Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Prioridades

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 29 de octubre de 2010, 08:35 h (CET)
Por sus actos los conoceréis. Las encuestas y estudios, fríos análisis que reducen las grandezas y miserias humanas a simples guarismos, no dejan de ulular advirtiendo que estamos cayendo por el abismo, así en lo doméstico como en lo internacional. Miseria, desempleo, expropiaciones y desalojos, pobreza galopante, pérdida de derechos, mendacidad de cuerpos y almas, aborto libre, deshumanización del adversario y mil gusanos por el estilo devoran el cuerpo de nuestra realidad cotidiana ante la inacción tanto de gobiernos como de electores, porque las prioridades de los unos es ganar las elecciones de 2012 a como dé lugar (“haremos lo que nos convenga, respetando la ley sólo si nos conviene”, Pablo Iglesias dixit), la de sus adversarios desbancar a quienes ocupan el poder para ponerse ellos, igualmente al precio que sea, y la de los votantes sobrevivir, cuestión ésta bien peliaguda en los tiempos que corren. Y esto sólo en lo doméstico, en lo nacional, porque en lo internacional esto mismo se multiplica.

Poco importa que detrás de cada dígito, de esos tétricos guarismos que saltan a las encuestas sobre las rutinas que nos asolan, haya una tragedia que afecta a cada uno de los muchísimos millones de compatriotas, a cada uno de incontables ciudadanos que debieran tener, al menos, tantos derechos como nosotros, pero a los que se ignora supinamente porque no tienen tribunas desde las que manifestar su desesperación y su desprecio. Son números, y a los números se los traviste, se los maneja y se juega con ellos con ellos según le conviene a cada interés. El frío es doloroso y lento, como el hambre, como la desesperación, como el sufrimiento; se cocina a fuego lento como en una tortura, y se ve languidecer el alma propia y las de los hijos en un hervor pausado y cruel porque a nadie le importa. Ésa es la realidad de la que huyen los políticos, quienes en su prioridad están, antes que poner remedios, acumular fortunas, desprestigiar al otro, dirigirse a masas enfervorecidas en actos que cuestan millonadas, todo muy estudiado y lujoso para que dé bien en las televisiones. La prioridad es hacerse con la caja, la pasta, el poder: nada más. Si hay que vender a España, se la vende, y si hay que hacerlo a retales, se la desguaza; si hay que decir que un feto humano no es humano, se dice y se legisla; si hay que prohibir la libertad, se la coarta; si hay que ignorar a los que sufren, se los convierte en números; si hay que mentir, se miente; si hay que proteger el mangoneo del hermano de compás o de partido, se juega con la ley; y así con todo. La prioridad de nuestro tiempo es tener poder, una casa grande, dinero en el banco, propiedades, viajar, tirarse a niños (como supuestamente se ha jactando por ahí algún gurú-escritor ridículo de pestífera literatura y desvarío permanente), presumir ante los otros, demostrar que somos más de todo, incluidos más hijos de puta.

Pero si esto es en lo doméstico, algo parecido sucede en el mundo. Harto estoy de proclamarlo en los mis obras, unas novelas que son lo bastante políticamente incorrectas como para, a pesar de tener muchos merecimientos como haber sido finalistas de todos los premios literarios con alguna relevancia, no encontrar lectores y sellos que se intereses por ellas, porque no convienen, porque uno está en la lista negra ésa que no existe, está en el Índice del Santo Oficio inquisitivo de la realidad adamada y pestífera que habitamos, ésta de imposturas y mentiras que consideran a la sociedad como una borregada. Gentiles, nos llaman ellos despectivamente.

