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Tags: Opinión · Artículo de opinión · Ángel Ruiz Cediel
Sobre la igualdad y la estulticia (y II)


Ángel Ruiz Cediel


Ángel Ruiz Cediel Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
sábado, 6 de noviembre de 2010, 20:00
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Cortina de humo. Como lo leen: la insigne oposición, que las grandes se le cuelan y las pequeñas ni las huele, ha tildado la maniobra del PSOE de pretender cambiar orden de los apellidos de los nuevos ciudadanos de forma caprichosa, y según el criterio momentáneo de los padres, como una cortina de humo política para ocultar la crisis económica. ¿Se puede ser más simple?... Es bien cierto que, a juicio de la oposición, puede que no sea el momento para una barbarie de este tipo, pero de ahí a que sea una cortina de humo, francamente, va un abismo.

El alcance de que los padres de una criatura, quienes lo mismo pueden ser muy cultos que unos auténticos asnos con sus aparatos reproductivos fetén, puedan poner a su nene el apellido de él o ella, y aún variarlo de un vástago al siguiente, representa uno de los más firmes atentados del PSOE contra la institución más básica de la sociedad (algo a lo que no se han atrevido ni los países más avanzados del planeta), la familia, además de un despropósito histórico de primerísima magnitud, antesala de que todos llevemos un chip insertado y que estemos representados ante el Poder Negro por un número porque nos habrán deshumanizado. Ni los masones se atrevieron a tanto, ni los iluminados fueron jamás tan osados: sólo las Fuerzas de la Oscuridad más combativas podrían haber emprendido una perversión semejante. Infórmense.

Primero que nada, queda claro, con este movimiento de cohesión, que el fin último del PSOE es la deshumanización social, la implantación de un Orden Negro. Primero, fue la destrucción conceptual “tradicional” del matrimonio (cuestión de unos cuantos miles o millones de años nada más, ahí es na´) al equipararlo de facto, incluido en el nombre, con la unión de parejas de homosexuales; luego, fue la institucionalización del aborto libre, en un quitarse un “problema” (que una madre pueda dar matarile a su hijo por cualquier causa, incluido el capricho); después, fue la irrupción de la ley en el orden familiar, con esas absurdas y coercitivas legislaciones que prohíben penalmente darle al nene un educador y oportuno cachete, entretanto ellos manipulan su muy delicado cerebro y lo adoctrinan en su degenerativo sistema de sin-valores con Educación para la Ciudadanía y esas teleseries y dibujos animados tan bien pensados para degradar y destruir la positiva escala de valores que eventualmente los padres pudieran inculcarle; más tarde, fue la cosa de la corrupción sexual de los menores (y ya de paso también de los mayores) perpetrada desde la cima del poder que ostenta –¿o alguien cree que la libre y gratuita circulación de la pornografía (aberrante) y la promoción de Internet desde el Estado es casual y que no tiene costo?-; a continuación, fue una sistemática perversión de la Virtud como norma de conducta moral y una estandarización de lo degenerado como proceder plausible, convirtiendo al cuerpo en un centro de placer solitario o comunal y a la conciencia en un simple e intrascendente proceso bioquímico, cargándose así toda la Historia del Hombre y su devenir, sus sistemas de creencias y su transcendencia como criatura inteligente bipolar conformada por materia y espíritu; a renglón seguido, fue la prohibición de los juegos que ellos han pervertido llamándolos sexistas y la lectura de cuentos que ellos nombran como inapropiados (cuentos clásicos que, además riqueza cultural indiscutible, son profundamente educativos por cuanto enseñan a los niños cierto tipo de valores); y, por último (por ahora, amén de otros movimientos y legislaciones que he dejado para mejor ocasión), lo es con la alteración arbitraria de los apellidos. Créanse que esto no es una aberración de descerebrados, sino que obedece a un plan tan siniestro y tétrico que si supieran su alcance del mismo se les podrían los pelos de punta. No sólo persiguen a la Iglesia por lo que representa, sino que con esto se descubren como devotos de misas negras.

¿Cuestión de igualdad de derechos?...: ¡No, ni mucho menos! Invocando bellos principios se han perpetrado los mayores daños en la Historia de la humanidad, y éste conjunto de acciones pretendidamente descabaladas es probablemente el más perverso de todos. Primero que nada, debemos apuntar que los apellidos primero y segundo son siempre provenientes de un hombre, por lo que YA son supuestamente machistas y tanto daría su orden, suponiendo un criterio de igualdad, claro. Segundo, porque el apellido, cualquiera de ellos, nos refiere su origen: la z significa “hijo de” (Fernández, significa “hijo de Fernando” –no de Fernanda-; Pérez, significa “hijo de Pero” –no de Pera; etc.), además de que si éste tiene nombre de cosa identificable (Casas, Pozo, Conejo, Luna, etc.), es de origen “judío” o de “cristiano nuevo”, o si es derivado del árabe es cristianizado (Cedillo, es el cristianizado de Cediel, etc.). Y tercero, porque impediría el conocimiento del itinerario histórico de la familia a la que el individuo pertenece, evitando la fusión cultural y produciendo el desarraigo tácito del individuo, dejándolo solo y abandonado a su suerte. El propósito, en fin, es la demolición del núcleo familiar para poder etiquetar al individuo con un número (tal vez el 666), pues que, en su línea argumental, todos los apellidos son machistas y, o sí o sí, deben desembocar en eso. He aquí el verdadero fin de sus acciones.

La supuesta igualdad y la interesada agitación de la dicotomía masculino-femenino no es, pues, sino un ardid torpe y estúpido para conseguir este fin, propio, como no podía ser de otro modo, de elementos con poca inteligencia y toda mala, muy mala. Lo que se está planificando desde el poder es la individualización, la rotura de cualquier nexo entre individuos que les procure alguna fuerza ante el Poder Negro y su desarraigo como ente con una andadura milenaria. Son las fuerzas de la Luz y la Oscuridad las que se están enfrentando en una batalla sin precedentes, tal vez como primera maniobra de lo que será su generalización universal. Incluso la Ciencia oficial aporta sus argumentos de apoyo convirtiendo al ser humano en una especie de mecano animado, anulando de paso todo atisbo de espiritualidad (a los ojos del ciudadano medio) y convirtiendo su ámbito en una especie de medio “casual” sin propósito ni fin más allá de nacer, disfrutar como un animalito, alimentarse como una bestezuela y morir como un perro. Disfruta ahora que no hay después, vaya. Pero sí lo hay, claro.

El hombre y la mujer fueron creados distintos, complázcales o les displazca a estos illuminatti; les fue insuflada un alma, les guste o les desagrade; la especialización social y la propia condición natural procuró, por sí misma, la división de tareas en el seno familiar; y la existencia no es sino una batalla entre el Bien y el Mal en el que cada individuo debe tomar posiciones. Pero el Bien, desde luego, no está en los prados de estos servidores del Orden Negro, quienes sin ninguna duda representan el Mal en su condición más fiera, y basta para corroborarlo con su propio devenir histórico-histérico: jamás hicieron nada destinado a unir, sino a dividir, incluido su periplo en su supuestamente amada II República y en el curso de la Guerra Civil. Infórmense, repito.

Es probable que a muchos de ustedes todo esto les parezca un poco exagerado, incluso algo conspiranoico. Allá cada cual: elementos para inferir lo expuesto les he dado de sobra. Luego, no digan que no estaban advertidos.

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