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Tres instantes de un mismo día
Mario López
Resulta que las memorias de George W. Bush son un compendio de anécdotas vividas por otros. De las memorias de un presidente de los Estados Unidos se espera, cuando menos, mil páginas, y las páginas se tienen que rellenar con algo. Si Bush las hubiera rellenado con hechos ciertos, no habría escrito una autobiografía sino el sumario de su propio juicio. Y claro, Bush es tonto pero no tanto como para buscarse la ruina.
Me he encontrado con la necrólogica de Luís García Berlanga, y no lo puedo entender. Berlanga no ha muerto, se ha ido de parranda con su amigo Rafa Azcona. Pasaron unos años tontos, en los que estuvieron reñidos, pero ahora se han vuelto a juntar en el piso de soltero de Carlos (el de los Pegamoides), allá por Pedraza de la Luna, para echar lo que queda del día en compañía de la Alegre Asociación de los Amigos del Látex.
Madrid se echó a la calle en apoyo del pueblo saharaui. En 1975, año de la infame Marcha Verde promovida por el cobarde sultán Hassan II, apoyada por el inefable sucesor del nefasto presidente Nixon, y tolerada por una España en Babia, el censo del pueblo saharaui estaba perfectamente establecido, pues el Sáhara Occidental estaba integrado por las provincias españolas de Saguia el Hamra y Río de Oro, y sus lugareños poseían DNI y pasaporte españoles. El aplazamiento sistemático del referéndum ha permitido a Marruecos establecer una estructura de poder represiva en la mayor parte del territorio y llenarlo de colonos marroquíes, desvirtuando tanto la forma de vida saharaui como su censo. En cumplimiento del mandato de la ONU sólo cabe la celebración del referéndum, a partir de un censo aceptado por el Frente Polisario. Las actuales movilizaciones tienen que culminar en la inmediata liberación del pueblo saharaui y el único papel que le cabe al gobierno de España es apoyar esta causa.
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