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Del desesperanzador triunfo electoral del PP
Mario López
Este domingo el periódico PUBLICO nos regaló un magnífico artículo sobre las víctimas de la corrupción: jueces, policías, fiscales, funcionarios y un sastre. Víctimas del acoso del mismo partido que practica la susodicha corrupción con un desparpajo admirable. Pero el PP, en cambio, a sus presuntos corruptos los defiende a capa y espada, poniéndolos como ejemplo de honorabilidad. Para el PP, individuos como Francisco Camps, Jaume Matas, Carlos Fabra o El Pocero, son personas honorables, y todo aquel que lo ponga en duda, aun basándose en pruebas irrefutables, es objeto de persecución. La desfachatez de María Dolores de Cospedal, Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy, entre otros, no tiene nombre. Con esos mimbres se van a presentar a las elecciones municipales, autonómicas y generales con los mejores augurios para ellos. Es posible que para la ciudadanía pese más la eficacia que la honradez. No es algo que diga mucho a favor de la ciudadanía, pero se puede entender que, llegados al punto al que hemos llegado de destrucción de la sociedad del bienestar, la gente se agarre a un cambio político como a clavo ardiendo.
Pero lo que no parece entender la ciudadanía es que de la crisis económica no nos va a sacar ni el PSOE ni el PP. Puede que un hipotético gobierno conservador llegara a hacer mejor las cuentas de lo que ha venido haciendo el actual gobierno, pero las grandes medidas económicas vienen impuestas desde allende nuestras fronteras y el principal problema que podemos considerar autóctono es la desfachatez de nuestro empresariado. Las grandes empresas están aprovechando la crisis para rebajar los derechos de sus trabajadores, declinar los pagos a sus proveedores y aumentar sus beneficios a costa exlusivamente de la reducción de masa salarial, sin hacer nada por mejorar la productividad con la tecnología adecuada y una buena gestión.
Cuando llegue el PP al gobierno, si se cumplen los actuales baticinios, la calidad de nuestro empresariado no va a mejorar por arte de magia, el deterioro de nuestra calidad de vida seguira en manos de instituciones transnacionales y, de propina, soportaremos una corrupción impune. Por tanto, el tiempo que tardaría el hipotético gobierno del PP en caer en un desprestigio semejante o superior al del actual gobierno es lo que tarda Arturo Pérez-Reverte en soltar un exabrupto. Y, entonces, ¿qué nos va a suceder? ¿A qué clavo ardiendo nos vamos a agarrar? Por la cuenta que nos trae, espero y confío en que la sociedad española decida a última hora denegar su apoyo electoral al PP.
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