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Los desprópositos de Telemadrid
Mario López
Si hace ya algún tiempo Hermann Terrstch protagonizó un ridículo pasaje desde el hospital, sobrevenido de una noche de farra, hace unas semanas Fernando Sánchez-Dragó nos descubrió su amor a las adolescentes, mofándose de una relación pederasta llevado a cabo por él en el pasado.
Parece como si en Telemadrid se hubiera desatado la carrera de despropósitos. Pues ya puestos, el cavernoso tertuliano Salvador Sostres nos soltó "alto y claro" su pasión por las jovencitas, atribuyendo a la mujer madura un olor a ácido úrico y faltándole el respeto a unos niños marroquíes porque, según él, "da igual, son de Rabat, y allí ya van sueltos".
Cuando yo era adolescente, un amigo mío pintor ya me previno contra la morbosidad del fascista. Igual que el celibato lleva a los curas a vivir una sexualidad perniciosa, la moral fascista produce fenómenos como Salvador Sostres que cosifican a la mujer y tratan a los niños de otras culturas como ganado. Que estas cosas sucedan en cadenas privadas como Libertad Digital o Intereconomía, no deja de tener delito, pero es un delito privado y sólo incumbe a quien lo paga. Pero es inadmisible que ocurra en una cadena pública, y Telemadrid todavía lo es.
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