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¿Guerras de acción de gracias? Diga no
E.J. Dionne
WASHINGTON - Feliz Acción de Gracias. Eso no es una opinión política. Pero este año todo parece partidista y hasta la más unificadora de las fiestas nacionales se convierte en excusa del enfrentamiento ideológico.
La idea ya popular entre los círculos conservadores es que todas las interpretaciones anteriores de Acción de Gracias están manchadas por malignas formas de multiculturalismo - ¿en serio necesitaron la ayuda de los indios aquellos colonos blancos para llegar a puerto? - o bien por peligrosas inclinaciones al socialismo.
Algunos de nuestros amigos entre la derecha ascendente insisten en que es una gran mentira utilizar Acción de Gracias para celebrar que los Peregrinos se reunieran y, con la ayuda de Dios, prosperaran a través del apoyo comunitario y de un poco de ayuda de sus nuevos vecinos. Ellos se tragan la parte del Todopoderoso, pero insisten en que esta fiesta tiene que ver sobre todo con las virtudes del capitalismo estadounidense y de la forma en que la libre empresa salvó a esta gente en Plymouth.
El historiador Rush Limbaugh lleva desde 1993 imponiendo este punto de vista, cuando publicó el relato definitivo en su obra "Ve, se lo dije". Un año tras otro, se ha valido de su programa de debate para enseñarnos que los colonos sufrían porque al principio, sus terrenos y sus casas "pertenecían a la comunidad". Como exclamó Limbaugh en un programa de 2007, "¡Eran colectivistas!"
El gobernador de la colonia, William Bradford, vio que este disparate destructor estaba fracasando, nos enseña Limbaugh, adoptó "medidas audaces" y "asignó una parcela de tierra a cada familia para que la trabajara y explotara, desatando así el poder del mercado". La moraleja de la historia: "Mucho antes de que Karl Marx hubiera nacido, los Peregrinos habían descubierto y experimentado lo que sólo se puede describir como socialismo. ¿Y qué pasó? ¡Que no funcionó!"
Es un hecho a estas alturas que los medios de referencia y los columnistas de izquierdas han ignorado casi por completo esta reinterpretación radical de la historia norteamericana -- o quizá la estábamos encubriendo, temerosos de que la cegadora visión de Limbaugh proliferara y frustrara nuestros deseos colectivistas.
Pero el ascenso del movimiento fiscal ha obligado a todo el mundo a prestar atención a estas nociones disidentes, y por eso Kate Zernike recogía amablemente en el New York Times la crónica intelectual de Acción de Gracias de la Escuela Limbaugh y los relatos de derechas muy anteriores en los que se apoya. También señalaba que el relato real de los Peregrinos era, bueno, un poco más complejo de lo que les gustaría a Limbaugh y sus ancestros filosóficos. Esto le conducía a él a olerse en su programa del martes que la idea de Zernike es "oye, el socialismo no fue malo para los Peregrinos". No es lo que dice ella, pero no importa.
A estas alturas quiero ser honesto: Teniendo en cuenta la forma en que me gano la vida y mis propias tendencias, también soy perfectamente capaz de politizar cualquier género de cuestión. También es cierto que las fiestas nacionales invitan casi necesariamente a este tipo de debates. Celebramos, después de todo, algo, y no debería de sorprendernos que nos enredemos en lo que sea exactamente ese algo. Además, habiendo crecido en una familia numerosa políticamente diversa, tengo recuerdos de cenas de Acción de Gracias plataforma de muchos estridentes debates. ¿Por qué no discutir de la propia fiesta?
Pero dejando a un lado lo peligroso de permitir que la ideología distorsione los hechos de nuestro presente y nuestro pasado, parece que hemos perdido nuestro sentido del equilibrio como país. Esta discusión sobre la fiesta me parece un síntoma de nuestro fracaso a la hora de reconocer que la historia norteamericana no es ni una cosa ni la contraria.
Es, en cambio, el relato de una tensión saludable y permanente entre nuestro amor al individualismo y nuestro respeto a la comunidad. El capitalismo es parte de nuestra historia, pero también lo es la solidaridad y la idea de que ninguno "afronta la vida en solitario" realmente. Nuestros derechos están codificados en una red de vínculos y obligaciones sociales que nos enriquecen. Tenemos la responsabilidad de cuidar de nosotros mismos y de nuestras familias, pero también de cuidar los unos de los otros. Y esperamos que si nos metemos en problemas, alguien, tal vez hasta la comunidad entera, nos ayude a salir.
Sentimientos tan hogareños, un poco editados, podrían coserse a los tapetes de la ocasión. Estos no son los valores de un individualismo radical y furibundo, sino de un individualismo templado más fiel a la fe de los Peregrinos y a nuestra experiencia como nación. Reconoceré en los historiadores del movimiento fiscal las virtudes de aquellos granjeros laboriosos si ellos me reconocen que estos primeros estadounidenses creían apasionadamente en un bien común y en la promesa de la asistencia mutua. Entonces nos podremos sentar juntos, disfrutar de nuestro pavo o de las sobras, y discutir de todo lo demás.
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