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Hoy, telenovela: Los del PSOE también hablan.

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
miércoles, 1 de diciembre de 2010, 08:22 h (CET)
Ha “decido” la surrealista señá Pajín, la de Sanidad, que los “cónyugues” (masculinos, claro) “incluso-incurso-incluso-incursos” en un proceso judicial deben ser “privaos” de patria potestad por el artículo 33, y se ha “quedao” tan ancha. Los demás (masculinos, claro), nos hemos echado las manos a la cabeza ante la tan manifiesta y feroz androfobia de estas ministras y este gobierno, comenzando, como no podía ser de otro modo, por el estamento judicial, a quien les atan las manos incluso para llevárselas a la cabeza. Y es que Los del PSOE también hablan.

No sé qué haremos los articulistas cuando nos priven de estos jugosos personajes, de lo que ahora por lo que se ve se llama política, una vez sean enviados a la oposición; pero me temo que este país se va a quedar sin risas. No es que los del PSOE interpreten una telenovela de risa, sin embargo, por más que estas sobreactuadas ministras de vez en cuando nos arranquen amargas carcajadas, sino en todo caso una tragicomedia de humor negro (con perdón). Hacer, hacen las cosas fatal y, cada vez que hablan, se viene encima una debacle tal que para deshacerla ya veremos que pintan en bastos; pero hay que comprender que su vocación como actrices u actores las impiden callar y son empujadas por sus instintos más elementales a manifestar su misandria allá donde tienen ocasión.

Lo de ser sostenes (que no sujetadores) de los de la ceja, con este tipo de sobreactuaciones de acontecimientos galácticos y medidas cósmicas no puede ser más coherente. En común tienen estas políticas con los actores profesionales, que interpretan siempre (exageradamente, eso sí), que nada hay de verdad en su discursos (un papel, es un papel, qué caramba), que encarnan a personajes tan plásticos como falsos en la realidad y que el guión sobre el que sobreactúan es tan pésimo como los que habitualmente caracterizan a las teleseries y las telenovelas españolas. No tenemos, pues, un gobierno o unas ministras, sino un elenco de actores que interpretan una telenovela... dramática para la ciudadanía, y ahí están los resultados: convierten cada mitin en una especie de espectáculo donde despliegan, como la cola de una pavo real, sus dotes interpretativas, gozan en ellos de una platea de incondicionales que matan su tedio aplaudiendo sus ocurrencias improvisadas (el teatro es mucho más caro y no están los tiempos para tirar la pasta), y hasta tienen varios bis a petición del público. La trama -sin guión- la van desarrollando según se levantan o salen a escena, o según ven cómo les cae al público asistente esta o esa gracia, viéndose obligados a aprovechar el filón y a machacar sobre hierro caliente, a ver si arrancan dos o tres votos que les permitan, eventualmente, seguir agarrados de la teta patria. Un cachondeo, en fin, donde juntan eventos cósmicos con graciosos mohines, donde impostan voces en plan Churchill o Indira Gandhi, o nada más que las ensayan en plan escuela de actores, erigiéndose por breves instantes, sin espanto hacia el ridículo, en histriones de un proceder deslavazado por la incoherencia y derivando el dramón de mucha seriedad en una suerte de entremés o comedieta liviana de mucha risa (triste).

Aplausos, aplausos, aplausos. Los de las tribunas se frotan las manos porque comprueban, no sin sorpresa, que todavía hay ingenuos que están dispuestos a votarles a pesar de las tozudas evidencias; los de la platea, numerarios del partido, aplauden también como locos, en la falaz creencia de que a poco que aguanten tienen garantizado un puestito en la Administración o en la política desde donde mamar de la ubre patria antes de que la sequen los que ya está, y desde donde colocar a éste, aquél o al de más allá; y los del gallinero, se divierten como orates con el espectáculo gratuito. Y es que Los del PSOE también hablan.

Por unos momentos, estos surrealistas y sobreactuados actores-actrices crean una atmósfera ajena y enajenada por completo de la real, ubicándose y ubicando al público en un éter de una dimensión paralela (para lela… y lelo, claro). Y en ese orden de fantasía, acicateados por un auditorio entregado en cuerpo y alma a sus despropósitos, sacan de sí lo más granado de su oratoria virgiliana, lo baten bien con sus ideas progre-pijas improvisadas, lo dan un rebozadito en histrionismo teatrero y entregan a sus incondicionales sus dislates como si tal cosa, con un “¡Arsa, pilili!” en su fingido mutis cosechador de ovaciones, y siendo premiados por los asistentes con unos enfervorecidos “otra, otra, otra”, que les harán volver al escenario y gratificar a sus devotos con un par más de desvaríos, éstos aún más apoteósicos, si es que caben en el recinto. Y es que Los del PSOE también hablan.

Es más que probable que sean sus actos, y no sus palabras tan cósmicamente desquiciadas, las que sumerjan al partido en la disolución –si es que queda alguna sensatez entre sus electores, claro-, un poco a imagen de aquella UCD que pasó de 184 diputados a ser un partido de extrarradios; pero siempre les quedarán las televisiones y las radios, donde podrán poner en escena sus telenovelas, porque Los del PSOE también hablan. Imagínense si no lo harán, que alguien le engañó a Montilla haciéndole creer que es un líder, que alguien le dijo a Zapatero que él ES la solución a todos los problemas de España, y que Leire-Pajín, Bibiana Aído y alguna otra se consideran ministras porque lo ha “decido” el pueblo. Como para troncharse de risa, ya digo, aunque entre dolientes lágrimas. Y es que es lo que pasa cuando por gobernantes se elige a actores… malos que no saben sino sobreactuar e improvisar. Hoy, pena, telenovela: Los del PSOE también hablan. Los que lloran no son sólo los ricos, sino todos los demás. ¡Arsa, pilili!

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