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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Madres enfermas

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 1 de diciembre de 2010, 08:00 h (CET)
El titulo del artículo escrito por Dulcie Pearce, publicado en THE SUN el 15-06-2010, dice: “Madre enferma: es como los niños jugando en l’estructura metálica de un parque infantil”, a la vez es la declaración de Sarah Burge, la madre de Poppy, aparentemente inocua pero vista en el contexto en que lo hace contiene mucha perversidad. Sarah Burge, de 50 años, regenta un sex club en donde las bailarinas danzan con las barras, enseña a su hija Poppy de siete años a bailar con la barra. Considera que esta actividad no se distingue en nada del jugar los niños en los parques infantiles con las estructuras metálicas. Los expertos en cuestiones familiares y defensores de los derechos de los niños consideran que la madre está sexualizando a su hija demasiado pronto.

La madre cree que educa correctamente a su hija enseñándole a bailar con la barra, y dice. “mantiene sana y feliz a Poppy y si en el futuro quiere ser una auténtica ‘pole dance’, ¿quién soy yo para impedírselo? Es una gran experiencia jugar juntos con la barra. Pasamos horas ensayando posturas y bailando escuchando nuestra música preferida”. Con esta instrucción que imparte a su hija no nos deberá extrañar que Poppy quiera ser como la estrella del pop Miley Cirus que también utiliza la barra en sus actuaciones.

Sarah dice que “es bueno que una niña sueñe”, pero hay sueños que destruyen. Es bueno que una madre quiera que su hija esté sana y feliz y que tenga ambiciones, pero una niña de siete años debería ser activa y feliz jugando a saltar la cuerda y corriendo con sus amigos e inculcándole otras ideas que estimulen su ambición. No hay que olvidar que hay ambiciones que matan. Sarah confunde la gimnasia con la magnesia cuando dice: “La gente ve la barra como un objeto sexual. ¿Quiere esto decir que los niños no deben deslizarse por las barras de las estructuras metálicas de los parques infantiles?” Comparar las barras es tener una inteligencia de mosquito.

La madre de Poppy afirma que está entrenando a su hija para el día que heredará el club que regenta. Debe empezar pronto el entrenamiento de su hija porque así “ella sabrá lo que se debe buscar en las bailarinas y ser una gerente exitosa del club” ¿No despiertan los bailes eróticos los instintos sexuales entre el público masculino? ¿Es así como Sarah despierta en su hija una ambición sana que la lleve a adquirir una personalidad que la dignifique?

Sarah tiene otra hija de 15 años, Hanna, preocupada por sus arrugas. ¿Es posible que una niña de esta edad esté preocupada por los surcos faciales? Si no se insiste en el tema una adolescente de 15 años no sentirá ninguna preocupación por las futuras arrugas faciales y mucho menos pensar en un tratamiento de bótox como el que se ha hecho. Dulcie Pearce da en el blanco cuando en el título de su escrito considera a Sarah un “madre enferma”. Ella que se ha gastado 500.000 libras esterlinas en cirugía estética, da soporte a Poppy al decir que cuando sea mayor también pasará por el quirófano para operarse los pechos. Tony, el padre de Poppy se pone al lado de la madre al decir: “Forman un gran equipo. No tiene nada de malo utilizar la barra para conservar la línea”.

Claude Knights, director de Kidscape, dijo al respecto de la educación que Sarah y Tony imparten a sus hijas: “Es preocupante porque bailar con la barra va asociado a actividades sexuales y tiene connotaciones que van más allá de lo que una niña de siete años puede entender. Si la madre dijese ‘hagamos gimnasia’ sería diferente”. Por su parte Siobhan Freegard de Netmums, considera “sorprendentes” las lecciones que Poppy recibe de su madre: “Bailar con la barra va relacionado con el striptease. A las niñas les gusta que su madre se involucre en una actividad con ellas, así que la hija será muy influenciada” y le gustará el oficio de su madre. El libro de Proverbios dice. “Instruye el niño en su camino, y aún cuando sea viejo no se apartará de él” (22:6). La enseñanza que se imparte durante la infancia difícilmente se olvida. He aquí la importancia que tiene para los movimientos sectarios y políticos de cualquier extremo adoctrinar a los niños: es una mano de obra barata dispuesta a obedecer sin decir ni pío.

Fijémonos en la televisión y otros audiovisuales y nos daremos cuenta de que se utiliza a la mujer como reclamo publicitario de manera bochornosa. De una manera inconsciente se adoctrina a los niñas a agradar a los hombres eróticamente y, a los hombres les encanta ver a las mujeres sometidas bajo sus pies. Enseñar a las hijas que son un entretenimiento para los hombres es darles una instrucción destructiva que desemboca en muchos perjuicios pues, pierden el control de su sexualidad y luego pasa lo que pasa. Ya no valen los lamentos. Se recoge lo que se siembra. No se puede evitar la influencia ambiental pero sí se puede enseñar a nuestros hijos el respeto hacia las mujeres y que no las vean como presas a cazar y a las hijas que su propósito no ha de ser básicamente agradar eróticamente a los hombres, sino por su personalidad equilibrada: “porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas” (Proverbios 31:10).

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