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Toc, toc: ¿hay alguien ahí?
Ángel Ruiz Cediel
Desengañémonos, parece ser que cada vez hay menos posibilidades de encontrar vida inteligente en nuestro universo inmediato. La poca que hay está en serio riesgo de extinción, y ni siquiera sabemos si es debido a la actividad solar, a ciertos ciclos naturales, a que estamos a punto de alcanzar la brecha oscura de la galaxia o al paso del Planeta X en nuestro entorno, ése que nombran como Nibiru y que producirá un irreversible cambio de polos (¿estupidez arriba,inteligencia abajo?).
Lo del Planeta X (10, en números romanos), tiene su gracia porque llega al entorno terrestre al mismo tiempo que Míster X da la cara por pasiva, quién sabe si porque es el tiempo de las equis, aunque tampoco pasa nada y los votos siguen fluyendo hacia el PSOE a pesar de ello, como lo siguen haciendo a pesar de la pública historia de este partido o lo que sea, y de los cantos de los faisanes, y de los casi cinco millones de almas que están ancladas en la ignominia del desempleo, y de que casi la mitad de los españoles emparenta ya con la miseria, y de que más de la mitad de los jóvenes no tiene horizonte alguno, y de la corrupción institucionalizada, y de los conchabeos de ciertos dirigentes con los terroristas y de que vendieron el Sahara por intereses económicos de algunos principales de entonces a quienes los dirigentes de hoy les dan cobertura a sus negocietes. La inteligencia, ya digo, está en serio peligro de extinción en nuestro sistema solar.
Las conductas generalizadas de nuestro tiempo suelen obedecer más a instintos primarios que a procesos intelectivos, cual si ciertos atavismos anclados en la psiquis de los individuos supuestamente pensantes jugaran con ellos haciéndoles creer lo que no es. Así, los que votan PSOE se fijan en el color rojo de las banderas y en los falaces eslóganes de márquetin político más que en lo que confiesan los hechos que perpetran, y los supuestos izquierdistas están dispuestos a asumir cualquier atropello que propongan sus dirigentes, sin pasar ninguno de ellos por el tamiz de sus conciencias. Si lo dice el que manda, vale, en una suerte de seguir, incluso al abismo, al jefe de la manada. Una actitud, cuando menos, nada inteligente.
Ya hemos sido capaces de desenmascarar que la cosa ésa del amor es una cuestión de discográficas de canciones memas y de grandes almacenes que quieren vender lo que sea en una fecha extra como el 14 de febrero, no siendo la relación carnal entre humanos más que una simple cuestión placentera o reproductiva, así en crudo, sin arpas, músicas de violines o cosas por el estilo. Pero aún no hemos sido capaces, de la misma forma y por parecidos circuitos, de admitir que la militancia es una cuestión borreguil de manada, que o se vota contra alguien o se busca la afinidad del grupo para asumir un rol que, en la mayoría de los casos, no es sino una de tantas caretas con las que se disfraza el propio ego para darse viso de progre o lo que sea.
De no ser así, sería impensable que existiera siquiera un PSOE. De haber inteligencia, sería impensable que existiera un PSOE. No se puede entender de otro modo que goce de tan excelente buena salud política quien traicionó al pueblo con su apoyo a la Dictadura de Primo de Rivera, quien se enfrentó a la II República con la sangrienta Revolución de Asturias y luego hizo la Guerra Civil en el bando contrario a ella, quien cada año realizaba una manifestación hasta Torrejón de Ardoz al grito de “OTAN no, bases fuera” encabezada por Javier Solana y otros personajes de parecido jaez y luego nos metió en la OTAN y puso a Javier Solana de mandamás, quien no sólo abandonó a su suerte a los saharauis por los que se manifestaron con inusitado ardor durante años (hasta que alcanzaron el poder), cambiando luego su solidaridad de Judas por las treinta monedas de negocietes con el rey alauita y permitiendo que las empresas españolas que pueden dar trabajo a los españoles se vayan a Marruecos para multiplicar sus beneficios contra los españoles, y quien se dedica en cuerpo y no-alma a la destrucción de la familia, la virtud y la vida de los más puros, entretanto protege con mil falaces argumentos la de los criminales más abyectos y las de los terroristas.
Nos quedamos sin inteligencia, en fin, ¡qué le vamos a hacer! La evidencia es que inteligencia y realidad están discutidas, si es que no son antagonistas, no hay más que hacer una sucinta comparación del grado de degeneración que llevamos, superponiendo nuestro hoy a cualesquiera otro ayer. A marchas forzadas, la inteligencia se desvanece en nuestro planeta, y la poca que va quedando, como la de nuestros universitarios que están hartos de hacer másteres y más másteres sin encontrar otro empleo que de parados, becarios o vendedores de supermercado (siempre que mientan en el currículo y oculten su formación, porque si no ni eso), está planificando marcharse no sé si a otra galaxia, pero desde luego lejos de esto, nuestro país. En breve, con seguridad, la inteligencia será un recuerdo en algunos libros de prehistoria.
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