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Alfonso Ussía se ha indignado y las ranas aún no crían pelo
Mario López
Alfonso Ussía se ha indignado y, henchido de amor a la Benemérita, abandonó el plató del programa "Alto y claro" conducido por la periodista Isabel Sebastián. Evidentemente no se trata de otra cosa que de uno de esos gestos histriónicos que conforman la personalidad del posiblemente más frívolo, cursi, holgazán, ridículo, grotesco y gañán de cuantos personajes pululan por el espacio hertziano (término acuñado por el célebre diseñador industrial Anthony Dunn).
Que Alfonso Ussía se indigne es algo tan injustificable y gratuito como que Esperanza Aguirre diga que no llega a fin de mes o que un chulo putas pegue a una señora porque no le da dinero. Alfonso Ussía, por su mamarracha trayectoria pseudoprofesional, debería tener vetado el derecho a indignarse; lleva toda la vida indignando a las almas sensibles que aún quedan en este país. Es tonto en estado puro, y esa condición no se compadece con la capacidad humana de indignación; para indignarse hay que ser medianamente serio en algo y este pobre mastuerzo lo único serio que tiene es el colapso sináptico de su masa encefálica. A mí Isabel Sebastián me simpatiza tanto como a un niño el dentista, pero reconozco que en este caso ha estado a la altura de las circunstancias; no le hizo ni puñetero caso, le dejó marchar como el que oye llover. Perfecto. Lo que debería hacer ahora la sagaz periodista es borrarle de la nómina de su programa. Y ese Petronio de pacotilla, inconsciente arbitro de la inelegancia, debería disculparse ante la Guardia Civil. Yo, si perteneciera al benemérito cuerpo, me sentiría gravemente insultado por el apoyo expreso de Alfonso Ussía.
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