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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Irritación e indignación en la esfera pública

Kathleen Parker
Kathleen Parker
martes, 26 de octubre de 2010, 07:17 h (CET)
NUEVA YORK - Juan Williams ha aprendido una importante lección: Cuidado con la palabra que empieza por eme.

El ex analista de la cadena pública de radio NPR, despedido de su puesto por un comentario informal que hizo acerca de los musulmanes en la cadena Fox News, se ha convertido en la víctima más reciente de la policía del pensamiento.

¿Qué es lo que dijo? Que se pone un poco nervioso cuando ve gente entre el pasaje de los aviones "con vestimenta musulmana". Prrrrrt. ¡Que lo corten! Y así Williams ya no está afiliado a la NPR, aunque aceptó un bonito puesto en la Fox como compensación -- un contrato a tres años por alrededor de 2 millones de dólares.

La expulsión de Williams se produce poco después del propio revuelo público provocado por Bill O'Reilly en "The View", el programa de revista femenina en el que mujeres de distintas generaciones debaten la actualidad en diversos grados que no pueden ser percibidos por los varones heterosexuales. Ahí es nada. ¿A cuántas personas me las arreglo para ofender con esa graciosa pero bastante cierta descripción?

O'Reilly cometió la temeridad de decir que los musulmanes nos atacaron el 11 de Septiembre. Prrrrrt. Entre graves chillidos y molestias (molestias femeninas), Whoopi Goldberg y Joy Behar abandonaron el plató en señal de protesta. O'Reilly logró conservar su puesto de alguna forma a pesar de haber dicho algo que es verdad. Pero no totalmente verdad.

Lo que sufrimos es un error de matiz. En el caso de O'Reilly, claramente debió haber dicho "extremistas musulmanes" o "terroristas musulmanes", no simplemente musulmanes, como aclaraba más tarde. Hemos logrado evolucionar lo bastante en este país para entender que no todos los musulmanes son culpables de atacarnos, y que el resto de los 1.600 millones de musulmanes no deberían ser difamados junto a los 19 canallas que secuestraron aviones comerciales. (Gracias a George W. Bush por darnos permiso para utilizar la palabra "canallas" en cualquier momento que nos apetezca).

Tanto Williams como O'Reilly pueden haber suspendido a la hora de matizar lo suficiente sus declaraciones del momento, pero ninguno de los dos merecía el escándalo. Los atentados del 11 de Septiembre fueron evidentemente perpetrados por caballeros que decían cometer un asesinato-suicidio en masa por Alá. ¿Y sabe qué? Montones de estadounidenses sufren un momento de libre asociación al embarcar en aparatos junto a alguien cuya vestimenta dice, "Oh, a propósito, soy un musulmán lo bastante serio para vestirme tal como ordena Alá", pero tranquilo.

Tal vez no deberíamos regodearnos en esas ideas, pero lo hacemos. ¿Es mejor que manifestar nuestro miedo y abordarlo, o debemos reprimirlo y guardarnos nuestras opiniones? Espere. Voy a reformular eso. Vamos a guardarnos nuestras opiniones, pero también a hablar abiertamente de nuestros temores.

Apostaría tranquilamente a que Williams no dijo nada que el 99% de estadounidenses restantes no haya pensado en privado. Lo que podría haber acompañado a esa declaración -- mucho más útil que una disculpa pública mojigata -- es el debate que estamos manteniendo. O que yo estoy manteniendo al menos. ¿Hay alguien ahí?

Ese debate podría incluir plantear los siguientes interrogantes: ¿Tenemos miedo a la gente vestida de musulmán? ¿Es racional? ¿Qué podemos hacer al respecto? ¿Cómo pasamos página del citado subconsciente?

Para los simples mortales es difícil ir más allá de sus temores naturales y prejuicios -- y a veces basados en la lógica. A veces el miedo nos hace sentir vivos; a veces crea supuestos injustos. Hablemos de eso. Imaginemos la forma de no tener miedo o difamar a gente que no viste igual que nosotros, pero con la que compartimos el planeta -- y el vuelo.

Los directivos de la NPR tenían derecho a despedir a Williams, pero claramente se extralimitaron. Pero es que la NPR (donde tengo muchos amigos) es el eje de la sensibilidad. La gente se sienta en sus despachos a menudo en la posición del loto y se ofende de forma invariable si preguntas por qué hablan "de esa forma". Observe: nada de estereotipos, nada de sentido del humor.

Los comentarios de O'Reilly fueron más abrasivos y menos sensibles que los de Williams -- qué sorpresa -- y la rabieta de las damas que abandonaron el plató es el sueño de un acosador: Ay sí, de verdad, perded de verdad los nervios y marchaos y decid que no vais a volver a hablarme nunca, sobre todo mientras hablo con el banco por teléfono.

Como entonaba Bárbara Walters, la voz madura del programa: Esto es exactamente lo que no debería pasar.

Moraleja de las crónicas: No vamos a llegar a ninguna parte en nuestra encomiable búsqueda de equilibrio y tolerancia censurando la expresión de ideas honestas. Los musulmanes no nos atacaron el 11 de Septiembre (ver arriba); y la mayoría de los estadounidenses se enfrentan a miedos que, aunque no irracionales, deben ser examinados sin pasión.

Si censuramos la expresión, nos arriesgamos a pasar por alto las ideas geniales que pueden surgir del caos de nuestro razonamiento menos atento.

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