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La rebelión cívica
Almudena Negro
Silencio mediático casi absoluto antes del evento, roto a ratos por alguna emisora de radio y alguna mención en tertulia televisiva o en columna periodística. Silencio de los partidos, que, los unos porque siempre han despreciado a las víctimas, a las cuales pretenden ofrecer como sacrificio en el altar de una enloquecida Segunda Transición, y los otros porque pretenden heredar cascotes o no pasan de simple pose, han decidido distanciarse definitivamente del pueblo al cual dicen representar. Quizá por ello el sábado, qué gran día, comenzó a vislumbrarse, tenuemente aún, el principio del fin de la populista casta dirigente. Y de la nihilista casta mediática, que no se crean es mejor que la primera. El fin de esas oligarquías que, olvidada hace tiempo la distinción entre el bien y el mal, viven de espaldas al pueblo. Incluso contra el pueblo. El principio del fin de quienes el sábado ocultaban a sus lectores en Internet lo sucedido aquella mañana en la capital de España.
Pues bien, pese a los pronósticos y a la mala elección de la fecha (visita papal, puente de La Almudena), ni los organizadores contaban con tener éxito, los ciudadanos se echaron por decenas de miles el pasado sábado a las calles de la capital. Bajo un sol de justicia más propio de fines del verano que de mediados de otoño y una marea de banderas nacionales, decenas de miles de españoles acudieron a mostrar su apoyo y solidaridad a gentes como José Antonio Ortega Lara, testimonio viviente de la victoria frente al terror; Teresa Jiménez Becerril, Santiago Ulayar, Pilar Elías, María Jesús González y, cómo no, del valiente líder de la sociedad civil, Francisco José Alcaraz.
Allí estuvimos muchos. Junto a lo mejor de la sociedad española, que son las víctimas del terrorismo. Tantos fuimos los que decidimos acudir a la llamada de Voces contra el Terrorismo y dejar claro al gobierno que seguimos sin estar dispuestos a tragar con componendas con los asesinos, que finalmente, porque no se cabía en la plaza de Colón, hubo que cortar el tráfico del Paseo de la Castellana. Y el de Serrano. Y el de Goya. Alcaraz no pudo pronunciar su discurso. Delegación del gobierno (socialista) presionaba para que se despejaran las calles. Ahora, amenaza multa. Serán capaces.
En Colón no se echó en falta a nadie, aunque hubo ausencias clamorosas. Vergonzosas. Empezando por las de los políticos. Del Partido Popular, aunque algunos de sus miembros madrileños, como José María Álvarez del Manzano, Juan Siguero o Cristina Cifuentes estuvieran a título personal. Tampoco aparecieron por Colón los de Rosa Díez. Del resto nada se esperaba. Acaso no hayan estado nunca. Da lo mismo.
Como digo, no son necesarios. Y eso quedó claro un sábado de Tea Party. Un sábado del pueblo. Un sábado de reivindicación de “memoria, dignidad y justicia”. Gracias, Alcaraz.
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