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Abrazafarolas de oro
Daniel Sanabria
Miro los favoritos al balón de oro en las casas de apuestas europeas y copan el podio Messi, Sneijder y Robben, un argentino y dos holandeses. Sorprende que ningún español campeón del mundo figure entre los máximos aspirantes a este galardón cuya reputación está fuera de toda duda: nadie cree en él. Debido a circunstancias que desconozco por mi juventud, el balón de oro goza a día de hoy de una relevancia incomprensible, no porque el trofeo no sea bonito, que lo es y mucho, sino por los encargados de adjudicarlo: un racimo de periodistas franceses cuyos nombres todos desconocemos.
Esta temporada, a ese ilustre grupo de France Football se le ha unido la FIFA para unificar dos premios en uno, de tal forma que en diciembre se entregará un solo trofeo, desapareciendo el vigente Fifa World Player. Revisando la lista de los últimos ganadores encontramos nombres como Cannavaro, Owen o Nedved, futbolistas cuya trayectoria, bien durante uno o varios años, fue muy inferior a la trazada por Xavi, Iniesta, Casillas o Puyol, todos ellos campeones de Europa y del mundo con sus clubes y su selección.
Entre los criterios para otorgar el balón de oro a menudo tiene un peso casi decisivo el número de títulos logrados ese año por el futbolista. Quizá eso explica la pole position de Sneijder, tricampeón con el Inter de Milán, o la de Messi, hexacampeón con el Barcelona en 2009. Para lo de Robben poca explicación existe. El peso de los títulos logrados aumenta si llegan con la selección nacional, como fue el caso de Cannavaro en el año 2006, cuando recibió el balón de oro por sus siete espléndidos partidos con aquella Italia campeona del mundo.
Todos estos datos dejan en calzones el criterio de los periodistas franceses, que año tras año han ninguneado los méritos de los futbolistas españoles, desde un Raúl máximo goleador de la Champions y tricampeón de Europa con el Real Madrid hasta un Iker Casillas que, posiblemente, cuando se retire del fútbol lo haga con el palmarés más brillante de un portero en la historia de este deporte. Tanto Casillas como Xavi o Iniesta e incluso Villa merecen el balón de oro de la misma forma que Messi o Sneijder, que no pudieron vencer a la Selección Española en el Mundial de Sudáfrica.
Pero el mundillo este de los galardones es así, en el fútbol, en el cine, en la música, e incluso en el periodismo (véase Ondas), un circo de etiqueta negra donde el enchufismo y el peloteo deciden en lugar del talento y el buen gusto. Ver a Michael Owen, un futbolista casi virgen de títulos, entre la lista de los ganadores del Balón de Oro es sintomático: este trofeo está enfermo, casi tanto que como este año no caiga en manos de un futbolista español, muchos lo daremos por muerto.
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