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Sin victoria final
E. J. Dionne
BRISTOL, Pa. -- Hace apenas cuatro años que el Partido Demócrata inició su andadura de retorno a lo que hoy parece otro país.
El colapso económico no estaba en la imaginación de nadie, pero la tónica política nacional era sombría. Una considerable mayoría estaba harta de George W. Bush, cansada de la Guerra de Irak y dispuesta a votar a candidatos Demócratas al Congreso que prometían solemnemente "un nuevo rumbo", un lema nebuloso pero útil.
Los electorados Demócratas estaban más unidos que nunca. Los votantes jóvenes acudían en masa al partido - los menores de 30 años depositarían el 60 por ciento de sus papeletas a candidatos Demócratas a la Cámara - y también moderados e independientes.
El maremoto que dos años más tarde conduciría a la presidencia a Barack Obama empezó a gestarse en lugares que no se vinculan normalmente con la rebelión, las grandes zonas y cinturones residenciales que rodean las ciudades con solera de la región de los lagos y el interior costero.
En el año 2006, esa marejada dio lugar a un vuelco en el Bucks County de Pennsylvania propiciado por un Demócrata que responde al nombre de Patrick Murphy. Con sólo 33 años por entonces, se convertía en el primer veterano de Irak en formar parte del Congreso. Murphy derrotó al titular Republicano Michael Fitzpatrick por 1.518 votos de los 250.000 depositados.
Murphy pasó a convertirse en uno de los primeros congresistas en apoyar a Obama en las primarias Demócratas de 2008, y se alzó con la reelección con facilidad obteniendo el 57% de los votos y un margen que superaba los 50.000.
En una era anterior, la mayoría de los titulares con ese margen de maniobra podían descansar. Pero no corren los relevos políticos de sus abuelos, y Murphy lo sabe. Durante una cena en el Original Golden Eagle Diner -- tomó asiento sólo después de trabajarse a los asistentes, agradeciendo su apoyo a viejos amigos y alentando a los Republicanos presentes a optar por los independientes, consciente de que su mujer es Republicana -- el titular de energía contagiosa hizo gala de su humildad.
Si Murphy sobrevive a la revancha con Fitzpatrick este año, cosa que espera hacer, deberá su triunfo a lo que hizo el día después de su importante victoria hace dos años. Durante un chaparrón matinal, aguantó el diluvio en los exteriores del intercambiador de Cornwell Heights estrechando manos y agradeciendo a los viajeros su reelección. Murphy sabía que no lo iba a tener fácil la próxima vez, y estaba en lo cierto.
Nadie en política, sostiene Murphy, debe dar por sentada una victoria, y los Demócratas que pensaron que Obama anunciaba el Nuevo Jerusalén en el seno de su partido se equivocaron de medio a medio. "La gente hablaba de mayorías permanentes -- era arrogante", dice. "La gente quiere saber que estás luchando por ellos cuando ellos lo pasan mal".
Si los suficientes titulares Demócratas como Murphy sobreviven el martes a través de la energía pura y la preparación (y confieso que es difícil no dejarse llevar por su optimismo vivaz), contendrán los daños de una noche difícil.
El partido está seguro de estar ganando tirón advirtiendo a los votantes de desconfiar de los Republicanos apoyados por dinero de origen desconocido procedente de misteriosos grupos de interés que van a practicar el clientelismo. Su campaña "made in America" contra la deslocalización laboral ha escorado a algunos Demócratas como Murphy en los estados del cinturón industrial. Y el extremismo del movimiento fiscal podría estar sacando al electorado de la indiferencia.
Pero este martes seguirá siendo muy diferente de la gloriosa noche de los Demócratas hace cuatro años, y gran parte del análisis postelectoral se centrará en la ideología, en si Obama fue "demasiado a la izquierda" o suscribió una administración "demasiado intervencionista".
Y esto pasará por alto lo moderado que es realmente el programa de Obama. También simulará que la inquietud originada en el temor legítimo con el futuro económico a largo plazo del país es producto de la doctrina en lugar de la experiencia. Nathan Daschle, director ejecutivo de la Asociación de Gobernadores Demócratas, sostiene que si los Republicanos salen tan bien parados como esperan, 2010 serán los terceros comicios seguidos en los que los votantes votan al cambio, la misma búsqueda de "un nuevo rumbo" que llevó a los Demócratas como Murphy a la investidura hace cuatro años.
El votante indeciso clásico que va a decidir estos comicios -- moderado, independiente, acomodado -- siempre ha desconfiado de las promesas automáticas de que determinadas ideas geniales alumbran eras utópicas. Este votante busca cosas más realistas y simples: mucha más seguridad, renta mucho mayor, y confianza renovada en que el futuro va a ser mejor que el pasado. Esos votantes siguen sin encontrar lo que buscan.
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