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Tags: Opinión · Momento de reflexión · Octavi Pereña
Meditación


Octavi Pereña


Octavi Pereña Octavi Pereña
miércoles, 17 de noviembre de 2010, 08:43
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La entrevista que Ima Sanchís le hace a Are Helen, experto en estrés postraumático y creador de un método de meditación, pone al descubierto, cosa que ya se sabía: los beneficios que la meditación produce en el organismo del meditador. El método de meditación ACEM creado por Helen en el año 1966 “está basado en un sonido que se repite intermitentemente y que no tiene ningún significado, y no concentras la atención en ningún punto, sino que dejas pasar los pensamientos. Se trata de no intentar conseguir relajarse: el cerebro lo hace sin pretenderlo, como un reflejo, no como una meta”. Evidentemente todos los sistemas de meditación tienen unos efectos saludables para la salud física, pero no afectan para nada al alma y a su salud espiritual.

Según Helen “cuando meditas, partes concretas del cerebro emiten ondas theta, que alivian el estrés y a largo plazo produce una sustancial reducción de la ansiedad; aumenta la habilidad mental, impulsando la imaginación y la creatividad, reduce el dolor, produce un estado de euforia y estimula la secreción de endorfinas”.

Dejemos a un lado la meditación filosófica, científica, religiosa y sus efectos fisiológicos beneficiosos que produce según dicen los resultados de las investigaciones que se hacen en este campo, y centrémonos en la meditación cristiana. Esta se distingue de las otras en que a la vez es subjetiva, centrada en uno mismo y objetiva, apuntando a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. La meditación cristiana tiene un alcance mucho más amplio que el estricto interés personal ya que capacita al meditador a interesarse por el prójimo.

La meditación, digámosle laica, que es exclusivamente introspectiva no cambia la naturaleza de quien la practica. La meditación cristiana al ser también objetiva y centrada en Dios el Padre de nuestro Señor Jesucristo, tiene el poder de cambiar las inclinaciones del hombre. Sus efectos saludables trascienden a la salud física y alcanzan a la espiritual.

La meditación que denominamos laica porque no tiene en cuenta a Dios es una copia defectuosa de la cristiana. El inventor de la falsificación es Satanás que tiene el propósito de impedir que el hombre busque a Dios. La meditación laica produce algunos de los beneficios que proporciona la original. Si no se produjesen algunos efectos saludables para el cuerpo, que es lo que interesa principalmente al hombre que se desentiende de Dios, ¿habría alguien que se interesase por ella?

El salmista expone su experiencia alejado de Dios al escribir: “Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar; se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido” (31:10). La experiencia del salmista cuando caminaba alejado de Dios también es nuestra experiencia cuando le damos la espalda al Creador.

El libro de Salmos comienza dando unas instrucciones precisas por lo que hace el tema de la meditación que hoy nos interesa: “Feliz el hombre que no anda en el consejo de los malos”. Esto significa que la persona feliz lo es aquella que no se deja guiar por las enseñanzas de personas que no tienen en cuenta a Dios en sus caminos. Aquí encontramos una advertencia que nos previene de la meditación inventada por el Malvado.

Acto seguido dice que el hombre que no sigue el consejo de los malos es feliz porque “en la ley del Señor está su delicia, y en su ley medita de día y de noche”. La mente en blanco no se puede tener. Siempre está llena de una doctrina u otra. El hombre feliz del salmo “no anda en el consejo de los malos”. Ha vaciado su mente de una filosofía engañosa. Para evitar que se llene de una doctrina peor, en la “ley del Señor medita de día y de noche”. Quienes promocionan la meditación laica dicen que para notar sus efectos beneficiosos en el cuerpo deben dedicarle un mínimo de tiempo, según Helen escuchando “un sonido que repites internamente y que no tiene ningún significado”. La meditación cristiana también exige que se le dedique un tiempo. El salmista le dedica día y noche, es decir, piensa continuamente en la ley del Señor.

El efecto de meditar día y noche en la ley del Señor es ser “como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto a su tiempo, y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará”. Aquí el poeta nos ofrece una imagen de prosperidad espiritual, de felicidad, de gozo. Meditar día y noche en la ley del Señor con su mensaje lleno de significado, tiene su recompensa.

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