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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Sismo en el poder

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 3 de diciembre de 2010, 23:00 h (CET)
Apenas comienzan a hacerse públicos los documentos de Wikileaks, y ya se verifica un sismo de magnitud escatológica en las cimas del poder. Una pena, en fin, pero los poderes, especialmente de EEUU, se mueven hacia donde no deben. En vez de perseguir y condenar los gravísimos casos denunciados documentalmente por Wikileaks, llevando a la Justicia a quienes han perpetrado tantos y tan graves daños, mueven frenéticamente todos sus poderes para acorralar a Assange. Matar al mensajero, en fin, antes que poner remedio a sus desmadres.

A la vista de toda la información que viene desvelando Wikileaks, nada hay de extraño en esta maniobra torticera, como no la hay en las más que dudosas acusaciones que pesan sobre el señor Assange. Ya sabemos cómo funcionan y de qué modo manipulan la realidad. Aquí, en España, que es un país mucho menos importante que el Imperio, hemos vivido reiteradas campañas de acusaciones poco o nada fundamentadas y desprestigio contra ciertos personajes públicos, e incluso contra personas normales y corrientes cuyas opiniones son incómodas para los poderes. Desde expoliaciones y reparto de sus vestiduras a condenas dudosas de muchos años de cárcel, a la satanización de ciertos personajes... incómodos, hemos visto de todo. Así funciona el poder, y nada hay de extraño en ello, como no lo hay en que las cárceles estén llenas de bindundis de medio pelo mientras que terroristas confesos y grandes pillos campean a sus anchas como si tal cosa, libérrimos como los santos pájaros. La impunidad, en fin, depende del apoyo que se recibe del sistema, como depende de ello el éxito y la fortuna.

Los EEUU, sin embargo, son mucho más fuertes que España y han movilizado a todos sus peones, desde la Interpol a sus aliados, convirtiéndose Assange en un mártir de la verdad perseguido por los poderes más tenebrosos. Esto, lejos de ser una acción promovida por la rabieta de que un don Nadie haya diezmado su política internacional, es la evidencia incontestable de que los EEUU tienen mucho y muy sucio que esconder, sobre todo por cuanto hay pendiente de publicación más de tres millones de documentos… y lo que te rondaré, morena. Bueno, los EEUU y todos los países involucrados en los documentos que se han desvelado, quienes apoyan sin fisuras (ya lo veremos) esta política de persecución desalmada. Pero tiene cierta lógica, claro, porque es mucho más peligrosa para todos ellos la verdad que cualquier otra clase de enemigo, aún el terrorismo. Ésa, la verdad, sí que es temible, porque a su través se les caen las caretas y se les puden contemplar sus cuerpos agusanados.

Miedo que se está globalizando ante la irrupción de la verdad desnuda, documental y con nombres y apellidos, el cual no sólo atenaza a EEUU, sino que no hay gobierno o poderoso sobre la Tierra al que no le tiemble hasta el colodrillo. Y es que ya digo que en estos tiempos de desinformación nada hay más peligroso que la verdad. Aquí, como queda denunciado por Wikileaks a través de El País, parece ser que los del Imperio juegan con nuestros gobernantes e Instituciones como les viene en gana, hacen sus negocietes, trucan la Justicia, mueven en la dirección que les interesa a nuestros supuestos responsables como si fueran sus peones a sueldo y hasta se cabrean si no éstos no les obedecen con presteza, no se sabe si amenazando, en el caso de que su paciencia se agote, a promovernos una balcanización gratuita, si a potenciar movimientos contrarios a la unidad nacional o si nada más que difundiendo por otros canales la información sensible que han ido recopilando de cada personaje que les interese, y todos ellos tienen demasiado que esconder. Medios, desde luego, no les faltan, y expertos son, como hemos comprobado, en manipular países, situaciones, guerras, estados, personas y lo que se tercie.

A la mayoría de los individuos pensantes, sin embargo, no nos la cuelan ya. Sabemos qué hay detrás de esa campaña de difamación contra el señor Assange, y en nada limpiará su negra imagen el que le detengan o no. Ellos, los malos, tratan de tender un oscuro paño sobre su forma de actuar, y, tal vez, incluso aprender de sus errores perpetrando errores más grandes; pero también ha aprendido la sociedad civil que hay caminos para poner al descubierto la falacia del sistema y el poder, y, aunque lograran taponar esa fuente de filtración, su techo ya está lleno de goteras. Se puede luchar contra un enemigo que tiene forma, como dijo Sun Tzu, pero no contra un enemigo que no la tiene, y los pensantes ya saben que hay caminos y que hay ideas, y que éstas no pueden ser combatidas. Al circo del poder, en fin, le están creciendo los enanos. Han perdido por completo su credibilidad, como lo están perdiendo personalidades otrora respetables y gobiernos en pleno, y eso no es algo que recuperarán ni en un día, ni en un año; es más, probablemente no puedan recuperarla nuca. Ni siquiera una guerra podría ya taponar las vías abiertas.

Ya dije en muchas ocasiones que el paradigma de los tiempos estaba cambiando, y en algunas cosas ya ha cambiado. Los EEUU, tan fanáticos con el cristianismo y todo eso –al menos de boquilla-, debieran saber que ya estaba dicho: “Nada se hace en la oscuridad que no vaya a ser puesto en la luz”, y aquí está una primera andanada, que, sin duda, ni será la única ni será taponada, sino que es el principio de un derrumbe del imperio de la mentira. Por todas partes hay cerebros coligiendo estrategias, y por todas partes guardianes de secretos a quienes les atormentan esos secretos. Ya no se podrán fiar los poderosos de nadie, y, no importa qué sistema de control de comunicaciones establezcan para sustituir al que ha fallado, es probable que alguno de los mismos expertos del nuevo filtren las claves para que el que sea impuesto pueda ser vulnerado. De Oriente a Occidente el orden del poder truculento tiembla con este fenómeno, y no parece que este temblor, detengan o no al señor al Assange y cierren o no Wikileaks, vaya a pararse. La suciedad de las manos que manejan los hilos del poder van dejando un rastro de mugre que puede ser seguido con la vista... o con el olfato, porque deja un insoportable hedor. Aquí, ya vemos lo que somos: peones, simples peones. Lo que queda por saber es si toda esta gente involucrada en las denuncias documentales de Wikileaks va a ser investigada en serio y por quién que tenga las manos limpias, si van a seguir ocupando puestos públicos y cobrando pensiones o salarios a cargo del estado, o si van a ser procesados por torcer con conocimiento de causa que estaban manipulando situaciones injustas para que parecieran lo que no eran. No sé si eso es traición –doctores tiene la iglesia-, pero trabajar a favor de otra potencia manipulando lo que estaba derecho e informando de lo que era privativo de España, no parece que deba quedar impune. Las acusaciones son demasiado graves para que queden en agua de borrajas. Y si quedaren, ya sabemos a qué atenernos.

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