El mundo y el orden se descuartizan en la impostura por simple entropía. El sufrimiento de nuestros hermanos, tanto de nuestro país como de otros pueblos, sólo sirve como noticia si puede convertirse en un reality show que pueda entretener nuestro tedio: mineros sepultados, terremotos, tsunamis, erupciones, guerras, Wikileaks, torturas, guerras: el dolor es espectáculo. La vida es espectáculo. El sufrimiento es espectáculo. Ya no hay que ir al cine o al teatro, basta con pasear por la calle o encender la televisión. Nosotros somos el espectáculo. Poco importa que se vendieran el Sahara y a los saharauis por un chalé junto al rey de Marruecos, y que los rifeños se estén fumigando cruentamente ante la indiferencia de España a quienes fueron españoles de una de nuestras provincias africanas; se les desposeyó de sus derechos, se mintió a los ciudadanos y ha servido para hacerse casas espléndidas. Poco importa porque no son ni números siquiera, son anécdotas de telediario, chismes de entretenimiento. Importa más defender sangrientas dictaduras, medrar por sostener el horror y la muerte que se desarrolla en los predios de quienes son compañeros de andadura, como Cuba o Venezuela; importa que veamos el infierno lejos en cada noticiero y que sepamos que allí se tortura a sangre fría en nombre y favor del Imperio, desviando la atención de que mientras tanto aquí que hacemos lo mismo –o peor- en nuestros hospitales, con nuestro futuro y con nuestros hijos. Cuestión, ya digo, de prioridades. El mago, el brujo, con una mano despista para hacer el milagro con la otra.

Y si no llega los dineros que atiborren las bolsas de los desalmados, nada de cortar despilfarros, nada de someter a los corruptos o los especuladores: se suben los impuestos de los gentiles, de la borregada, se manejan a capricho las facturas o se venden pedazos de nuestra esencia a quienes quieren destruirnos como conjunto. Lo que sea necesario por la prioridad de seguir mamando, pues son mamones y lo necesitan. Cuestión de prioridades, nada más que eso. Todo se reduce a una simple cuestión de prioridad.

El tiempo, adempero, nos ha alcanzado. Tal vez por eso el poder, que lo sabe, no hace nada y se consagra a disfrutar desesperadamente su último baile. Dicen los físicos cuánticos que la realidad la conformamos con nuestra conciencia, que alteramos los resultados sólo con observarla, con participar de ella. Nuestra conciencia, en fin, ha y está dibujando el porvenir. En el Caribe y en Malasia está teniendo su reflejo por ahora, paso primero de un baile que se las promete de muy movido, y ya ha advertido dos veces. Dos veces, sí, ha sonado la chicharra de aviso de que el último acto de la función comienza. De bien poco les valdrá a los pérfidos y a los corruptos los dineros acumulados, ni importa que las ratas se hayan construido refugios subterráneos que pretendidamente les procuren la supervivencia, porque lo que está por llegar, como muy bien lo saben y ocultan, no dejará a nada ni a nadie a salvo. La cosecha de lo que sembramos ya está por ser recogida, y los segadores también tienen sus prioridades. Quien siembra vientos cosecha tempestades, en fin, y ya veremos cómo se las arreglan estos mercachifles para sobornar a éstas.

Noticias relacionadas

Opus Dei: Comentario crítico a una carta (XXXVIII)

¿Quizá fuese eso lo que pretendía para sus “hijos” el marqués emérito de Peralta, don Josemaría Escrivá de Balaguer Albás y Blanc?

¡Alerta roja! España en peligro por el avance separatista

“Ríe de tus lágrimas mientras las lloras” Mark Manson.

La injusticia no es inmune

"Nos corresponde hacer del mundo un lugar para todos"

La soberanía judicial española

“ Deducir que el delito de rebelión supone una exoneración del mismo, solo por haber denegado dicha Corte la euroorden del Tribunal Supremo que pesa sobre el fugado Puigdemont para el delito de rebelión, es una falacia más de los independentistas catalanes”

Milagros

Casi todo el mundo cree que los milagros son el resultado de aplicar fórmulas mágicas o de la intervención directa de Dios
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris