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Etiquetas:   A cara descubierta   -   Sección:   Opinión

La comunidad de la esperanza

Diego Taboada
Redacción
miércoles, 12 de enero de 2005, 23:23 h (CET)
El 25 de Junio se celebr un concierto homenaje a los republicanos y republicanas que sufrieron la guerra civil Espaola y su postrero r gimen; el lugar escogido fue el ayuntamiento de Rivas, en Madrid. Un acto emotivo y necesario, al cual no faltaron los 741 abuelos y abuelas que an pueden narrar la historia desde la memoria vivida. Siempre fui de los que pens que la historia debera ser contada desde la carne... por los individuos que sufrieron -y sufren- cotidianamente las consecuencias de las fuerzas hist ricas que actan m s all del consentimiento de sus voluntades.

La transici n, glorificada hace poco en las bodas de plata de su
constitucin resultantesm conden a las generaciones futuras a una amnesia colectiva, sellando el susodicho pacto de olvido con los sectores ms moderados del r gimen, sectores que no tardaron en ponerse el disfraz
democrtico para adpatarse a los nuevos tiempos, sectores conformados por
individuos -entre ellos, el presidente Aznar- a los cuales la carta magna ya les parec a un desmadre democrtico, y que luego han terminado por
sacralizarla como si fuese un totem conservadurista. No importa la
estructura o sistema pol tico que configure las reglas de juego de un pas, tambi n los artifices del ilegtimo golpe de estado contra la legalidad republicana se sentaban diariamente en las sillas del parlamento : de la misma manera que existan sectores con una profunda aversi n a la democracia en un parlamento republicano, tambin hoy existen psicolog as incompatibles con tal palabra, aunque hagan un esfuerzo diario por disimularlo.

La Espaa que permanece en el olvido, est enterrada en los montes y cunetas de la pennsula, quedan todav a unos 30.000 individuos por desterrar de las fosas del olvido, sin contar las fosas comunes en Francia, los campos de concentracin nazis y la memoria no consultada de los individuos que escogieron no recordar, qued ndose en Rusia o Mjico; algunos marcharon con la inocencia imperturbable de un ni o, luego volvieron a reencontrarse con sus familias : demasiado tarde, eran perfectos desconocidos. Ah, precisamente, en ese distanciamiento insalvable entre lso ni os de Rusia, los exiliados y las familias reeducadas en la obediencia y en el miedo, es donde comienza la brecha, la fractura de la memoria histrica de las Espa as. El proceso de reinvencin de la memoria, de la historia, de la cultura y de los iconos nacionales, tuvo como consecuencia el mayor atraso pol tico y cultural de la pennsula; a n ahora se puede caminar por las calles de Corua, y observar como los nombres de los iconos de la ignorancia y del miedo siguen en pie : "!arriba la muerte, abajo la inteligencia!", gritaba con exaltado orgullo Millan Astray, aquellos a os oscuros : es dificil no acordarse de tal frase cuando uno observa su rostro oxidado y metlico en la calle que lleva su nombre, acaso sea porque tiene profundos parecidos con aquella de Goebels : "en cuanto escucho hablar de cultura, saco la pistola".

El p ndulo sigue oscilando, entre el deseo de justicia... y la barbarie. El tiempo no se congela, ni despues del fusilamiento, ni despues de la
exumacin de los justos. S , tarda la justicia en llegar. Casi siempre,
tarda. Por eso se reivindica, ya no slo un derecho, sino un deber sagrado que no aparece en el dec logo cristiano : recordar. Pero no basta slo con recordar, hay que hacer un ejercicio de empata con el dolor innecesario e injustificado. No hay que aprender s lo a recordar, tan importantedebera ser aprender de la historia... como aprender la indignaci n y la repulsa. Los pueblos tienen que afrontarse, mirarse al espejo, justo donde el recuerdo les es doloroso, pero necesario : como la verdad. Deca Chesterton, que cuando un hombre despelleja a un gato, pod a dudarse de la existencia de Dios, o de las relaciones existentes entre el hombre y Dios, pero de lo que no poda dudarse, nunca, es de la existencia del gato. Aplicando la "filosof a de la reconciliacin", estamos negando la existencia de las v ctimas, s que una de las caracter sticas del cinismo, es llamar victimistas a las voces que slo suplican piedad; en mi calidad de cristiano, no me afectan tales adjetivos : creo en las v ctimas y las reconozco cuando las veo : esas 30.000 vctima que quedan por desterrar, y los que sobrevivieron a la barbarie, eran -como dijo Manolo Rivas en su emotivo discurso- : la comunidad de la esperanza

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