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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Unánimes o unidos

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 3 de diciembre de 2010, 23:00 h (CET)
Proliferan las circunstancias cambiantes, imprevisibles, con la agitación y la intranquilidad consiguiente, predominan la aceleración y la distorsión. A raíz de dicha situación ambiental, nos viene de perlas el hallazgo de algún remanso, propicio para el ejercicio de la serenidad. Un añorado PARAJE TRANQUILO, donde los ritmos se ajusten a la naturaleza de los seres vivos y de las estructuras físicas. La mejor antropología se aviene con el reconocimiento y respeto dirigidos hacia su entorno; pero también con la consideración adecuada para las características de uno mismo, con su modesto protagonismo irrenunciable.

En Álava, como una invitación oportuna ante dichos requerimientos, el otoño aporta su variado y primoroso colorido; con él se engalanan las estribaciones del MONTE GORBEA. Aquí se reunen la belleza estimulante y el remanso mencionado, en una feliz confluencia de diversas maravillas. Los poros de la Naturaleza se abren para recibirnos, en este caso, teñidos del esplendor otoñal; los ocres y amarillos se alternan con el verde perenne de las pinadas, en una inigualable sinfonía de contrastes. La caída pausada de las hojas nos avisa de la tranquilidad buscada, alfombra los suelos y recibe como nadie a los andariegos y a los ansiosos buscadores de setas. Las arañas tejen sus redes entre las ramas de brezo y captan las gotitas de la neblina mañanera. En dichos trayectos, el paseante mantiene aireada la mente, se desembaraza de las telarañas neuronales; el ventoso ámbito del Gorbea nos libera de esas trabas que nos ofuscan con frecuencia.

Nos embaucan con una maraña de frases en las que se incluye de todo, mentiras flagrantes y tergiversaciones pérfidas. Pronto asoma la discordancia entre la unidad acogedora de varios componentes diferenciados, enfrentada a la unanimidad insidiosa; sobre todo, porque se presentan como conceptos similares, cuando no se parecen en nada. La unidad de mis pensamientos no implica su igualdad, aunque unidos en mi persona, no van en la misma línea, unos surgen impetuosos y otros pausados, los hay intuitivos con la sencillez de lo espontáneo, como surgen otros de carácter reflexivo, con resultados contrapuestos en no pocas ocasiones. Introducen matices diferentes, son distintos, pero están unidos en ese individuo. A poco que nos fijemos, intuiremos el MONSTRUO configurado en un sujeto cuyos pensamientos fueran unánimes, sin diferenciación entre sí, irían a lo mismo. No se distinguirían unos pensamientos de otros.

¿Cuántos individuos funcionan con esos pensamientos sin diferenciación? No se sabe, las estadísticas no son fiables en funciones tan íntimas. Sin embargo, a nivel de la sociedad sí que se habla mucho de unanimidad, sin el apercibimiento de su condición tendenciosa y peligrosa, dado que anula las peculiaridades, los matices personales. No es posible tanta similitud en los pensamientos, suele tratarse de una fachada acomodaticia. “Allí donde se ha perdido la unidad surge la unanimidad”, dejó escrito Harry Martinson. Cuando nos reímos o despreciamos aquellas características que nos unen; resulta chocante la proliferación de unanimidades, estandartes o disfraces que ocultan las distinciones, aparentando uniformidad. Como esta unión está falseada, por debajo circulan las maquinaciones perversas. Vuelvo a Martinson, “Será la UNANIMIDAD de los LOBOS una vez rota la unidad”. Es importante no confundirse en los términos. Estamos ante una disyuntiva crucial, unidos en lo importante aunque seamos diferentes y vayamos a la unanimidad con cuentagotas y bajo todas las cautelas; lo que circule por debajo de lo unánime es poco tranquilizador.

A los detentadores de los poderes (no hay grandes diferencias en sus maquinaciones), les interesa mantenernos intranquilos, les conviene una masa de gentes atolondradas y apuradas. Son enemigos de los lugares tranquilos que faciliten la reflexión. Con esas maneras, nos inculcan las ideas que ellos estiman oportunas. Han logrado una especie de unanimidad general con respecto a la conveniencia de grandes organizaciones empresariales de cara al reto global, muy pocos discuten esos horizontes. Mientras, silencian la disgregación provocada en trabajadores o usuarios de dichas entidades, no los consideran como un conjunto, han roto la unidad; como sujetos aislados les valoran en muy poca cosa, les agreden a su gusto y con múltiples artificios. Se transforman en ENTIDADES DEPREDADORAS, han desunido a su público y lo atacan como lobos, encubiertos por el disfraz de la unanimidad general que aprueba su existencia y tolera sus procedimientos. Las eléctricas cobran por adelantado, sin molestarse en la lectura mensual del consumo real, las oficinas se tecnifican, con voces, botones y artilugios despersonalizados; el responsable siempre se diluye en el baño de las multitudes organizativas. Han cerrado el círculo contra cada ciudadano. El deslizamiento es evidente. ¿Tendrá que ser así? ¿Debe continuar la burla hacia cada persona?

Las embestidas no avanzan únicamente desde lo general hacia cada particularidad. Abocados a la aventura vital e inestable, hubiera parecido lógico apoyarse en las características esenciales y comunes, para el logro de las mejores condiciones. Pues bien, ¡Ni por asomo! Por descuido o por ignorancia, quizá con la suma de ambos. La unanimidad se presenta a BORBOTONES. Basta una consigna llamativa lanzada en el momento crucial por los medios de comunicación, un mensaje difundido por los móviles o la filtración insidiosa de algunos datos. Lo hemos visto de cara a unas elecciones, para congregar manifestantes o para estímulo de determinadas celebraciones. Brota una respuesta idéntica y simultánea, por lo tanto unánime, a partir de una llamada motivadora; como contraste, escasean los razonamientos detallados, incluso se ocultan a pesar de su contrastada realidad. El análisis está fuera de lugar en dichos estallidos.Lo peor no radica en la respuesta, que presenta un matiz espontáneo y un impulso de renovación; alguien maneja el primer hilo a escondidas y con intereses propios no declarados. Rompen la unidad de las personas autónomas.

Si alcanzamos aquellos parajes citados al principio y los momentos con el sosiego necesario, pronto nos daremos cuenta de las respuestas poco maduradas. Entrevemos motivaciones superficiales, de un seguidismos poco convincente. Suele tratarse de un BARULLO PROVOCADO, que genera sobre todo 3 consecuencias: A. “Insatisfacción personal” de los entusiastas participantes, manipulados y mantenidos al margen de los órganos decisorios. B. Al contrario de la espontaneidad proclamada, se profundiza en la “servidumbre necia” y enfocada hacia los jerarcas establecidos en territorios diversos; movidas políticas, religiosas, asuntos de drogas o con sectarios de variado pelaje. C. Aumento de la “disgregación social”, porque se han minado los conceptos señeros, se desdeñan las razones y no se elaboran alternativas; se trato de un alto sin red y al vacío. El barullo no propicia las valoraciones y en eseos ajetreos tampoco se piensa en los resultados.

La verdadera unión requiere mayores esfuerzos y un discurso elaborado; no se aviene al trapicheo multitudinario. Aunque la insensibilidad mayoritaria facilite estas manifestaciones frívolas, la ligazón social nunca se establecerá de esa manera, se aflojarán los lazos sociales de apoyo para cada persona en particular.

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