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Tags: Opinión · Momento de reflexión · Octavi Pereña
¡Dios condescendiente!


Octavi Pereña


Octavi Pereña Octavi Pereña
miércoles, 3 de noviembre de 2010, 09:19
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Jordi Alcover, profesor de catavinos en la Escola de Viticultura i Enologia Mercè Rossell de Espiells, Sant Sadurní, dice. “Si existe Dios, permite demasiadas cosas malas”. El sonsonete de siempre. Se ha de buscar un chivo expiatorio. Nos hemos de exculpar de nuestra responsabilidad personal y traspasarla en quien nada tiene que ver con nuestro comportamiento indigno.

Hay unos proverbios que exponen claramente que el Dios eterno no “permite demasiadas cosas malas” . Cito uno: “El que oprime al pobre para aumentar sus ganancias, o que da al rico, ciertamente se empobrecerá” (22:16).Gustavo Duch, fundador de Veterinarios sin Fronteras, en una entrevista que Víctor – M. Amela le hace en La Vanguardia dice algunas cosas que hacen estremecer. Ya que los piratas somalíes se han hecho famosos por sus hazañas, el señor Duch dice algunas cosas que deberían preocuparnos. Cuando el periodista le pregunta: ‘Cuénteme otro caso ilustrativo’, el veterinario le responde: “¡Cómo no…! Los atuneros en un solo viaje cargan 3000 toneladas de atún. Los somalíes ya vivían decentemente de su pesca artesanal…pero nuestros atuneros esquilman su pesca: arruinados, los somalíes pasan hambre” El reportero le pregunta: ¿Y por esto se convierten en piratas? Duch responde: “¡Por fuerza! Pero, ¿piratas ellos?: ¡Nosotros rapiñamos allí, protegidos por nuestras corbetas…” El lector debería leer esta entrevista que aparece en la última página de La Vanguardia del 24-03-2010. No tiene desperdicio. Se daría cuenta de inmediato de nuestra maldad.

Vayamos a casa nuestra, que lo tenemos más cercano. Los medios nos informan de la multitud de casos de corrupción política de alto nivel que hacen mucho ruido y pocas nueces. Ventura & Colomina ilustra uno de bien sonado: el caso Roldán, ex director de la Guardia Civil. En un primer plano Roldán hablando por teléfono con la guardia civil: “Soy Luis Roldán, les llamo porque hay un ladronzuelo merodeando por los alrededores de mi finca”. En un segundo plano una mansión señorial con piscina y tres bellas señoritas retozando bajo el sol. ¿Quién permite las cosas malas, ¿Dios o la justicia humana muchas veces injusta, sobretodo cuando trata con los millonarios? Pienso que deberíamos reflexionar seriamente sobre esta pregunta.

A la vista de la ilustración de Ventura & Colomina, más de uno nos habremos dicho: “Si yo hubiese podido habría hecho lo mismo que Roldán” Esta reacción no es de cuño reciente. A lo largo de la historia se ha deseado poseer lo que los ricos han acaparado. El salmista da esta sentencia: “ No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba verde se secarán” (37:1,2).
Lo que Jordi Alcover considera que Dios permite demasiadas cosas malas, realmente es un período de gracia que Dios otorga en tanto se tiene vida física. Cuando ésta se termina, la sentencia se ejecuta irrevocablemente. Aquí no valen las apelaciones que alargan indefinidamente la aplicación de la sentencia. Cuando llega la hora, la vida no puede alargarse ni un segundo más. Ha llegado el momento de aplicar la sentencia condenatoria. La Biblia nos aconseja a vivir preparados para que cuando llegue el momento el veredicto sea ‘inocente’.

No nos dejemos deslumbrar por las riquezas. Bernard Shaw tiene esta sentencia: “En un mundo feo y desgraciado, el hombre más rico del mundo no puede comprar nada más que fealdad y desgracia”. Los escándalos de corrupción destapados recientemente, ¿no descubren la fealdad y la desgracia de quienes se han dejado llevar por el amor al dinero? La declaración de la Biblia es tajante: “Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe y fueron traspasados de muchos dolores” (I Timoteo 6:10). El libro de Proverbios con su estilo poético del paralelismo en que se contrastan dos verdades, dice: “El hombre fiel recibirá muchas bendiciones, pero el que se apresura a enriquecerse no será sin culpa” (28:20), es decir, no dejará de recibir las consecuencias de su amor al dinero. Si ahora en el tiempo elude las consecuencias cierto es que en la eternidad recibirá el pago. El Juez supremo jamás considera inocente al culpable.

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