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El retorno de los brujos

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
martes, 26 de octubre de 2010, 07:28 h (CET)
No sé si cansados de incongruencias o si de majaderías, en Europa, primero, y en la vieja guardia de su propio partido, después, todo el mundo parece que se siente cualificado para corregir la tan errática como peligrosa deriva que lleva Zapatero y su Gobierno multiplicando los problemas, no solucionando ninguno y convirtiendo lo difícil en irresoluble. Una derrota que amenaza ya con la extinción del propio partido por agotamiento de la fe de sus votantes, y que pone en serio riesgo una andadura azarosa e irresponsable, pero extraordinariamente rentable para los intereses de algunos viejos y jóvenes elefantes blancos que no hay más que ver cómo viven, qué relojes se calzan en las muñecas o qué chalés tienen junto a reyes y principados. De los 14 millones de pesetas de anteayer a los incalculables millones de euros de hoy, demasiado progreso ha habido como para echarlo a perder por esta partida de incongruentes, y, claro, se hacía necesario el retorno de los brujos que evite el derrumbe y faculte seguir en el ajo.

Echo de menos que Leire-Pajín no haya proclamado el evento cósmico con las trompeterías de su desvarío, y lo achaco a que los brujos que retornan la tienen en tan poca consideración como sus propios compadres de la nueva guardia, quienes más parece que la han elevado en el cargo de una patada en salva sea la parte, en un a modo y manera de propulsión denigratoria: cobra y vete. Sin embargo, a pesar de que los brujos no regresan con coheterías grandilocuentes de retorcida y vacua oratoria, están ya aquí con toda su magia negra, su alargada sombra de GALes irresolutos, de elefantes blancos primo-rivereños que trompetean veintitrés-efes e incógnitas jamás despejadas, y todas las truculencias de aquel savoir faire que antaño instaurara la corrupción inter nos para siempre, dejándola exclusivamente a falta de un ministerio que la regule y ordene.

Vuelven los brujos, pues, orlados de canas en las sienes y precedidos de famas suntuarias de Comités de Sabios universales, con ropas de mucha marca y boato y con todo su vudú, dispuestos a la adamada truculencia que sea necesaria para alucinarnos con unos cuantos milagros de prestidigitación que les permita alucinar a la cantidad suficiente de votantes para seguir bien aferrados como conjunto a la teta patria que les engorda y nutre de haberes y poder. Tal vez promuevan entre los de la ceja un coro de voces atipladas que orne de egregio heroísmo sus acciones y mueva los corazones del populacho al ritmo de las falsas banderas de la progresía pseudoizquierdista, haciendo olvidar a la masa aborregada que fueron ellos, precisamente, los que establecieron “coyunturalmente” el empleo basura como fórmula de contrato para los trabajadores, convirtiéndolos en nada más que objetos; los que liquidaron de contenido el Estatuto de los Trabajadores; los que hicieron piruetas de saltimbanquis entre el izquierdismo militante ultra revolucionario y la jet set; los que nos sedujeron con reconversiones que liquidaron el tejido industrial de España, convirtiéndola en una Cuba de disipación de vicios al servicio de Europa; los que, bajo la sombra de sus halcones, vieron cómo celebraban sus misas negras os pistoleros del GAL y los que, vendiendo polisarios y principios, prefirieron renunciar a las justas aspiraciones de un Sahara independiente para hacerse chalés junto al rey alauita.

Cuestión de intereses e ideologías, sin duda. Aquellos mismos bajo cuyo paraguas siniestro caminaron en plena libertad los pistoleros y los corruptos y se entenebreció para siempre la vida ciudadana, no volviendo nunca más a ser cosas derechas y mucho menos honestas, que fomentaron y difundieron el rencor de las dos Españas, que liquidaron sus 100 años de honestidad en una subasta a la baja y que nos timaron con su “OTAN de entrada no” para colocar al frente de ella al más falazmente crítico de los suyos, están de regreso para, beneficiándose de la amnesia o el alzhéimer que procuran los años en los que lo vivimos y de la inocencia de las legiones de jóvenes que ya son votantes y no sufrieron tan escatológica degeneración aquellos años de ignominia fraudulenta, vuelven con todo su bagaje de acompañamientos a las puertas de las cárceles y su patética tiniebla de negocios sucios y política del pelotazo. “Lo que hay que repartir,” en fin, “no es la pobreza, sino la riqueza”, y ellos tomaron su parte y corrieron, y, seguros ya de que ha pasado el tiempo suficiente que les condona las deudas de aquel patético ayer, vuelven a por otro pellizco.

Escuece la memoria de quienes la tienen cuando se contempla cómo los pérfidos que nos sumieron en los horrores más feos, torticeros y deplorables, regresan investidos de túnicas beatíficas y salvadoras al resguardo de famas inmerecidas y de una injusta Historia que escribieron ellos mismos a su medida. Escuece y pica que los mismos que vendieron credos e ideologías, los que convirtieron en esclavos a los trabajadores y los ofrecieron un porvenir de incertidumbre y desesperanza a todo un país que ya sólo se descuartiza entre baldíos intereses pecuniarios sin sustancia alguna de conjunto, regresen como salvadores para echar una mano a los que sólo han seguido su senda. Los fantasmas del pánico se desperezan desde sus pretéritos y los pánicos del anteayer surgen briosos con ellos de las fosas del olvido, buscando un espacio entre nosotros que les sacie su sed de angurria y maledicencia.

Por el desierto corredor de cripta de un pasado que creíamos superado, se escucha con ronco eco el taconeo de los pistoleros de mirada aviesa, el murmurio de los mercaderes de las almas y las acérrimas tinieblas de un KGB que reedifica lúgubres celdas y checas para los disidentes, e instaura aparatos de información y control para tejer su red de araña en la que atrapar las conciencias de los ingenuos.

Lo más sombrío de España es que no aprende sus lecciones, como un tonto al que se puede timar una vez y otra, y por ello ha de pagar con horror, sindiós y sangre el costo de su ignorancia. Vuelven los magos negros, los brujos que antaño nos desnudaron de haberes, credos, fes, derechos, con sus bártulos circenses y su oratoria embaucadora a entenebrecer nuestro futuro. Vuelven con su truculencia discursiva, retornan a por las migas de lo poco que dejaron y regresan con sus trucos de masas a embobarnos, sacándose conejos de la chistera que conviertan a los de ETA en buenos chicos, a los especuladores en ángeles y los oportunistas en santos. Están aquí, han regresado los brujos. Prepare una buena porción de vaselina de buena calidad, o dispóngase a no sentarse en unos cuantos decenios. Por experiencia se lo digo.

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