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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Donde un leguleyo habla de economía

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 31 de octubre de 2010, 11:07 h (CET)
El humorista y literato, Noel Clarasó, también habló del dinero, dejando para la posteridad un pensamiento demoledor sobre el reparto que la humanidad suele hacer del preciado metal: “El dinero en el mundo estará siempre mal distribuido, porque nadie piensa en la manera de distribuirlo, sino en la manera de quedárselo”. Es evidente que, este medio de medida de valor, que algunos banqueros inventaron para utilizarlo en detrimento del canje de productos y que, en momentos en la Historia de la Humanidad, se podía canjear con su contravalor en oro; ha pasado por tantas vicisitudes en manos de los economistas, banqueros y corredores de bolsa que, como suele suceder cuando se maneja un símbolo de riqueza que ha llegado, con el tiempo, a perder su propia identidad física para convertirse en algo virtual, que ya no precisa fabricarse en ninguna casa de la moneda, sino que basta con que, algunos bancos poderosos, como la propia FED de los Estados Unidos, decidan, por ejemplo, que conviene fabricar algunos cientos de miles de millones de dólares y, en lugar de crearlos físicamente, se limite a hacer un asiento en su contabilidad para que, de pronto, como por arte de magia, la moneda americana aumente su volumen. Hay que decir que, aún que usted tuviera dólares y quisiera permutar su valor con el metal preciso (que se supone que la avala) y se dirigiera a cualquier de los bancos emisores con su pretensión, se quedaría sorprendido al ver que lo despachaban con cajas destempladas y, probablemente, con alguna que otra frase despectiva, ¡Pues no tiene cara este tío, si tiene la osadía de venir aquí a que le demos oro por este puñado de papeles, sin valor alguno! Y por mucho que les pudiera extrañar a ustedes, el iracundo funcionario que mandó a espigar cebollinos al incauto tenedor de moneda, estaba amparado por la ley cuando se negó a la “temeraria” pretensión del incauto sujeto.

Y es que, los ciudadanos de a pie, todavía estamos instalados en la inopia respecto a las vueltas y revueltas que los expertos y, entre ellos, los bancos emisores de las naciones, han sido capaces de hacer para que, una cosa tan sencilla como es una moneda acuñada en oro haya acabado por convertirse en un pedazo de papel entintado, con la imagen de algún prócer de la política y, si es posible, con algún signo masónico para darle más morbo; pero, eso sí, que no vale nada más que el peso del papel en el que está impreso que, ni siquiera sirve para poder escribir encima. Es posible que ustedes, cansados de mis divagaciones, hayan decidido dejar el artículo para coger una lectura más amena, pero, ¡Alto! ¡No lo hagan, por favor! En realidad, con este preámbulo, me quiero referir a los señores del Tesoro norteamericano, a la FED y a sus prácticas que, para algunos que no somos expertos en economía, nos pudieran parecer poco limpias, poco éticas y, un mucho, tramposas, si es que queremos valorar lo que, con sus manejos agiotistas, tienen intención de conseguir. Al parecer, la FED ha encontrado el medio fácil de ayudar a los bancos que tienen activos tóxicos, que han sido incapaces, a pesar de los miles de millones de dólares, que el plan de ayudas del señor Obama les hizo llegar, para que pudieran enmendar sus trapicheos poco ortodoxos; no parece que hayan conseguido salir del pantano de podredumbre en el que sus ansias especulativas los sumergieron; tampoco el multimillonario plan de ayudas a empresas ha dado el resultado apetecido y el barómetro del desempleo sigue, tozudo, dándole malas noticias al inquilino de la Casa Blanca. Como siempre ocurre, hay un listo en todos los gobiernos que, a falta de mejores ideas y planes más eficaces, cree que la mejor manera es estafar a los ciudadanos dándoles gato por liebre. En la FED, ha aparecido el señor Bernanke, su presidente, que ha tenido la idea genial de poder ayudar a todos y, al propio tiempo, favorecer las exportaciones norteamericanas. ¿Cómo? Pues muy sencillo, haciendo que la máquina de fabricar dólares se ponga en marcha y a pleno rendimiento. Con ello la FED se ha dedicado a hacer compras masivas de activos y deuda para intentar acelerar la recuperación económica del país. ¿Qué efectos puede tener semejante medida sobre los ciudadanos norteamericanos y sus ahorros? Pues muy fácil, a medida que el dólar se deprecie sus ahorros van dejando parte de su valor con dicha devaluación. Se destinan unos miles de millones de dólares para salvar a los bancos comprándoles activos tóxicos y, de paso, se hace que el dólar se desvalorice. Esta ingeniosa idea les permite que, con la devaluación del dólar, todo su endeudamiento público quede reducido en la medida en que disminuye su valor. Un endeudamiento que ya supera el previsto en el primer plan de ayudas de Obama, y que tiene la virtud de generar lo que parece que le gusta al señor Bernanke “un poco de inflación”. Lo que ignoramos es si, el pueblo americano, estará tan satisfecho con este objetivo. Dicen los expertos que las “compras masivas de activos” por 1’7 millones de dólares equivalen, para que nos hagamos una idea de su magnitud, a dos veces el PIB de España. Es evidente que, con esta medida, el gobierno americano intenta abaratar su ingente deuda pública por el método ingenioso de fabricar más dinero virtual. Faltaría ver como reaccionarían, ante esta posibilidad, sus grandes acreedores China y el Japón.

