Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

A contratodo

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
sábado, 4 de diciembre de 2010, 23:00 h (CET)
Parece que tanto izquierdas como derechas se ponen como unas pascuas de contentos cuando se recortan derechos sociales, se presiona a los que menos tienen, se malvenden algunas joyas patrias más de la abuela, se les hurtan sus derechos a los jubilados, se les condena al hambre a quienes ya no tienen más salidas y se precariza cada vez más el empleo. Y, claro, sube la bolsa, que es una cosa que a la mayoría de los españoles de a pie nos viene estupendamente.

No veo mucha televisión, pero, de vez en cuando, cuando me detengo en uno de esos programas de debates políticos que han vendió a sustituir a los que ayer lo eran de cotillero –la audiencia es la misma, palabra, y con el mismo entusiasmo aplauden a la estrafalaria ex del torero que al vicedirector del BOE-, en ocasiones debo restregarme los ojos para comprobar que estoy despierto. Es de no creérselo: opinadores de mucho caché que lo mismo nos hablan del cambio climático que de macroeconomía universal –eso es formación y lo demás son ganas de marear la perdiz-, babean ante la posibilidad de que el gobierno promulgue unas aberrantes leyezuelas para que nuestros mayores tengan unos últimos años de soledad y hambre, que nuestros chicos no tengan porvenir alguno y que todos los que debemos trabajar para ganarnos la vida, tengamos que estar ad aeternam a la cuarta pregunta, sin derechos laborales más allá de la esclavitud y con un pie en el calle –otrora desempleo-. Debe ser así porque ellos son multimillonarios, digo yo, además de que no se van a hacer viejos o de que no tienen hijos (o no los quieren). No sé si a todos estos les sobran los dineros en el banco, pero de lo que no tengo la menor duda es de que les sobra miseria en el alma

No sé qué pensarían estos divos de la sabiduría si ellos contrataran un plan de jubilación que, cuando se vaya a materializar porque les llega la hora de retirarse, el banco con el que la suscribieron les dijera que no les pagan lo acordado porque han cambiado las normas por su cuenta y salero. Pues bien, si es Estado cambia las reglas que les aplica a los nuevos jubilados, es exactamente eso lo que hace: vulnerar unilateralmente un acuerdo entre partes. A quienes han trabajado toda una vida por su país, ahora se les tira en la cuneta: que aprendan las nuevas generaciones, y que voten, claro. Una trampa, en fin, propia de los muy golfos. Y de trampa puede clasificarse todo lo demás que propone el gobierno. Lo primero y más importante que debieran tener claro tanto opinadores como gobernantes es que no pueden ni deben pagar la crisis quienes no la han producido, sencillamente porque es manifiestamente injusto. La produjeron los ricos y los especuladores, y la multiplicó un gobierno incapaz, inoperante, delirante y al servicio –según se desprende de los nunca negados por EEUU o España comunicados publicados por Wikileaks- de potencias extranjeras. Si ahora hay que conseguir dinero de algunos bolsillos para sufragar ese latrocinio, que registren a todos esos que se ha mencionado, o que esos mismos den con sus huesos en la cárcel. Ni más, ni menos; con lo demás, ya veremos.

Jugar a la bolsa es lo que tiene. La sociedad ha de ser productiva y jamás especulativa, porque esta segunda deja fuera de juego a la mayor parte de la población, y la tarea fundamental del gobierno es precisamente la contraria: facilitarle la vida a la población. Claro, que los que quedan al margen de la sociedad especulativa son precisamente el as en la manga de esta manga (valga la redundancia por el uso de una palabra polisémica) de golfos: los que pagan si la cosa sale mal. Será cosa del patriotismo, sin duda.

