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La indecente frivolidad de Salvador Sostres y Alfonso Ussía
Mario López
La derecha más reaccionaria, casposa y cavernaria ha reaccionado al indecente espectáculo protagonizado por Salvador Sostres en Telemadrid acusando de retrógrados a todos los que lo hemos condenado. Increíble. Yo no digo que no pueda darse una relación de amor entre un hombre de cuarenta años con una chica de veinte. Es raro, pero puede producirse, y si la cosa funciona no creo que nadie tenga nada que objetar. La mayoría de los hombres viven la vida pasando por diferentes etapas.
Uno se enamora de adolescente hasta de la madre de su mejor amigo; platónicamente, se entiende. Pero suele echarse una novia de su edad. Cuando uno llega a los cuarenta y piensa que las mujeres adultas huelen a ácido úrico, es que algo no le funciona bien. La obsesión de un hombre adulto por las adolescente posiblemente tenga su origen en una adolescencia frustrada; es lo que ocurre cuando uno no hace las cosas a su debido tiempo.
Pero la cosa va a mayores cuando el hombre adulto, en su incontinencia verbal, es capaz de manifestar delante de un público infantil su desprecio a la mujer adulta, su obsesión morbosa por las niñas, pisoteando salvajemente la dignidad de unos niños por el mero hecho de haber nacido en Marruecos. Un hombre que es capaz de hacer todo esto no se merece otra cosa que el desprecio de sus semejantes. Y el que le ríe la gracia a mandíbula batiente, aún merece peor suerte.
Si lo de Salvador Sostres no tiene nombre, qué decir de lo de Alfonso Ussía. Este individuo siempre me ha despertado una gran repugnancia, tanto por su petulancia como por su absoluto desconocimiento de lo que es el respeto a los demás. Él, que se las va dando de árbitro de la elegancia, es un perfecto gañán. De vez en cuando viene bien darse un baño de frivolidad, pero lo que es aberrante es no hacer otra cosa. Sostres y Ussía deberían estar prohibidos en los medios públicos, como el tabaco en las gasolineras, por pura higiene.
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