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Una lección para los iberoamericanos de UK
Isaac Bigio
Al ver el poder que viene adquiriendo esta comunidad uno busca ver cuánto de ese camino falta para tramontar a los iberoamericanos.
Lo primero que llama la atención es el hecho de que en las elecciones del 2010 ningún iberoamericano fue electo ni como parlamentario ni como concejal. Ciertamente hay importantes figuras hispanas en UK (la vice-‘primera dama’ Miriam González, la euro-parlamentaria argentino-española Marta Andreansen y el ex aspirante a líder del conservadurismo Michael Portillo) pero no se ha logrado estructurar un ‘pool’ iberoamericano en la política local, aunque el número de parlamentarios y lores vinculados a comisiones de trabajo iberoamericanas sea mucho mayor al ligado a Bangla Desh.
Esta falta de inserción de los iberoamericanos en el proceso político se refleja en muchas cosas. He aquí algunos ejemplos.
El español ya se ha convertido en la segunda lengua de los colegios secundarios británicos. Solo le aventaja el francés, el cual fue idioma oficial de este reino entre los siglos XI y XIV. Sin embargo, ni éste ni su primo (el portugués) figuran entre los 10 idiomas en los cuales se anuncian traducciones para la alcaldía de Londres.
No hay servicios en español/portugués en muchas aplicaciones o para ir al médico, pese a que ambas son lenguas oficiales de la Unión Europea y a que los nacionales de España y Portugal (incluyendo a los numerosos latinos y africanos que tienen ciudadanía de éstos) no requieren aprende el inglés para conseguir la residencia (a diferencia de los asiáticos y bangladeshís que si la requieren).
Pese a que en Londres hay más hablantes del portugués que en cualquier ciudad hispana no existe aquí si quiera un centro con servicios portugueses. Los ofrecimientos de Lambeth para implementarlo no van despegando mucho.
Si hoy el mayor rascacielos británico está en Tower Hamlets el que le superará en tamaño ya se puede divisar en Southwark. Su construcción en London Bridge (cerca al Tito’s y la Pollera Colorá) viene encareciendo las rentas y obligando a que se vaya presionando para una limpieza social. El hermoso mercado de la Hays Galleria ha sido desalojado ilegalmente para conseguir inquilinos que paguen más.
Las construcciones en Elephant and Castle amenazan con limpiar étnicamente a los hispanoamericanos de un barrio en el cual están tan ligados.
Una de las nuevas propuestas es demoler el Fusion Centre, el lugar donde funciona la iglesia cristiana evangélica latina más grande de Europa y donde nuestra comunidad ha hecho las mayores asambleas con políticos. Sin embargo, esas presiones se tornan fuertes por la debilidad de nuestra comunidad en cuanto a representatividad política.
Basta comparar la situación que hay entre las iglesias evangélicas y católicas que están entre Elephant y Vauxall (la de la Comunidad Cristiana de Londres en el óvalo de Elephant y las dos católicas hispanas en la catedral de St. George y en la Capellanía Latino Americana/ iglesia de Santa Ana). Pese a que allí pueden ir tantos o más feligreses que los que van a la gran mezquita del este de Londres su poder no le llega ni a la rodilla de esta última, la cual, según algunos medios, es el eje de todo un movimiento que ha logrado hacer primero que Tower Hamlets apruebe elegir directamente a un alcalde y luego que el nominado sea uno ligado a ellos.
Las instituciones que ayudan a nuestra comunidad, como el Teléfono de la Esperanza, la Casa Latina, Carila, Girassol, IRMO, etc., languidecen por espacios y fondos.
Los dos últimos casos de deportaciones con hechos de violencia se han dado en la última quincena contra un angolano y un colombiano. Mientras el primer miembro de nuestra comunidad murió, el segundo denuncia heridas.
Sin embargo, los pasos para estructurar una alianza de comunidades iberoamericanas que les una y represente recién están en sus primeros pasos.
El día en que hispanos y lusófonos, latinos e iberos, andinos y brasileros sean capaces de estructurar un bloque que logre nuestro reconocimiento como minoría y su derecho al voto habrán empezado a recorrer el primer techo que los bangladeshís les muestran.
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