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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

La crítica y los insultos

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
jueves, 28 de octubre de 2010, 07:21 h (CET)
Los cada vez más fanáticos simpatizantes de esa pseudoizquierda psoeriana (con perdón para los de Soria) que se conduce con maneras dictatoriales de extrema derecha (stalinista-liberaloide) están que trinan con algunas críticas, y, a la vez que nos acusan a quienes mostramos desagrado o displicencia con algunos líderes sociatas de provenir como un rebuzno de un único pajar, se aúnan sus aullidos de disgusto como ecos salariales de una misma caja. Son, según se ve, los intelectualoides soberanos, los que otorgan el salvoconducto para ser bueno o malos, demócratas o fascistas y hasta religiosos o laicos; y los que aún se mantienen en el sofisma de que toda libertad, calidad y coherencia parten sólo desde la izquierda, y que lo demás es ultramontano, franquista, prosapia de simpatizantes de atroces dictaduras de brazo en alto y todo eso. En realidad, es el berrido de la más supina e ignominiosa ignorancia.

Vivimos en una sociedad de libertades de postín –continuamente coartadas con arteros decretos por ese partido que se ha pasado la vida mintiendo y manipulando- que no se corresponden con la realidad. Para las críticas favorables a sus posturas tienen en su argot los epítetos como razón, intelectualidad, bien pensar, capacidad e inteligencia, y tal vez otros más floridos, y una batería de ternos para denigrar a los displicentes que criticamos sus desmadres. Tal vez esperan que así tendrán un hueco en el pesebre, y que, gracias a ello, un día recibirán en contrapago un Príncipe de Asturias, un Planeta o quién sabe si un Cervantes, si es que no son propulsados al Nobel como algunos garabateadores lo son y han sido gracias a los servicios prestados. Al tufo de la cuadra siempre se estuvo calentito.

Sin embargo, no son capaces de colegir, a pesar de su cósmico talento, que entre los discrepantes o los críticos más ácidos podemos encontrarnos, además de fascistas redomados de mucho Cara al Sol y ansias imperiales, personas que somos capaces de pensar por nosotros mismos, hombres que utilizamos nuestro intelecto sin pedir permiso, sin las ataduras de un pesebre y sin esperar más beneplácito que el de nuestras propias conciencias, llamándole al pan, pan, y al vino, vino, gústeles o les desagrade a estos lamedores profesionales tan duchos en el etiquetado del adversario, que somos cualesquiera que no pensemos como ellos, a quienes nos extornan las características dones de su propio proceder: fascistas. Demasiados padres tienen algunos para responderles como merecen.

No sé si la derecha está tan uniformada como dicen, y me importa un güevo; pero de que lo está la pseudoizquierda sociata, no tengo la menor duda. El balido es universal, palabra sobre palabra. Y me sorprende, porque hay algunos de esos baladores que siempre me parecieron personas de mucho talento, pero que, adempero, lo desdicen estos articulillos en que nos meten en el mismo saco a cuantos mostramos descuerdo con esto/éste o con aquello/aquél. Y me sorprende doblemente porque les infiero una buena porción de inteligencia y de capacidad de discernimiento, teniendo a su alcance, lo mismo que todos los demás, datos historiográficos con todo detalle de un devenir tan lastimero como aberrante. Y no, no soy de derechas, ni siquiera simpatizante de ninguna clase de fascismo, por discrepar y criticar a esta panda de militones, y ni de lejos me próximo a posturas liberales. Si quieren informarse estos ello antes de rebuznar, en mi web está publicada la obra de toda una vida –de toda-, y no hallarán en ella un ápice que sustente semejante majadería. Discrepar del PSOE, en fin, no es simpatizar con la derecha, por más que algunos necios nos etiqueten y consoliden como lo que no somos. España es así, y por eso da un poquitín de asco. Allá ellos, en fin, que quienes verdaderamente somos lo que somos, no tenemos que rendir cuentas a nadie ni recibir consignas. Si no les gustan nuestros puntos de vista, que se jodan: ya tienen demasiados inmerecidos aplausos.

Es curiosa esta postura por la que a los disidentes con lo que ellos piensan, siempre, o casi siempre, nos nombran como si estuviéramos devorados por la envidia. ¿Envidia, de quién?... No es por nada, pero les puedo decir a estos sabios del insulto gratuito que, sin ser siquiera un católico practicante, algunos pseudoizquierdistas de su calaña me negaron premios literarios de primera magnitud por ser… una rata de sacristía. ¡Qué cosas!..., ¿verdad?... Y ya ven, aquí me tienen, sin encontrar un sello editorial distinto del propio a pesar de mi bagaje, y a pesar de que hay más literatura y con mucho más ornamento y fundamento en una sola página de “Germen de Dios, semilla de diablo”, por ejemplo, que en toda la obra vital de esos escritores de chica y nabo ensalzados por intereses políticos o de logia que inundan los anaqueles de las librerías. Discúlpeme, que a lo mejor es cosa de la envidia, y el haber superado hace decenios cómo se hace la O con el culo de un vaso (que es en lo que están éstos) es algo que me revienta.

Ésas, y no otras, son las señas de esa izquierda de coerción y podrida cultura que nos ha asolado con intelectos semejantes, duchos solos en el exabrupto y la mentira, pero de escasos o nulos rudimentos para pensar por sí mismos, vayan a los programas televisivos que vayan o se enfunden en las horteras túnicas que sean. En los márgenes de la sociedad –eso lo saben hasta los asnos más iletrados-, siempre estuvo lo más florido de este país en el que para tener cierta oportunidad es preciso rumiar la paja de un pesebre del partido, del sistema o estar muerto. Ahí tienen la Historia, no es que yo lo diga… por envidia.

Pues, les guste o los displazca, nosotros, los hombres libres, con el riesgo que supone el uso de nuestra libertad –ya lo ven- seguiremos criticando a quien nos plazca tan acídulamente como nos plazca, póngannos los sambenitos que quieran. Y, a quien no les guste, ya saben, que nos den un paseíllo en cuanto puedan, que no tardarán en hacerlo, seguro. ¡Anda y que les frían un güevo!

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