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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Adviento; la espera de la paz

Piedad Sánchez (Málaga)
Redacción
miércoles, 1 de diciembre de 2010, 15:42 h (CET)
La paz, es uno de los bienes que siempre ha buscado el hombre a través de la historia y que solo ha conseguido relativamente. Hay apariencias de paz, cierta tranquilidad que el hombre consigue con su esfuerzo y su tira y a floja, pero la verdadera paz, la paz de los corazones que hace que el mundo sea un lugar más habitable por el amor, comprensión y la buena voluntad hacía los que no son como nosotros, esa paz no puede producirse si Dios no habita en los corazones humanos.

Este tiempo de adviento y la Navidad son tiempos verdaderamente propios para que pidamos al Príncipe de la paz, el Mesías, el Cristo que va a nacer en una cueva, que aumente la paz en cada uno de nosotros y en nuestro mundo tan necesitado y falto de ella.

Para explicar como es la paz que Cristo trae al mundo, dice la Biblia: “habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos” al margen de tener fe o no nadie puede negar que las enseñanzas de Cristo Príncipe de la paz, son las más profundas, las que más alegran el corazón del hombre y les hace sentirse amado como nadie puede amarlo. Ese niño pequeño que nace en una cueva después se hará hombre y reconciliará a todos con Dios, muriendo en una cruz por amor. Jesús es la verdadera paz y el cristiano si lo es de verdad tiene que esforzarse por tenerlo en su corazón y transmitirlo a los demás. Por eso debíamos preguntarnos, sí en nuestra familia, entre amigos, en el trabajo o en cualquier parte, tratamos de ser hombres y mujeres de paz, cediendo cuando haga falta o no sea un tema en el que se puede ceder. La paz es un valor universal y no solo cristiano, puede decirse que hay dos tipos de paz; la que construyen los hombres por ellos mismos y la que es un don de Dios: la primera es una paz aparente muchas veces andan las armas por medio es insegura y se rompe con facilidad, la segunda puede tener fallo porque los humanos somos como somos pero haciendo un esfuerzo podemos construirla con justicia y con amor y será una paz mas duradera. Cuando el Señor vea que empezamos a fallar nos dirá como a los discípulos en medio del viento y la tormenta del mar “Calma, estad tranquilos” y la paz volverá a nosotros que la comunicaremos a todos con gran alegría.

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