Los detractores de esta política de Obama, indican que, con ella, se corre el gravísimo riesgo de que se monetice el déficit público, lo que retrasaría la vuelta a una política normal; una posibilidad que no es conveniente retrasar demasiado, si se quiere estabilizar la situación financiera y económica puesta en peligro por la recesión. Por otra parte, refiriéndonos a nuestro propio país, la posibilidad de que se produjera una nueva depresión, en este caso, inflacionaria, sería la peor de las noticias; si tenemos en cuenta nuestra actual posición de debilidad. En Europa tenemos similares problemas y, según el señor Caruana, el director del Banco de Pagos Internacionales, en el próximo año 2011 deberá refinanciarse el 20% de la deuda soberana global (29 billones de euros); y algo muy importante, de lo que debieran tomar buena nota nuestras autoridades económicas; el señor Caruana advirtió de que “debe trabajarse para evitar que haya que volver a rescatar entidades con riesgo sistémico. Se trata de bancos que, si quiebran, pueden arrastrar a otras entidades”. Esperemos que en este “salvamento” masivo de nuestras cajas, las “refundiciones” y las ayudas a cargo del fondo de 90.000 millones, previsto por nuestro Gobierno; no resulte que, bajo con los mismos gestores, vuelvan a tener la tentación en caer, de nuevo, en aquellos vicios que las condujeron a la situación de pre-quiebra de la que han tenido que ser rescatadas; no lo olvidemos, con el dinero de los impuestos de todos los españoles.

Sin embargo, mientras EE.UU. intenta, con poco fortuna, dar la sensación de que ha conseguido reducir su problema, el señor Obama está pasando por una de las peores etapas de su legislatura y los agoreros ya dan por segura que, en las próximas elecciones. Es más que probable que sufra un fuerte castigo por parte de la ciudadanía americana, lo que, sin duda, van a limitar sus devaneos legislativos. Se vislumbra un nuevo panorama internacional en el que, dos naciones emergentes, como son la China y Brasil, parece que van a tener mucho que decir en lo que van a ser los nuevos capítulos de la economía mundial. Por de pronto, ambas naciones ya han conseguido aumentar su cuota de poder en el FMI, en detrimento de los propios EE.UU. y Europa. Un comentarista ha publicado un denso artículo, en un rotativo español, en el que parece que quiere dar por sentado que, en unos años, todos los europeos vamos a depender de Asia. Puede ser, pero les aseguro que lo lamentaría profundamente.

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