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La saga/fuga de ZP
Pedro de Hoyos
No sé si la comparación que hizo el Papa de la descristianizada España
actual con la descristianizada España republicana fue la más correcta
políticamente hablando, quizá en un alarde de diplomacia podía habérsela
ahorrado, pero hasta el más obsesionado y sectario de los anticlericales
estará de acuerdo en que nunca habíamos vivido una situación de
apechugamiento del sentimiento cristiano.
Desde la asunción de ZP al cielo de la política nacional, siempre he de recordar que por nueve votos y por el interés nacionalista y partidista de Maragall en cercenar el paso de José Bono, la obsesión republicana, antirreligiosa y revisionista de Zapatero ha conducido a España por una deriva no laicista sino antirreligiosa. No se busca el Estado laico sino anticlerical. Se critica furibundamente al Papa por defender los mismos criterios que el papado ha defendido durante 2000 años y sin embargo parece que hemos descubierto ayer, desde cuando Zapahuero tomo posesión, que la Iglesia se opone al aborto y al matrimonio homosexual. ¿A qué viene ahora, precisamente ahora, rasgarse las vestiduras por algo que la Iglesia ha defendido desde San Pedro? ¿Será una simple y zapateril coincidencia?
La próxima ley de libertad religiosa, imprescindible al parecer para poder vivir, tan imprescindible para la felicidad nacional como era esta la ley de los apellidos, no es sino un indisimulado ataque a esa libertad que cínicamente se dice defender. Cierto que hay que regular, si tanto les preocupa, si los ministros han de tomar posesión de sus cargos ante un crucifijo o ante el busto de Pablo Iglesias, cómo han de ser los funerales de Estado o si ZP necesita programar un viaje felizmente casual y tremendamente oportuno a Afganistán precisamente cuando el Papa esté en España.
La presencia de ZP en los actos de esta visita papal no era necesaria, pues el Gobierno y con él el Estado ha estado siempre convenientemente representado (Bono, José Blanco, Rubalcaba, Ramón Jáuregui y el propio Zapatero en la despedida) pero su ausencia es voluntaria y simbólica. Intencionadamente simbólica. El de Afganistán no ha sido un viaje improvisado ni "impuesto por la agenda". Por un lado la agenda se la hace él solito con sus secretarios a su medida y conveniencia. Por otro lado un viaje así no se improvisa, son muchos los cabos que hay que tener atados para llevarlo a cabo, otra cosa es que se oculte por razones de seguridad hasta el último minuto. Este viaje no ha sido sino una fuga de ZP para marcar a su electorado cuáles son sus prioridades, cuáles sus intereses y cuáles los españoles a los que más ha de cuidar para tener su voto. Para marcar la vía correcta al zetapismo. ¿Zetapismo? Escapismo, claro. ¿O creen ustedes que el (¡Él!) es acaso responsable de la actual situación económica, moral, política de España? Pues eso, Zetapismo. Escapismo
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