|
De los ejércitos, las cárceles y los chorizos de seda
Mario López
Los ejércitos no me gustan nada, pero aún menos me gustan las cárceles. Dicen que los ejércitos están para garantizar la paz. Ya lo estamos viendo, en Irak, Afganistán y la práctica totalidad del continente africano. Es verdad que nuestros soldados, de un tiempo a esta parte, han realizado tareas encomiables fuera de nuestras fronteras, pero podían haberlas llevado acabo igualmente sin ser ejército. Las cárceles dicen los más conservadores que es el lugar ideal para aquel que perturba la convivencia y, los más progresistas, que han de ser el lugar donde se lleve a cabo la reinserción social del delincuente.
Pues ni lo uno ni lo otro. Salvo contadas excepciones, la cárcel no es buena para nadie; ni para el delincuente ni para la sociedad. Precisamente, buscando una alternativa a la cárcel, he tenido que reconocerme a mí mismo que hay algo del ejército que me gusta: el castigo del vacío. Hacer el vacío a aquel que ha cometido una felonía me parece el castigo más acertado. Ignorarle, hacer como que no le ves. Es un castigo especialmente indicado para los políticos y empresarios corruptos ¿Qué haría yo con Camps o Fabra? Pues proclamar un decreto de inexistencia civil contra ellos. Ningún comercio ni empresa hostelera les daría servicio, por lo que más pronto que tarde acabarían devolviendo todo el dinero adquirido ilícitamente al constatar que nos les vale para nada.
|