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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Plan B, un parto distócico para ZP

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 3 de diciembre de 2010, 08:17 h (CET)
En estos días se van sucediendo con inusitada rapidez y más que preocupante reiteración, una serie de informaciones y contra informaciones que, si lo que el Ejecutivo pretende es conseguir que los ciudadanos recobremos la confianza en quienes nos gobiernan, fe en el porvenir y que tomemos oxígeno para lo que queda de la legislatura del señor Rodríguez Zapatero; mucho me temo que le va a resultar harto difícil lograrlo. En realidad, no puedo asegurar lo que van a pensar fuera de España los que nos observan con lupa y están pendientes de cada movimiento del señor Zapatero; porque resulta muy complicado, para un simple ciudadano, entrar en los entresijos de la política internacional escrita con mayúsculas, sin embargo, conjeturo que les va a ser muy complicado sacar en claro, de toda esta maraña de declaraciones, algo que les ilustre de este conjunto de afirmaciones, intenciones, rectificaciones y sorpresivas ilustraciones a cargo de ZP y su corte de ministros, que se afanan en demostrarnos que, como dijo el señor Rubalcaba, con motivo de la nueva remodelación del gobierno del señor Zapatero, “cada ministro se ha convertido en un portavoz del gobierno” o sea, 15 ministros, igual a, 15 portavoces.

De todos es sabido que, de súbito, sin que nadie se lo esperara y contestando a una pregunta del señor Rajoy en el Parlamento, nuestro Presidente lanzó a bocajarro toda una serie de nuevas medidas, que se proponía poner en práctica para luchar contra la grave situación económica por la que España está pasando. Obviamente, cogió a sus señorías, incluso a las de su propio partido, con los calzones bajados; de modo que la mayoría de ellas, incluido el jefe de la oposición del PP, señor Rajoy,.se quedaron con la boca abierta y, apenas, supieron farfullar unas leves protestas que evidenciaron la falta de capacidad de reacción de este señor, Rajoy, al que nadie le niega su preparación académica, su interés e incluso una cierta ironía, pero que, como se ha demostrado en esta ocasión, necesita un tiempo de reacción que le incapacita para lo que se le debe pedir a todo buen parlamentario, cuya principal cualidad es saber estar a la altura ante cualquier situación, por adversa que sea, con la que tenga que lidiar. Si la improvisación, la evidente urgencia con la que tuvo que actuar y una cierta deslavación de las medidas propuestas por el señor Presidente, así como la falta de concreción con la que fueron enunciadas; dejaban bien claro que, como ocurrió en el mes de mayo pasado, –cuando España estuvo al borde del abismo económico –, de nuevo y desde Bruselas y el BCE, hubo presiones para que se clarificara la postura de nuestro Ejecutivo y se dinamizaran, de forma inmediata, aquellas actuaciones que ZP se había comprometido a poner en marcha y que, contrariamente a lo previsto, se iban retrasando sine die, lo que volvió a poner el punto de mira en nuestra economía y dio lugar a que se aumentara la desconfianza de los inversores en la deuda de nuestra nación.

No obstante, no podemos dejar de reconocer la oportunidad y la habilidad de Zapatero de hacer el anuncio y la conveniencia, mejor tarde que nunca, de alguna de las medidas anunciadas, entre ellas las de la mejora de la fiscalidad de las Pymes y la liberalización del tratamiento de las amortizaciones; medidas que, por cierto había venido pidiendo el PP desde casi el inicio de la crisis y a las que los socialistas se habían opuesto radicalmente. Y aquí me van a permitir insertar un pequeño comentario respecto a la reacción del señor Rajoy. No podemos entender que se limitara a balbucear algunas i objeciones y argumentaciones absurdas que denotaban, a las claras, lo incómodo de su postura cuando, hasta el más simple de los humanos, hubiera aprovechado para felicitarse de la “rectificación” del señor ZP y se hubiera mostrado mordazmente “encantado de que ¡por fin,! el partido socialista rectificara sus posicionamientos, para integrarse en las propuestas, tantas veces refutadas, del PP”, porque nos es imposible entender que nadie el banco de los populares hubiera sido capaz de aprovechar el regalo que les ponía ante las narices el señor Presidente.

