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Etiquetas:   The Washington Post Writters Group   -   Sección:   Opinión

Hora de gobernar

Ruth Marcus
Ruth Marcus
viernes, 3 de diciembre de 2010, 23:00 h (CET)
WASHINGTON - El Republicano de New Hampshire Judd Gregg podría recitar la lista de problemas del plan de reducción de la deuda redactado por la comisión de disciplina fiscal del presidente -- empezando por el hecho de que, según entiende Gregg, el plan no hace lo suficiente por reducir la deuda: en 2020, en el caso improbable de que todas las recomendaciones sean implantadas, la deuda todavía se situaría en un porcentaje poco saludable del producto interior bruto, entre el 60 y el 70 por ciento.

Pero Gregg, el responsable -- saliente en unas semanas -- del Comité Presupuestario del Senado, anunció que votará a favor del plan por una sencilla, y patriótica, razón. "Al final, hoy, hemos llegado a un punto en el que hay que gobernar", decía a sus colegas de la comisión el miércoles. Es así de simple. O gobernamos como nación o nos arriesgamos a perder nuestra grandeza, y esto es la plantilla empezar esa administración".

¡Bravo! Administrar significa comprometer. El arte de lo posible rara vez es una obra maestra. A veces los principios exigen oposición, pero en el clima actual, la rígida adhesión al dogma prevalece con demasiada frecuencia sobre la necesidad de forjar soluciones imperfectas. En ambas formaciones hay muy pocos Gregg, y muchos de ellos - Gregg en persona, junto a los colegas Republicanos Robert Bennett, de Utah, y George Voinovich, de Ohio - abandonan la administración.

¿Puede la comisión del déficit ser el momento en que más legisladores sacan a sus Greggs internos? La cínica que llevo dentro tiene sus dudas. El acto reflejo Republicano es oponerse a cualquier subida tributaria, por la razón que sea -- incluso si la subida de la recaudación debe de ser parte de cualquier paquete de reducción del déficit. El instinto Demócrata, igualmente fuerte, es oponerse a cualquier recorte a la Seguridad Social. La moraleja de las legislativas de 2010 castiga al político que flirtea con el compromiso o incluso la confraternización.

Y aún así: viendo el asunto, veo brotes verdes. Allí estaba el Senador de Illinois Dick Durbin, Demócrata de izquierdas y adjunto del secretario de la mayoría, dando el paso de elevar la edad de jubilación.

"Voy a decir algo ahora que es una herejía entre la izquierda, y no va a gustar que lo diga, pero lo que se ha sugerido de elevar la edad de jubilación es aceptable para mí", dice Durbin. "Elevarla un año de cada 40 no tiene nada de radical. Elevarla dos años con respecto a 65 no es radical. Y atendiendo, como se hace en dos casos, a aquellos obreros que desempeñan labores exigentes y necesitan jubilarse antes porque están agotados y no pueden seguir trabajando y proporcionando ayuda extra a los ancianos en la seguridad social que necesitan más ayuda que otros. Estas cosas son sensatas, y tenemos que aceptar alternativas sensatas para avanzar a izquierda y derecha".

Estaba el Senador de Oklahoma Tom Coburn, tan conservador como cualquier Republicano, que dice: "Me produce angustia. Pero sé que tenemos que seguir adelante... Y por eso mi pregunta se reduce realmente a, ¿vamos a unirnos y poner algo de nuestra parte, incluso si probablemente el 50 por ciento no estará contento, como entrada de una declaración que diga que este problema es tan real que Tom Coburn no puede tener lo que pide? Y no puedo". El jueves, Coburn y su colega Republicano Senador de Idaho Mike Crapo votarán a favor del plan.

Yo estoy - glups - con Coburn. También me duele, sin duda, el recorte del 50 por ciento que le gusta a Coburn. Los recortes del gasto son demasiado draconianos; una sociedad que envejece exige más gasto del que prevé el plan. El plan fiscal es un importante paso en la dirección correcta, pero no eleva lo suficiente la recaudación; yo optaría también por un impuesto del valor añadido. Me preocupa que haga falta más estímulo a corto plazo - la moratoria fiscal propuesta por el Centro de Legislación Bipartidista es digna de contemplarse -- y el impacto potencialmente negativo sobre la economía de cortar demasiado el gasto antes de tiempo. Me preocupa el impacto final sobre los afiliados a la seguridad social -- no los más pobres, sino el segmento medio.

Pero la pregunta de los méritos del plan es: ¿En comparación con qué? El estatus quo no es inaceptable simplemente, es peligroso. Como apunta Alice Rivlin, miembro de la comisión, proteger a los pobres y los vulnerables incluye preocuparse de "lo que les sucede si sufrimos una nueva catástrofe económica". Y ésta es la razón de que la idea de Gregg - que es hora de ponerse a legislar de una vez - suene tan contundentemente.

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