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Sahara
Ángel Ruiz Cediel
El Sahara era una provincia española hasta 1975, fecha en la cobardemente se la abandonó a la carrera. Al menos lo era tanto como lo fueron otras provincias españolas de África que, merced a la incompetencia de nuestros dirigentes y a la cobardía de otros estamentos, fueron siendo usurpados por la rapiña alauita, la cual ha sabido beneficiarse tan bien como otros muchos (casi todos los países hermanos latinoamericanos, por ejemplo) de la debilidad de España gracias a los nefastos gobernantes que ha tenido.
Nuestras posesiones de ultramar, primero, –nada de colonias- y las vecinas a casa como el Norte de África, después, fueron poco a poco siendo sisadas a un enorme costo de sangre de los más humildes de España. Los criollos latinoamericanos declararon su independencia aprovechando que España se encontraba sumida en una Guerra de Independencia, desangrándose contra los franceses mientras el rey español y su nefando hijito eran invitados de ese Napoleón que había invadido España. Y las perdimos, claro, como perdimos después Guam, Cuba, Filipinas, las islas del Pacífico y cuantos otros territorios nos quedaban en ultramar, unos vendidos y los otros arrebatados porque en la Corte se dedicaban al putiferio en crudo, la intriga para arramplar por las bravas con los impuestos de los ciudadanos-borregos y a darse la gran vida entre fiestas y orgías, entretanto nuestra juventud (la que no podía pagar la Dispensa) era sacrificada ante la indiferencia o la desidia de nuestros gobernantes. ¿A quién le importaban esos paletos arrancados de los pueblos de la España profunda que apenas si sabían leer y que creían que al rey lo había puesto Dios en persona?
Pero es que no pasó algo distinto en África, no hay más que recordar lo que dijo el infausto Alfonso XIII cuando le pidieron los bereberes de Abd El Krim el rescate que le pidieron por los prisioneros capturados por millares después del Desastre de Annual propiciado por el infame e incompetente Silvestre: “¡Caramba, qué cara se ha puesto la carne de gallina!” Una gracia de tío sin muchas luces, al que se le debiera caer la cara de vergüenza, y gracias al cual miles de españoles (de los que no cuentan porque eran de pueblo) fueron salvajemente torturados hasta la muerte. Mejor para el rey, que se ahorró un pastón, como se lo ahorró enviándoles al matadero sin recursos, sin prácticamente armas, en alpargatas, con cuatro balas por hombre y con un litro de agua por barba en el desierto. ¿Se puede pedir más?... Casi lo mismo que hizo la Regente con Cerveza, azuzando la flota de madera española contra la norteamericana, que era de acero, y en la cual, como no podía ser de otro modo, nos la hundieron toda y sólo produjimos un herido: un cabo gringo al que le cayó la vaina de un obús en el pie.
Lo del Sahara canta. Franco sería lo que fuera, pero ató bien cortito a los moros, y fue necesario que la estuviera hincando para que sus allegados, Juan Carlos y los presidentes de Transición, se cagaran de miedo, salieran corriendo como almas en pena, hicieran negocio en gordo que pudieron por los Fosfatos de Brucráa y abandonaran a su suerte a los ciudadanos españoles saharauis (muchos de ellos miembros incluso de nuestro Ejército), permitiendo el morito de la morería armara con ellos la escabechina que todos conocemos. No mucho después, el insultante, nefando e inmoral PSOE, con Felipe González a la cabeza, juraron que aquel abandono y aquel atropello sería corregido tan pronto alcanzaran el poder, gracias a lo cual y a otras tantas mentiras de parecido innoble jaez, consiguieron el triunfo; pero, ¡chasco!, de revisar nada y de pararle los pies a los bereberes de Marruecos menos, pero de hacerse chalés junto al rey alauita, mogollón. Y quien dice chalés, dice negocios en gordo, que si declaró 14 millones de pesetas cuando llegó a la Moncloa con sus coderas, échenle un galgo y díganme qué no tienen estos nuevos ricos.
En fin, el caso es que nuevamente Marruecos ha emprendido un genocidio con las nuevas generaciones de los españoles del Sahara, ante la inacción, indiferencia y desidia de la realeza ésta que tenemos -¡pena!- y de los distintos políticos y gobiernos. El que el asunto de la descolonización –eufemismo con el que ocultan su cobardía- esté en la ONU es algo irrelevante, pues ya sabemos que ésa sólo sirve para darle carta de naturaleza a las barbaries de EEUU, su Graciosa Corsaria Majestad e Israel, que son sus dueños y señores. Es a España a quien le corresponde pararle los pies a los bereberes por los medios que creamos oportunos, incluso usando el Ejército en plan ONG que tenemos para algo útil más allá de llevarles el botijo a los gringos y poner tiritas a los que éstos bombardean con armas de destrucción masiva.
Tenemos una monarquía campechana, se precian muchos; el rey es un puntazo, apuntan otros; Su Majestad es un cachondo, dicen los más; sin embargo, lo que confiesa la Historia es que los borbones han sido y son el eclipsamiento de España como nación, representan su perdición como país y se podría asegurar que son a la enfermedad más terrible que hemos podido contraer como Estado. No es la peor, sin embargo: la peor de todas, la más infame, es el PSOE. Sin duda estos asertos son políticamente incorrectos, y por esta causa alguna de mis novelas (Germen de Dios, semilla del diablo, por ejemplo) están en la lista negra, siendo como son de lo mejor que se ha escrito en los últimos decenios en este país truculento y pernicioso gracias a sus infames dirigentes. La tienen en mi web, y pueden leer un ciento de páginas. A la monarquía (y no soy antimonárquico) no se la puede criticar en España, a pesar de que representa nuestro ocaso, pero es ni más ni menos que un ensalzamiento de lo indebido (repasen la historia desde Fernandito el Deseado para acá y verán que no es sino para echarse a llorar), y hacerlo significa ser marginado. Ésa es la cruda realidad.
Nos guste o nos desagrade, lejos de permanecer impasibles ante nuestra defenestración como Estado y de presenciar inanes cómo exterminan a los saharauis esos predadores bereberes, habría que reclamarle a Marruecos todo el territorio que es nuestro, desde el Rif hasta la costa, y, de no devolverlo, deberíamos actuar con la máxima contundencia. Algo que, sin embargo, no será posible porque nos gobierna el PSOE y tiene demasiados intereses particulares, y estamos bajo la imposición de los borbones, y pasa otro tanto.
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