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Etiquetas:   A cara descubierta   -   Sección:   Opinión

Cuestin de sinergia

Diego Taboada
Redacción
viernes, 14 de enero de 2005, 23:21 h (CET)
No hay soci logo o politlogo que pueda entender el comportamiento pol tico en las Espaas. Espa a es ese pas en el que todo el mundo dice ser dem crata, pero en el que no importa echarse una canita al aire de vez en cuando. Ibarretxe insiste en llamar al plan de la mitad de los Vascos ms uno... "el plan de los Vascos". Ibarretxe, que en su tiempo, replicando al bloque popular, se quejaba del anquilosaqmiento de una democracia, cuando sta se converta en una "dictadura de la mayor a", impone, poco tiempo ms tarde, su propia "dictadura de la mayor a", marginando a un importante sector del Pas Vasco que no apoyan su propuesta. Estas formas de proceder y estas contradicciones, ilustran -una vez m s- que lo que rige el ejercicio de la poltica no son los principios democr ticos : de la misma forma que, desde Madrid, la aznaridad aplicaba la "filosofa del rodillo" para sacar adelante todos sus proyectos de lei, Ibarretxe se ha buscado amigos de conveniencia para sacar su propio proyecto adelante.

Pero lo realmente preocupante, es la reacci n poltica de algunos partidos; en este pa s no encontramos nunca un trmino medio entre la propaganda emotiva y el pasotismo m s absoluto : declaraciones como las de Rajoy, intentando buscar afinidades ideolgicas entre PNV y EH, y cayendo siempre en el error de simplificar las cosas, para d rselas bien comiditas -pero mal pensadas- a los ciudadanos, son dignas de una vulgaridad intelectual que llevamos sufriendo ya muchos aos en la derecha espa ola; su discurso sigue recurriendo a la estrategia que ms le ha funcionado : la apelaci n a la emocin, el discurso del miedo, la incorregible insistencia por interiorizar en la ciudadan a que, si algo cambia, la "crisis" (?) sera inevitable. Este discurso, en el cual "lo emocional" cobra m s importancia que el anlisis racional; cal , cala y seguir calando en una sociedad cada vez m s apoltica. El discurso que busca la sugesti n, sacrificando la reflexin, busca la identificaci n ciega del ciudadano con un discurso concreto, pero nunca un efecto de reflexin, de distanciamiento : el esp ritu autoritario no ha desaparecido de nuestra cmara de representaci n.

En la intencin del partido popular de recurrir al tribunal constitucional antes de haber llegado el plan a las cortes de Madrid, subyace el nulo inter s que tiene este partido por hacer un poco de "pedagoga pol tica" entre los ciudadanos, su eterna recurrencia al soliloquio moral como arma meditica y su pueril filosof a de la exageracin.Toda la tensi n poltica y social, toda la desmesurada trascendencia que se le est dando al asunto Ibarretxe, no es sino fruto de la artilleria meditica del que disponen los grandes agentes econ micos de este pas, que est n convirtiendo -si no lo han hecho ya- a la poltica en puro y duro sensacionalismo. Puedo entender que, a veces, la vida cotidiana sea un poco aburrida, y que de vez en cuando el pueblo necesite una especie de "opio intelectual" para poder tener razones por las cuales cabrearse. Bien, camaradas, ya nos han servido el "opio" de principios de a o : el plan Ibarretxe.

La cosa es ms sencilla; opiniones son opiniones, pero el derecho... es el derecho : el plan Ibarretxe no cabe en la constituci n, puesto que su aceptacin supondr a una reformulacin del concepto de estado y de otros tantos art culos. Que no quepa en la constitucin no significa que "nunca pudiese caber", cabr a si, evidentemente, hubiese voluntad poltica y consentimiento por parte de los partidos que operan en la c mara de representantes de Madrid. Voluntad que, con la actual disposicin de fuerzas pol ticas, no existir. As pues, tenemos que tener en cuenta dos cosas : la primera, que esta democracia dista mucho de ser perfecta, por desgracia permite que -tanto desde la "periferia" como desde el "centro"- se pueda aplicar la "filosofa del rodillo"... y sacar proyectos de ley en los que la mitad de los Vascos, representados en sus respectivos partidos, quedan marginados. No slo eso, en la resoluci n pro-blica aprobada por los populares en el 2003, se ignor , tanto a la mitad de los Espaoles representados en sus respectivos partidos, como a los mismos votantes que expresar n su rechazo en las calles : doble despotismo, el practicado en la cmara de representaci n, y el practicado con la ciudadana, entre la cual estaba aquella que le hab a confado a su voto.

La segunda conclusi n es la siguiente : se puede utilizar la constitucin como un "totem conservadurista", de hecho as lo han venido haciendo los militantes de la aznaridad, llegando incluso a distorsionar enormemente el concepto Habermasiano de "patriotismo constitucional". Pero la constitucin tambi n puede ser un punto de encuentro entre partidos divergentes : !incluso en su concepcin de cual deber a ser la estructura del estado!, !o cual es su concepto de nacin!. La constituci n puede ser reformada, los nacionalismos perifricos la estigmatizan porque impide la consumaci n de sus fines polticos, pero no quieren darse cuenta, de que el problema no esta en la constituci n misma, sino en el miedo de ciertos actores polticos a atraverse con reformas constitucionales. De seguir as , en este tira y afloja, no quedar m s remedio que entrar en sinergia, tanto por parte de las "polticas de identidad" de los nacionalismos perif ricos, como por parte de la "poltica constitucional" del t ndem PP-PSOE, pero esa sinergia, ese dilogo, esa s ntesis, en definitiva : esa bsqueda de soluciones, s lo puede ser posible desde la constitucin misma, sin los desmadres anti-democr ticos de Ibarretxe (en esencia, del mismo tipo que se han practicado en el "centro", no nos engaemos) y sin el conservadurismo constitucional de las fuerzas mayoritarias.

Que conste que el que aqu escribe, no es sino ferviente republicano, y tampoco siente simpatas por el pacto constituyente de la transici n, y mucho menos, del "pacto de olvido" que sta trajo incorporado; las "pol ticas de identidad" tienen mucho de romanticismo, de discurso concentrado esclusivamente en el sentimiento; por contra, las "polticas constitucionales"... el republicanismo, que no el nacionalismo, es un intento de respetar y conservar la diversidad cultural, dentro de un profund simo respeto por los derechos individuales plasmados en una constitucin que, !ojo!, no tiene porque funcionar, nunca, como UN arma arrojadiza a la diversidad. La tensi n dialctica entre pol ticas de identidad y polticas constitucionales, es la misma tensi n que existe entre el sentimiento y la razn, cual de las dos facetas es la que deber a imperar en el ejercicio de la poltica?. Creo que, en esta pen nsula, hay dos culturas polticas... e incluso me atrever a a hablar de una tercera : la del sentimiento, la del uso de la razn... y la del consumo. Nuestro reto, el reto de los que queremos un pa s mejor, debera ser el siguiente : impedir que el concepto de "ciudadano", se utilize como arma arrojadiza contra la diversidad, e impedir que las "pol ticas de identidad" sirvan de lanza contra el concepto de "ciudadano.

Porqu no?. Es cuesti n de sinergia.
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