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Etiquetas:   Ojo de halcón   -   Sección:  

Justicia en el campo

Raquel Morales
Raquel Morales
viernes, 3 de diciembre de 2010, 08:42 h (CET)
Se hizo justicia en el Camp Nou. Ha quedado confirmado que lo del Hércules fue una anécdota. El Barça llegó y se fue con 5 goles y tres puntos fundamentales. Nada hay que reprocharle al Real Madrid, salvo la estrategia de Mourinho que brilló por su ausencia. Y a la vista está. No hubo presión ni centro del campo, por tanto ni creación de juego ni ocasiones. Salió a perder como diría él. No fue más que un mero espectador del recital que dio el eterno rival que lo hizo todo bien. En el clásico no podían faltar las polémicas pero Iturralde no entró a emborronar el espectáculo. Messi hizo teatro con el aspaviento de Carvalho, Puyol exageró el ilícito manotazo de Ramos y Cristiano, impotente, arremetió contra Guardiola tras una provocación suya.

Pero fuera del campo llegaron las injustas decisiones del Comité de Competición y la UEFA. Bueno, más bien del primero, porque no creo que haya que darle mayor importancia a las expulsiones provocadas, algo que todos los equipos hacen, aunque no con esa “sutileza”. Pero esta vez lo de Ramos no fue provocado. Al sevillano le ha caído un injusto partido de sanción, después de darle una patada a Messi en el suelo y hacia los minutos finales una agresión en toda regla a Puyol. Dos por el precio de una. Otro jugador como Ujfalusi se perdió dos partidos por una entrada a Messi e incluso llegaron a decir que merecía perderse toda la temporada, aunque el argentino regresó como nuevo tras un partido de ausencia. En cambio, Gurpegui no fue sancionado por la entrada al Kun Agüero que le tuvo tres semanas de baja.

Otra historia fue lo del sábado en el Calderón. Aquí no hubo justicia ni dentro ni fuera del campo. Los aficionados, helados de frío, tuvieron que presenciar las incongruencias de Teixeira. Un penalty absurdo e inexistente a favor de un Espanyol superior al equipo rojiblanco fue el principio del fin. Estoy segura que los de Pochettino no necesitaban esa ayuda para ganar el partido, pero una vez más el árbitro se equivocó. A quien se debería sancionar es al árbitro por su error y a Agüero por la patada sin sentido a Luis García. En lugar de eso se castigó al técnico colchonero por empujar a un jugador del Espanyol que pretendía entrar al terreno de juego como un bebé: a gatas. Vergonzoso. Pero así es el fútbol, hay que permitir esos actos para no salir perjudicado uno mismo.

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