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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La dieta mediterránea

Piedad Sánchez (Málaga)
Redacción
viernes, 29 de octubre de 2010, 14:36 h (CET)
Es sanísima, no lo pongo en duda, yo procuro seguirla porque además de sana es agradable al paladar. Esto en líneas generales, pero cuando esa dieta se lleva a extremos exagerados termina siendo otra cosa que no es ni mediterránea, ni sana, ni agradable, ni produce los beneficios que se le atribuyen. Me voy a referir a la comida en los colegios públicos, es de vergüenza lo que comen esos niños a partir de los tres años, la comida es escasa, mal guisada, y de mediterránea sólo tiene el nombre.

Un ejemplo de menú: primer plato tres hojitas de lechuga, segundo un platito de lentejas, de postre un yogurt desnatado o dos pedacitos de pera del tamaño de un gajo de naranja, dura y sin sabor. Otras veces: primer plato judías verdes y de segundo espinacas rehogadas. El día que toca pescado dos pedacitos pequeños con espinas, eso a niños de tres años que comen solos. Con todo el respeto a los que hacen los menús tengo que decirles que no tienen ni idea de lo que es una dieta bien hecha.

Los niños deben comer de todo, incluso un poquito de grasa porque están creciendo y necesitan para su desarrollo todo tipo de nutrientes. Darle un yogur desnatado a un niño de cuatro años es quitarle unas calorías que necesita, aparte de todo esto, la comida suele llegar fría, ya que no la hacen en los colegios. A esto, no hay derecho, eso es jugar con la salud de nuestros niños, sé con toda seguridad que las comidas son un desastre, la dieta mediterránea como la están aplicando ni es sana ni es nada positiva para los pequeños.

Ahora, eso sí, tiene unas cualidades magnificas, que es barata, no se para quién, pero es barata, excepto para los padres. Estos padres deben poner coto a esta falta de conocimiento y obligar a quién corresponda a revisar los menús de sus hijos, porque los pequeños pasan hambre y cuando llegan a sus casas piden la merienda casi a gritos. Algunos padres cuando se les habla de este problema suelen contestar: “lo compensamos por la noche y en la cena le damos de todo en abundancia”. Pero eso no es así, el desayuno y la comida deben contener hidratos de carbono, proteína, grasas y vitaminas al completo y la cantidad adecuada, pero lo que comen los niños no es ni para una persona obesa que quiera perder kilos. Padres, os animo a que plantéis el problema adonde haya que hacerlo, es un tema muy serio porque está en juego la salud de vuestros hijos.

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