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Un secuestro muy discreto
Ángel Ruiz Cediel
No sé si será una figuración exagerada, pero, en un visto y no visto, el Presidente ha pasado de estar en el meollo de cuanto desvarío sucedía en España, conduciéndola y llevando consigo a su partido al abismo, a no figurar en ningún lado, cual si le hubieran encerrado, secuestrado o apartado del poder mediante un discreto golpe de mano. Por arte de una supuesta crisis de Gobierno que sólo un día antes negaba en rotundo, advirtiendo a los cuatro vientos que no iba a cambiar más titulares de ministerios que al de Trabajo, se ha pasado a que la vieja guardia tome de tácito las riendas del poder con mano de hierro, se ha desplazado de sus puestos con mucha discreción a las más controvertidas criaturas que no han cesado de alarmar inútilmente a la población con sus coercitivos decretos y sus absurdas leyes, y se ha instaurado un Gobierno Presidencial donde el Presidente ni pincha ni corta, sino que sencillamente es como si no existiera. Demasiadas voces se levantaban en su partido de la vieja guardia en los últimos tiempos como para que sólo se quedaran en simples discrepancias. ¡Hasta se le rebelaban los enanos!
Algunos expertos politólogos han visto en estos cambios realizaos en el Gobierno una simple maniobra del partido para salvaguardar la credibilidad del propio Presidente, considerando que así, poniendo la cara de Rubalcaba para que se llevara las bofetadas destinadas al Presidente, podrían tenerlo en un reconstructivo formol hasta las próximas elecciones, momento en el que lo sacarían renovado para arrasar con lindura; y hasta quienes apreciaron en este movimiento estratégico un ímprobo esfuerzo de los barones del partido por evitar una debacle en toda regla en las próximas elecciones no sólo por la pérdida de votantes de supuesta izquierda, sino el propio hundimiento del partido. No conviene olvidar que casi por unanimidad (más del 70% de los afiliados del PSOE) reprueban frontalmente la gestión –si así puede llamársele- de Zapatero y sus ministros.
Puede ser que fuera así, no digo que no; pero los hechos y la deriva de los acontecimientos parecen indicar muy disímiles destinos. Zapatero, sin duda encerrado en su palacio de cristal, sencillamente ha desaparecido, y, quien más, quien menos, sabe que su situación es irrecuperable, salvo milagro del Altísimo, porque tiene consumida la credibilidad de las próximas docenas de vidas. La teoría de un oportuno golpe de mano, pues, gana verosimilitud, un poco al modo y usanza como desde las instituciones europeas y de otras potencias no les quedó más remedido que imponer a la derrota de Zapatero ciertas medidas correctoras, tácitamente gobernando ellos por él, si que no querían verse arrastrados al mismo barranco por el que este nefando Presidente nos precipitaba a todos los españoles con la anuencia e inacción de su partido. Es más que posible, incluso, que hayan sido las propias autoridades europeas y de otras potencias las que le hayan exigido al partido la revocación discreta del Presidente a través de esos barones tan bien posicionados en ellas. Todo, en fin, hace pensar, más que en una remodelación inocua de Gobierno, en una acción terapéutica en la que se le ha apartado a Zapatero del poder discretamente para que no nos extinga y arrastremos a Europa a una debacle en cadena. Veremos.
La derrota que llevaba ese equipo de Gobierno no podía ser, desde luego, más espantosa. No sólo multiplicó los daños de una crisis severísima dilapidando los haberes del Estado y propiciando poco menos que el re-enfrentamiento de las dos Españas, sino que lejos de hacer nada positivo que paliara o redujera los catastróficos efectos que estaba teniendo ésta sobre la ciudadanía, se dedicó en cuerpo y alma al anticlericalismo, a la reedición de las Españas enfrentadas a muerte o a entrometerse dictatorialmente en las vidas privadas y familiares, por mencionar sólo algunos casos, entretanto el país vivía en un desgobierno donde cada cual iba a lo suyo. Gastos inútiles, despropósitos constantes, acciones descabelladas, escándalos permanentes y un equipo por de más poco o nada cualificado que parecían legislar con le hígado y que estaba incluso enfrentando soterradamente a las familias del partido, convirtieron una crisis menuda en un práctico golpe de mano que se llevo por delante no sólo a las más polémicas de aquellas personas que hicieron del despropósito bandera, sino que parecen haberle arrastrado al mismo presidente al ostracismo más hermético, encerrándolo en el Palacio de la Moncloa y no dejándole que salga de él sino por prescripción facultativa.
Cierto que a sus auxiliares más controvertidos no se les podía despedir así a las claras, y que incluso era conveniente aglutinarlos en un solo ente para en una segunda etapa mandarlos a todos a las Chimbambas, pero así era forzoso que fuera el movimiento para que la ciudadanía no se diera cuenta, con luz y taquígrafos, que la supuesta crisis era, en realidad, un golpe de mano en toda regla.
En sólo seis años hemos pasado de ser una potencia económica a un chiste universal, mientras el tejido social se podría por el desempleo y la corrupción a todos los niveles, y entretanto los personajes y personajas del Gobierno se dedicaban a frivolizar con leyes tan absurdas que merecerían estar en el Guiness, o a tirar balones fuera gastando auténticas millonadas que nos han puesto al filo de la bancarrota como país, por la alcantarilla. Y eso, claro, sin contar con que propia continuidad de España como país, estaba ya en un fil.
Crisis de gobierno lo llaman ellos, claro, pero da la impresión de que ha sido un secuestro muy discreto, si no un golpe de mano con todas las de la l
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