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Tags: Opinión · Artículo de opinión · Ángel Ruiz Cediel
Invertidos


Ángel Ruiz Cediel


Ángel Ruiz Cediel Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 26 de noviembre de 2010, 09:29
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Que vivimos tiempos de inversión es algo que nadie puede poner en duda, así en los valores morales individuales como en la propia realidad en que nos sumergimos. Según la Biblia Kolbrin, y según la propia Ciencia, cíclicamente el planeta invierte sus polos, ya sea cada algo más de 3600 años a causa del paso por nuestro entorno del décimo planeta, como sugieren algunos, o ya como consecuencia de un ciclo natural de la mecánica celeste, como otros apuntan. El núcleo de la Tierra, en tales casos, gira sobre sí mismo y no sólo se verifica una catástrofe mayor o menor para la especie humana en la superficie del mismo, sino que este fenómeno se desarrolla en un espacio de tiempo más o menos largo en que se va alterando el electromagnetismo terrestre y, en consecuencia, afectando severamente al electromagnetismo humano. Por poner un ejemplo, de los 4 Gauss habituales o normales de campo electromagnético terrestre (las células, después de todo, funcionan como aparatos eléctricos), actualmente estamos por debajo por de los 1,5 Gauss, a la vez de los 7,83 Hz de Resonancia Schumann (vibración del planeta) habituales o normales en que se desenvuelve un organismo humano, actualmente estamos en 11,5 Hz y es posible que en breve alcancemos los 14 Hz, con todas las alteraciones de funcionamiento biológico y conductual que ello supone para las personas. En ensayos realizados sobre cómo afecta a la conducta humana el campo electromagnético, los resultados cuando disminuye el campo no pueden ser más desastrosos: primero, la depresión, y luego, la agresividad y la locura. Tomen nota.

No es esta inversión de polaridad lo único que produce alteraciones del campo electromagnético terrestre y de la Resonancia Schumann, sin embargo, porque también éstas son afectadas por el sol, sin ir más lejos, u otros cuerpos celestes. A los aficionados a la astronomía, por ejemplo, no les resultarán extrañas las gráficas que continuamente nos envían sondas como la Stereo Behind y la Stereo Ahead, mostrándonos visualmente que los campos electromagnéticos de la Tierra frecuentemente se conducen como políticos, enredándose los flujos de tal forma que a veces da la impresión de uno está viendo la factura de luz.

El cuerpo humano y cada una de sus células tiene un funcionamiento eléctrico, y, como es lógico, se afecta notablemente por todas estas fluctuaciones tan severas. Si la luna produce lunáticos (influjo sobre los líquidos), las fluctuaciones electromagnéticas afectan a la forma en que viven, se comunican y multiplican nuestras células, produciendo efectos alterados tanto en nuestra salud como en nuestra manera de entender y procesar la información que recibimos, que a la postre no es sino la base de nuestra conducta.

En nuestra sociedad, hoy, se dan más inversiones que otros tiempos, no teniendo claro ni como individuos ni como sociedad qué hacemos, adónde nos dirigimos o siquiera sea qué pretendemos. Nunca en toda la Historia de los últimos milenios hubo tantos sabios, pero nunca, tampoco, tanta desorientación. Somos, después de todo, la consecuencia de algo que está sucediendo en nuestro planeta y que, o no sabemos entender, o no sabemos contrarrestar. Nos afecta, y nos conducimos como locos: esta es la evidencia. Lo irracional, hoy, es casi ya lo racional por cuanto es el proceder de una mayoría –siempre hay elementos más resistentes que otros-, cual si se hubieran invertido las escalas de valores: lo que ayer era bueno, hoy no lo es, y viceversa. El Mal, en consecuencia, está tomando la iniciativa y poniéndose en la cumbre, a la vez que somete al Bien, en una suerte de inversión de polos de los valores, a imagen de la otra inversión planetaria.

Podríamos ejemplarizar esto con los muchos casos en que la moralidad de la sociedad ha dado la vuelta, travistiéndose; pero sería demasiado tedioso, además que a buen seguro el lector tiene una docena o dos de evidencias de esto mismo en su propio acervo. Sintetizando, podríamos aseverar que el Mal avanza imparable, quién sabe si porque la inversión electromagnética está afectando en la misma medida a la conducta de los hombres, o quién sabe si porque el Bien y el Mal, al final, van a tener también un funcionamiento eléctrico. Lo incontestable es que la sociedad degenera respecto de los valores de ayer, que se denigra y persigue a lo que antes era encomiable y que los peores elementos de la sociedad se están haciendo con ella, ante la pasividad o con la comprensión de gentes que, como nunca antes en toda la Historia, están bien formados y capacitados.

Una locura social en toda regla que nos afecta a todos: ¿o acaso no lo es el que concedamos derechos a los malos que negamos a los buenos?..., ¿o tal vez no lo es que protejamos la vida de los criminales y que condenemos a muerte a nuestra propia descendencia?..., ¿o alguien piensa que no lo es que se encumbre al incapaz y se margine al preparado?...,o, en fin, ¿quizás cree alguien que es lógico que se acepte la riqueza del que tiene sin considerar siquiera cómo obtuvo su fortuna?... Individualmente, la conducta de las personas se está volviendo errática, si es que no desquiciada, y como sociedades basta con ver qué dirigentes tiene la sociedad, con leer un diario cualquiera o con reparar en qué se legisla.

Tiempo de inversión e invertidos, en fin.

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