Miren, lo he dicho un millón de veces, y por ello mismo los de derechas me han considerado de izquierdas y los de izquierdas de derechas (es el precio a pagarse por ser independiente y pensar por uno mismo): lo que hay que hacer con la bolsa es pegarla fuego. Si uno saca más de seis mil euros del país incurre en un delito de fuga de capitales, pero si saca mil millones, pongo por caso, alfombra roja. Todo eso es trampa sobre trampa y poner el orden social al servicio de unos cuanto malandrines… o de trescientos: el Comité de los Trescientos, exactamente. Lo que los gobiernos han de hacer, en contra de lo que muchos piensan, es precisamente lo contrario de lo hacen, si lo que quieren es que no se repitan estas crisis cíclicas que se inventan los tramposos, y ello empieza por concentrarse en la autarquía, en la mínima dependencia nacional del exterior. Tanto el planeta como el medioambiente lo agradecerán, y ya los ciudadanos, no digamos.

Porque tiene gracia esto de que tengamos que tirar la leche para comprársela a Holanda, pongo por caso, o que hoy paguemos porque se destruyan olivos (que tenían más de trescientos años) para beneficiar a Italia, y que, luego, cuando las almazaras españolas ya eran italianas, se pagara por plantarlos. Un orden de locos sólo podía traer locuras, y a quienes se les ocurrieron estos desvaríos de las cuotas productivas y todo eso, así como a los que parieron la desradicación de empresas y demás, estaban ese día tajadas por completo... o pagados por los vivos de antes. El alcohol y las drogas, es lo que tienen.

Nada, nada, que digan lo que digan, a España ni a nadie se le sirve con medidas como ésas, y que esa crisis debe pagarla los que la han producido o multiplicado, y nadie más. Y si no tienen, ya digo, a la cárcel. Zapatero no tiene que poner en marcha un desastre para ocultar un error, sino rendir cuentas (como cada uno de quienes han estado al frente de este fregado) y justificar cada céntimo que han gastado, y, si no lo ha hecho bien –cuestión de formas, perdonen la retórica-, que pague igual con la condena a que haya lugar. Esto de que unos hagan la trampa, se den a la buena vida y dilapiden lo que no es suyo, y que los otros paguen el desaguisado, debe terminarse ya.

Nada de bosa: quien quiera rentabilidad, que funde industrias; nada de especulación y de llevarse los capitales por esos mundos de Dios: si se obtuvieron los beneficios de los españoles, a los españoles deben redundarles; y nada de aumentar la presión sobre los más débiles y los que no se pueden quejar porque no tienen quién les defienda: que paguen los que han producido la crisis, ya sea con sus bienes o con su libertad, o con ambas cosas, si llegara el caso.

Los detractores de la autarquía, qué curioso, son estos mismos que ahora cargan tintas contra los indefensos, como les corresponde a quienes acumulan tal miseria moral. Es una atrocidad que estemos importando trigo cuando nuestros campos están en barbecho; que tiremos la leche para comprársela a otros; que importemos de China o de donde sea, mientras nuestra industria languidece y nuestros jóvenes y trabajadores no tienen futuro; o que una panda de golfos hayan convertido a España en un país de servicios y desindustrializado, y que, además, alguno de estos infames golfos se permitan el lujo de darnos lecciones de lo que se debe hacer desde las mansiones que han obtenido con sus sucias maniobras.

Noticias relacionadas

¡Qué escándalo! ¡Qué escándalo!

“Una nación no se pierde porque unos la ataquen, sino porque quienes la aman no la defienden” Blas de Lezo y Olavarrieta. Almirante español (1689-1741)

García Albiol, el sheriff de Badaolna

Perfiles

Los políticos catalanes optan por enfrentarse a la Justicia

El todo vale, el no me da la gana o el me rebelo contra la autoridad española, se han convertido en el leitmotiv del separatismo catalán. El anarquismo se impone

Críticas a refranes (I)

El objetivo de este artículo de opinión es efectuar una crítica a determinados refranes

Hedonismo de Epicuro

El epicureísmo es una escuela filosófica helenística
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris