nacionalismos exacerbados, aletargados en espera de recibir la savia que, con largueza, les han suministrado estos destructores de la unida española; combatiendo cualquier intento de reacción, amansando al Ejército, dictando leyes que han favorecido la independencia de aquellas autonomías, en las que se ha permitido que tomaran el mando las mesnadas separatistas. En estas circunstancias, esperar de la ciudadanía algo más que una mirada de soslayo a estas cuestiones, en las que se pone en juego el nombre de España, se atenta contra el orgullo nacional y se pone en duda nuestro valor para enfrentarnos a quienes nos quieren privar de algo que es nuestro, sin reparar en intereses económicos, en claudicaciones cobardes, en cesiones humillantes y en amenazas interesadas; es, señores esperar un milagro.

Cuando le escuchamos decir al señor Rubalcaba, con aquel gesto avieso de encubridor de martingalas e inventor de disculpas, evasivas y patrañas, para ocultar los errores del Gobierno; con toda su imperturbabilidad, que “Ceuta y Melilla están plena y absolutamente seguras” nos acordamos de cuando, con la misma calma, aseguraba que el gobierno del señor ZP “no estaba negociando con la banda terrorista ETA” o cuando, cuando era ministro en tiempos del GAL, negaba todo conocimiento del gobierno acerca de las fechorías de la banda de criminales que asesinaban a terroristas y a los que no lo eran. Por desgracia, estamos pasando por unos momentos de verdadero peregrinaje económico y financiero, un Vía Crucis que nos ha llevado a pasar por sobresaltos, como el de mayo pasado y el de hace apenas unos días, en los que, si no hubiera sido por el BCE y el apoyo de países que tienen miedo a perder sus inversiones en España y temen que, un crak de nuestra economía, significaría la despedida del euro y el desmoronamiento de todo el entramado europeo; es muy posible que ya hubiéramos declarado la banca rota nacional. Ante un situación de debilidad semejante, no hay duda de que, el apetito de los depredadores se despierta y la hienas del oportunismo financiero y económico, que siempre rondan en busca de piezas fáciles de capturar, ya han fijado sus lujuriosos ojos sobre nosotros en los que, cada vez más, ven un terreno fácil de conquistar y una población, desanimada, abúlica, privada de sus referentes éticos y morales, sin espíritu patriótico alguno y dispuesta a venderse al mejor postor aunque, con ello, den al traste con cinco siglos de unidad, de cultura cristiana y de historia común; a la que, sin duda, consideran fácil de dominar sin esfuerzo alguno.

Podemos parecer nostálgicos y algo ilusos, pero el ver como nuestra nación, que sólo hace unos pocos años, estaba en todo su esplendor –mereciendo el beneplácito del resto de naciones, utilizada como modelo por muchos países emergentes de Europa y con una economía saneada –, se va hundiendo, sin que nadie ponga remedio a ello, con un gobierno incapaz de adoptar una sola medida que no le sea impuesta desde fuera de España; obligado a actuar en contra de su propio convencimiento y tascando el freno que pone límite a sus propios impulsos, que fueron, precisamente, los errores garrafales que le han conducido a la actual situación; resulta, señores, algo muy duro de roer para alguien que se considera un español, que ama a España y que reverencia su bandera. Lord Byron decía: “El que no ama a su patria no puede amar nada” Pues, eso.

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