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Vínculos agravantes del asma bronquial
Rafael Pérez Ortolá
Las enfermedades crónicas, de manera especial cuando afectan a los niños, ponen a prueba la continuidad de los cuidados requeridos; representan una inquietante actualidad para los afectados y familiares. Uno de los sectores con mayor número de afectados es el de los ASMÁTICOS. Según los trabajos que se publican, aumenta el número de casos y sobre todo en edades infantiles; cifras chocantes cuando han mejorado notablemente los tratamientos disponibles. ¿A qué se deberá ese doble matiz, de incremento y en los niños? ¿Tendrá relación con el tipo de alimentación? ¿Será sólo cuestión de la mayor precisión en el diagnóstico? ¿El medio ambiente ejercerá su protagonismo? Se suceden las preguntas, que interesan a mucha gente y son el origen de notables investigaciones. ¿Por dónde van dichas tendencias?
Surgen muchos detalles y circunstancias cambiantes e imprecisos; en ocasiones serán ambientales y siempre habrá que contar con las características propias de cada afectado. En Arch. de Bronconeumología, la pediatra Carme Puig y sus colaboradores publican un minucioso trabajo que nos ilustra sobre aspectos relevantes del padecimiento. ¿Cómo se presentan los rasgos asmáticos en los niños? ¿Sobre cuáles de esos factores se podrá influir positivamente? Se han centrado en la observación de 487 niños, seguidos desde su nacimiento hasta los 6 años. ¿Cuántos asmáticos encontraron? Tropezaron con la primera dificultad, la fijación del DIAGNÓSTICO. La respiración sibilante, los pitidos en el pecho, serán el síntoma definitorio para un seguimiento de este tipo.
Según sus apreciaciones detectaron un 9 % de NIÑOS AFECTADOS durante ese período, cifras comparables a las de otros trabajos publicados. No cabe ninguna duda de su importancia, aunque sólo fuera por la cantidad y sus posibles repercusiones de cara al futuro. ¿Cómo evolucionarán esos niños con los años? El sufrimiento personal y la tarea asistencial dependerán de esa trayectoria. Por lo tanto, la atención prestada a estos diagnósticos precoces, permitirá unos cuidados más apropiados. No todos los casos comienzan a la vez, unos presentan signos claros desde el primer año de vida y otros en los años sucesivos. En el estudio se registraron aquellos datos con posible influencia perjudicial sobre la intensidad o duración de los trastornos; con especial énfasis en las infecciones, alergias y alimentación. No se trata de una valoración sencilla, exige precisión y tenacidad en los trabajos.
Entre los diversos factores analizados, por su frecuencia en la presentación y por sus peores repercusiones, son las INFECCIONES de las vías bajas respiratorias una complicación preocupante. Comprenden las traqueítis, traquobronquitis, bronquiolitis o neumonías; víricas en muchas ocasiones, o de otras causas, no siempre fáciles de determinar. Durante el primer año alcanzan porcentajes del 30 % y representan la mayor influencia ligada a los empeoramientos asmáticos de los años siguientes. De ello se deduce su significación y la de aquellas medidas que pudieran prevenirlos o tratarlos, como las vacunas o la atención especializada precoz. Sus secuelas se proyectan en el tiempo, en los adultos con dichos antecedentes. Los datos epidemiológicos comprueban la relación de dichas infecciones con la posterior aparición del asma.
También se incrementa la aparición de espasmos bronquiales, con sus sibilancias, en aquellos niños que fueron tratados con ANTIBIÓTICOS en los dos primeros años de vida. A primera vista, se puede atribuir la reacción a las infecciones padecidas, pero además se detectan cambios en la flora intestinal y se seleccionan las bacterias, con lo que se amplian los efectos más allá de la simple infección. Algo parecido resulta de la inclusión del tabaco en el estudio, su influencia es desfavorable para el asma, pero con datos específicos de menor significación. El efecto directo de las infecciones es muy claro. En el mencionado trabajo no se ha incluido la polución ambiental, pero se le intuye también una participación desfavorable. Podemos citarlos como factores asociados o colaboradores, que no alcanzan el rango de un causante principal.
En torno a la proximidad materna durante los meses iniciales, se fraguan 3 situaciones relacionadas con una peor evolución del proceso asmático; con una significación epidemiológica notable. Los recién nacidos PREMATUROS tienden a una mayor espasticidad bronquial y reagudizaciones, sea por un peor desarrollo embrionario de los bronquios y pulmones, o bien por otros mecanismos; pero existe la correlación contraproducente. Curiosamente, la presencia de sustancias alergénicas en el ambiente (pelos de gato) o los niveles de anticuerpos contra ácaros en el niño, no presentan repercusiones notables; hubiéramos pensado quizá lo contrario. En cambio, si resulta muy significativo el hecho de que la MADRE sea ALÉRGICA, ese si es un factor asociado. La 3ª circunstancia se refiere a la técnica de alimentación utilizada, la LACTANCIA ARTIFICIAL también se sigue de un incremento de las reacciones asmáticas en esos niños. Practicamente no ocurre con la lactancia natural de 4 a 6 meses. Aunque, ¡Ojo! Se reducen sus beneficios si se prolonga hasta los 10 meses, tienden a desaparecer las ventajas. Como se aprecia, tres situaciones concretas de gran influencia para la evolución posterior. ¿Hasta que punto? La complejidad del proceso dificulta las respuestas.
Metidos en estas consideraciones sobre el asma bronquial, me parecen muy oportunas las reflexiones del prestigioso neumólogo Miguel Perpiñá, centradas en la enorme complejidad del proceso. De tantas valoraciones parciales, datos, situaciones, medios y tratamientos; se resiente el funcionamiento como conjunto, de una persona o de un proceso patológico. En el asma se suman “imapactos inflamatorios múltiples”, dinámicas diferentes frente a estímulos idénticos, y al fin, se conforma un SISTEMA RETICULAR complejo, con muchos hilos y nudos, que originan contactos e influencias, estimulantes o adaptativas. Ni son idénticas las magnitudes de los estímulos ni las condiciones receptivas de cada pulmón o paciente. Todo un mundo de redes, conexiones y variables.
Como ejemplo, el deterioro pulmonar se aceleraría en los asmáticos que además sean portadores del virus C. También se citan efectos desfavorables si se asocian a una infección de otro tipo (Gastritis por Helicobacter pylori, Mycoplasmas, Clamidias), o bien procesos inflamatorios intestinales o tiroiditis con trastornos autoinmunes. Por eso concuerdan en su denominación de “inmunidad contigua”. Entre esos mecanismos y los factores comentados, los enfoques modernos abren muchas puertas a futuras mejoras en el diagnóstico y en los tratamientos; en cada uno de esos nudos conectados entre sí, serán posibles procedimientos de intervención.
No corren tiempos propicios para las respuestas simplistas con su contundencia falseada, la credulidad con poco fundamento resulta una amenaza cuando se enfrenta a estas enfermedades. Las investigaciones amplían los conocimientos, y con ellos la complejidad de los sistemas. Se requiere el mejor acercamiento al paciente de las técnicas especializadas y contrastadas. En resumen, avances en la complejidad.
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