A nosotros, por otra parte, lo que nos maravilla, como indicábamos al inicio de este escrito, es que, sólo unos pocos días antes la señora Salgado, a preguntas de la prensa, respondiera, categóricamente, que no se pensaba en poner en marcha el plan B, “porque el plan A funciona a la perfección y no es necesario modificarlo” y, en otra ocasión, volvió a reafirmarse en su postura, cuando se le preguntó por el contagio que se podría producir en España de la grave situación de Irlanda, a lo que la señora ministra adujo: “no se plantean nuevas medidas por lo de Irlanda”. El mismo ministro de Trabajo, apenas unas horas antes de las declaraciones de ZP, afirmaba convencido que “mientras persistieran las circunstancias actuales no se retiraría la ayuda de los 426 euros a los parados sin otras prestaciones”. ¿Cómo se puede dar una falta de comunicación entre los ministerio y, lo que aún resulta más sangrante, entre el señor Zapatero y sus ministros económicos y laborales, sobre los que recaen de una manera más directa los efectos del desastre económico por el que estamos pasando? Una muestra más de la falta de sincronización del Ejecutivo y de la autocrática forma con la que el señor Presidente maneja los temas fundamentales de la nación, prescindiendo del resto del equipo, que se ha convertido en el Convidado de Piedra con la única misión de actuar de pantalla para que, su jefe de filas, no reciba directamente las tarascadas de la oposición.

No obstante, existen entre las medidas propuestas por ZP, una de especial significación si, como parece, están dispuestos a ponerla en práctica. Hablamos, por supuesto, de la retirada de la ayuda de los 426 euros a los parados sin otras percepciones. Ya sabemos que era una medida provisional en espera de tiempos mejores, pero, señores, resulta que estos tiempos no han llegado, al contrario, porque las últimas cifras indican un aumento de otros 24.380 sin trabajo, situándose la cifra “oficial” en 4.600.000 parados. Uno se pregunta si habrá trampa y todo será un truco para darles por otra parte lo que se les quita ahora ¿ acaso la propuesta de Caldera de sacar del desempleo a los que hagan cursos de reciclaje?, porque es suicida pensar que, en las circunstancias actuales, dejar a un colectivo, que puede ascender a más de 400.000 personas, sin nada para vivir, cuando puede resultar un peligroso detonante, capaz de originar una grave agitación social que acabe por obligar a los Sindicatos a actuar, presionados por sus bases.

Debo reconocer, para finalizar, que hay otras medidas que no entiendo y, la verdad, parecen poco eficaces, si es que las comparamos con las grandes posibilidades que tiene el Gobierno de meter mano a los gastos superfluos de la Administración, empezando por los coches oficiales y continuando por una sustancial rebaja de los sueldos de los parlamentarios, supresión de dietas y reducción de las plantillas de los ministerios; a lo que podríamos añadir lo de la Alianza de Civilizaciones, que se ha convertido en una especie de broma costosa y macabra, si vemos la actitud agresiva de algunas naciones con las que ZP pretende llegar a acuerdos. Me cuesta entender que se quiera privatizar, por el método de concesión administrativa, a Adena de los aeropuertos de Barajas y el Prat, que son los que, al parecer, resultan ser os más rentables de toda España y, entiendo aún menos, que quieran privatizar parte de la lotería nacional, cuando siempre había entendido que era uno de los negocios más boyantes de Estado; todo para conseguir 9.000 millones de euros; cuando hay tantos negocios ruinosos y empresas públicas de los que, sin duda alguna, sería mejor desprenderse. O así opino yo.

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