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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

En defensa de Anita Hill

Ruth Marcus
Ruth Marcus
domingo, 31 de octubre de 2010, 10:56 h (CET)
WASHINGTON -- Yo estuve presente durante la vista hace 19 años en la que declararon Anita Hill y Clarence Thomas bajo juramento acerca de cosas que nunca me imaginé que serían debatidas en público, y ante un Comité del Congreso nada menos. La atmósfera estaba cargada, los detalles eran sórdidos. Algunos presentes en la sala creyeron en el relato gráfico de Hill. Otros quedaron convencidos de las vehementes negativas de Thomas.

Pero dudo que alguno de los presentes compartiera la reacción de mi colega Kathleen Parker: "Puede que dijera la verdad, pero ¿y qué?" Tantos años después, desvanecido el recuerdo incluso si las emociones siguen siendo intensas, hay que explicar el motivo de que sea importante.

En primer lugar, si Hill decía la verdad -- y yo estoy segura de que la contó -- el comportamiento de Thomas fue mucho más allá de los comentarios picantes o del flirteo admisible al que Hill tendría que haber mostrado indiferencia. En la práctica, si usted cree la versión de Hill, Thomas en persona reconocía lo mucho que se había alejado de lo aceptable: "Dijo que si contaba a alguien alguna vez su comportamiento, ello arruinaría su carrera".

En segundo, si Hill decía la verdad -- y Parker reconoce que podría haber sido así -- entonces Thomas cometió perjurio. No hay forma de que sus testimonios casen. Puede imaginarse una situación en la que Hill contara lo ofensivo que le había resultado el comportamiento de Thomas y en la que Thomas afirmara no tener idea de que ella se lo estuviera tomando de esa forma. Pero las negativas frontales de Thomas no dejan espacio a esa posibilidad intermedia.

Hill dijo bajo juramento que tres meses después de empezar a trabajar para Thomas en el gabinete de derechos civiles del Departamento de Educación, él empezó a pedirle una cita. "Me sentí muy incómoda con la idea y así se lo dije", dijo Hill bajo juramento. "Pensé que al decirlo y explicarle mis razones, mi jefe abandonaría sus insinuaciones de vernos fuera de la oficina. Sin embargo, a mi pesar, durante las semanas siguientes siguió pidiéndome una cita con diversas excusas. Me presionó para justificarme por decirle que no".

La cosa no acabó ahí. Thomas, dijo Hill bajo testimonio, discutía repetidamente las clases más duras de pornografía -- mujeres que mantienen relaciones sexuales con animales, escenas de violación -- y presumía de su vigor sexual. "Al sentirme extremadamente incómoda hablando de sexo con él y en particular de una forma tan gráfica, le dije que no quería hablar de estos asuntos", dijo Hill. "Mis esfuerzos por cambiar de tema pocas veces tenían éxito".

Hill explicó que cuando Thomas fue escogido para ocupar la secretaría de la Comisión de Igualdad Laboral, ella eligió acompañarle por varias razones: El "ofensivo comportamiento" de Thomas parecía haber cesado; ella se ocupaba de la labor de derechos civiles, y no tenía otros deberes.

Más adelante, el hábito se reanudó: "Los comentarios eran aleatorios e iban desde presionarme para justificar el motivo de no salir con él hasta opiniones de mi aspecto personal", decía ella. "Empezó a mostrar su desaprobación en su tono y en sus manifestaciones y su conducta y su constante presión para obtener una explicación". Hacía comentarios acerca de la ropa que llevaba en términos de si le resultaba o no más atractiva sexualmente".

Hill decía que los debates sobre pornografía de Thomas y la presión por salir con él "me hacían sentir indefensa en mi puesto de trabajo porque realmente quería desempeñar la labor que estaba prestando".

Con el tiempo, según Hill, se marchó para ocupar un nuevo puesto, "sobre todo por mi deseo de escapar de la presión que sentía dentro de la Comisión". ¿Debería haber acudido Hill a un superior? "Puede que cometiera un error de juicio al principio de mi relación con esta cuestión", declaró ella ante el Senado. "Era consciente, sin embargo, de que hacerlo en cualquier momento de mi carrera podría tener efectos negativos sobre mi futura profesión".

Si esto le suena a situación "qué más da", por favor explique cuál sería su reacción si su mujer, su hija -- o usted misma -- terminaran en esta situación.

Luego está el incómodo tema del perjurio. En sus célebres declaraciones del "linchamiento tecnológico", Thomas no deja ningún margen a la posibilidad de un malentendido inocente. Prestó testimonio diciendo "inequívoca y categóricamente, niego todas y cada una de las acusaciones vertidas en mi contra hoy que sugieren que de cualquier forma mantuve conversaciones de naturaleza sexual y sobre material pornográfico con Anita Hill, que en algún momento haya intentado salir con ella, que alguna vez haya tenido interés sexual personal en ella, o que la haya acosado de cualquier forma".

Reconocer que Hill podría haber dicho la verdad es aceptar que Thomas puede haber mentido -- repetidamente y bajo juramento. Si Hill testificó con la verdad, Thomas cometió perjurio. Y esto, hasta a estas alturas, parece un condicionante bastante grave.

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