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Etiquetas:   Ser o no ser   -   Sección:   Opinión

Calma, mucha calma

Manuel Alcntara
Redacción
jueves, 13 de enero de 2005, 23:54 h (CET)
Los toros de Iberia, berrendos en negro, amenazan con desmandarse y el presidente Zapatero recomienda serenidad y calma. La suya no es una impavidez ante el peligro como la del a orado Jos Tom s, sino como la de Don Tancredo. Ya sabemos que no perder los nervios en los trances que nos depare el azar es un excelente consejo, pero es compatible no perder los nervios y perder la vida. Al menos, la vida nacional.

Estamos viviendo una especie de tsunami seco. Se lucha por los papeles del archivo de Salamanca ms que por los papeles de los sin papeles y se nos invita a votar 's ' a la Constitucin europea -por supuesto que hay que hacerlo!- m s que a defender la Constitucin espa ola. Es cierto eso de que a ningn ser humano le han tocado unos buenos tiempos en los que vivir, pero hay algunos peores que otros y est cundiendo la alarma en el pueblo. En eso que llamamos pueblo y que el diccionario define como gente comn y humilde de una poblaci n. El nico que se salva del desasosiego es el se or presidente, que tiene dos caras: una buena y otra mejor, cuando sonre. Ahora ha dicho que no quiere m s ayuda del PP que la coincidencia de voto en el Congreso y que har frente a Ibarretxe con la raz n democrtica, que suena un poco a la 㫻˲azn pura kantiana. Pero aquel Tartar n de Knigsberg public su libro clave de ardua lectura cuando tena 67 a os, y este muchacho de Len ha llegado a saberlo todo mucho antes. Vamos a ver d nde nos mete y, sobre todo, vamos a ver si es capaz de sacarnos de donde ya nos ha metido.

La serenidad, que es ttulo de honor de algunos pr ncipes, es una virtud de altsimo rango. Seg n Homero se disfruta en el Olimpo, donde ni hace viento, ni llueve, pero quiz se disfrute tambi n en Babia. Un estado dichoso, pero no nos vaya a pasar como a aquellos espectadores de un concierto a los que, cuando se incendi el teatro, les pidieron por un meg fono que conservaran la calma. Como eran personas cultivadas y obedientes, murieron todos carbonizados.

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