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La culpa es de la América de Obama
E.J. Dionne
WASHINGTON - ¿Sabremos gobernarnos durante los dos próximos años? ¿Tienen los Republicanos algún interés en los logros que puedan beneficiar hasta indirectamente al Presidente Obama?
Estas dudas penden sobre el encuentro de esta semana entre el presidente y los líderes legislativos, un encuentro que podría marcar la tónica de los dos próximos años.
Los motivos para el optimismo son contados. La faceta más llamativa del comportamiento Republicano desde el triunfo electoral de su formación es el arrogante postulado de que los votantes rechazaron taxativamente todo lo que representa Obama y que él tiene el deber de capitular ahora mismo en todos los frentes. Cualquiera que no vea las cosas de esta forma simplemente "no lo pilla".
Tan seguros están los rivales del Presidente de que ellos y solamente ellos representan la voluntad del pueblo que se sienten facultados para minar la posición de Obama hasta en las cuestiones relacionadas con la seguridad de nuestro país.
Considere la iniciativa del Senador Jon Kyl, R-Ariz., de impedir la ratificación del tratado de reducción de armamento estratégico durante el período de sesiones de la legislatura saliente. Al hacerlo, está jugando a la ruleta rusa con los intereses de nuestra nación.
El tratado New START no debería ser motivo de polémica. Tiene el apoyo de conservadores de opiniones tan diversas como Robert Kagan, neo-conservador intervencionista, o Pat Buchanan, paleo-conservador aislacionista, por no hablar de lumbreras de la institución Republicana como James A. Baker III, Henry Kissinger o el Senador Richard Lugar.
Si este tratado no se ratifica, el único ganador será Vladimir Putin. ¿En serio está dispuesto Kyl a arriesgarse a dar ventaja sobre nosotros a Putin y a las fuerzas anti-americanas de Rusia?
No tiene que fiarse de mí. Como escribe Kagan en una columna en el Washington Post, la derrota del tratado "fortalecerá a Vladimir Putin", que se valdrá de su defunción "para agitar más el nacionalismo anti-occidental, debilitando aún más a un ya débil (Presidente Dmitri) Medvedev y a cualquiera que defienda un enfoque más pro-occidental". No tengo por costumbre convenir con Buchanan, pero tiene razón al decir: "Tumbar el tratado desarmaría moralmente a aquellos rusos que consideran que su futuro está junto a Occidente".
Y el Financial Times, que no tiene nada de prensa de izquierdas, destacaba que los argumentos centrales de Kyl son "tan endebles como para poner en tela de juicio la buena fe de Kyl. No necesitamos más tiempo para considerarlo; el tratado ha sido objeto de debate desde hace meses. Y la administración Obama ha hecho un montón de concesiones a Kyl para modernizar nuestro programa nuclear. ¿Qué justifica este veto legislativo, además del signo político de nuestro actual presidente?
Luego está el levantamiento contra los controles invasivos de la seguridad en los aeropuertos de nuestro país, una polémica apoyada tan evidentemente en las diatribas en lugar de la razón que el grito de guerra central de los críticos viene siendo: "No me toques los huevos".
No hay nada malo en un debate sensato de las mejores formas de prevenir otro atentado terrorista y cómo armonizar libertad y seguridad exactamente. Pero hay mucho de malo en el doble rasero que (1) culpa a Obama de vulnerar los derechos del pasaje, y (2) culparía a Obama de no adoptar medidas suficientes para protegernos de tener lugar otro atentado. Compare la respuesta de los conservadores a esta polémica con su indignación contra cualquiera que sembrara dudas de las políticas antiterroristas del ex Presidente George W. Bush.
Al considerar la actual postura del Partido Republicano, me acordé del famoso discurso que pronunció la difunta Jeane Kirkpatrick ante la Convención Nacional Republicana en 1984 en el que condenaba a "los Demócratas de San Francisco", bautizándolos en honor al municipio tolerante y muy de izquierdas en el que acababan de celebrar su convención. La cantinela de Kirkpatrick sobre la oposición, que despertó la escandalosa aprobación de la audiencia, rezaba así: "Ellos siempre encuentran la forma de culpar a América".
Temo que estemos a punto de entrar en un periodo de dos años en el que los Republicanos de Washington encuentren siempre la forma de culpar a la América de Obama -- ya sabe, la América que no es la América "real", la América que casualmente discrepa de gran parte del programa conservador, la América de la que ellos quieren "recuperar" el país, como si el resto de nosotros representáramos una fuerza extraña. Si Obama y su América están a favor de algo, incluso si ese algo revierte en interés de la nación, será rechazado de plano.
En su discurso, Kirkpatrick destacaba también: "El pueblo estadounidense sabe que es peligroso culparnos de terribles problemas que nosotros no causamos". Sí, y también es peligroso culpar a un caballero y a una administración de problemas terribles que no causaron ellos.
¿Y qué va a hacer Obama al respecto de todo esto? Ronald Reagan, el héroe de Kirkpatrick, encontró una forma de permanecer firme, defenderse y ganar. Pronto sabremos si nuestro presidente actual la encuentra.
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