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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Un golpe maquinado dentro del PSOE?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 25 de octubre de 2010, 07:31 h (CET)
Es evidente que, a los simples ciudadanos de a pie, nos resulta difícil entrar en los intríngulis de la “alta política”. Y si queremos intentar comprender la mente de nuestro señor Rodríguez Zapatero, todavía peor que peor; seguramente, por esta facilidad que tiene nuestro señor Presidente de urdir maquiavélicas ideas que, en ocasiones, lo sitúan a la altura de los grandes intrigantes que hubo a través de los siglos; entre los que podríamos hablar de Rasputín, el gran visionario de la corte zarista o de Fouché, el genio del mal del periodo que transcurrió entre la Revolución francesa y la asunción por Napoleón del poder. Es posible que, también, en tiempos más cercanos, lo pudiéramos comparar al camarada Stalín, aunque sin su poder, sin su locura genocida, pero sí con su obsesión por permanecer en el poder a costa de lo que fuere. Sin duda, todos estos personajes históricos fueron verdaderos maestros en el arte de la conspiración, el complot, el trapicheo o el politiqueo y, es posible, que nuestro ZP haya salido un alumno aventajado en eso de revolver las pócimas de la política y el maquiavelismo. No obstante, a poco que nos paremos a analizar los cambios que el señor ZP ha llevado a cabo en su gobierno (según él, una idea que la pergeñó en un solo domingo); en esta ocasión concreta, nos inclinamos hacia otra teoría que a alguien quizá le parezca descabellada, pero que no deja de tener bastante verosimilitud por poco que nos paremos a analizar la precaria situación de ZP y su gobierno durante los últimos tiempos; incluso, podríamos precisar más: desde que el señor Obama, Bruselas, el BCE y el FMI le leyeron la cartilla, a principios de mayo pasado, cuando la situación de España, incapaz de pagar ni renegociar la deuda que estaba a punto de vencer y sus intereses, debido a la desconfianza de los inversores en el Estado español; estuvo a punto de llevar al país a la quiebra soberana.

El cambio radical de la política que tuvo que dar el PSOE y el señor Zapatero, al tener que someterse a las instrucciones que se le dieron para que la CE y el BCE se pusieran en marcha y se las agenciaran con 750.0000 millones de euros para ayudas a las PIIGS y entre ellas, con carácter de urgencia, a España; sin duda le obligó a ZP a dar un giro de 180º en lo que era su política, enfocada al despilfarro social, al gasto desmesurado del sector público y a una protección de tipo keynesiano de la economía, basada en el intervencionismo estatal. Evidentemente, este cambio brusco dejó a nuestro Presidente y a su equipo de gobierno en una situación desairada, no sólo ante los Sindicatos, que también, a los que, no obstante, quiso aplacar mediante subvenciones millonarias; sino que, ante su propio electorado, que le había permanecido fiel durante la legislatura, aún que en varias ocasiones el señor ZP no tuvo inconveniente en intentar venderles gato por liebre, con el tema de la crisis y de la verdadera situación de España ante la recesión mundial. El panorama, a partir del mes de mayo, sufrió un vuelco radical de forma que, la caída de la credibilidad del señor Presidente y de todo el Ejecutivo, fue aumentado en proporción geométrica. Así fue como, sin comerlo ni beberlo, el PP del señor Rajoy, se encontró con unas encuestas que lo situaban, en intención de voto, a 14 puntos de distancia de los socialistas.

No fue una mera casualidad que el señor Barrera, de Castilla y León, se rebelara contra su líder, en una declaración que oficialmente fue considerada como extemporánea, pero que puso los puntos sobre las íes al decir que: si el PSOE seguía por aquellos derroteros iba sin duda hacia una catástrofe electoral. Tuvo que rectificar públicamente, pero no hay duda de que, el Presidente de la comunidad castellano-leonesa, no había hecho más que ponerle voz a un sentimiento generalizado entre muchos de los barones del partido socialista y, en especial, de la vieja guardia del felipismo que, hasta estos momentos, había quedado silenciada, aparte de algunas advertencias a cargo del propio González, en las renegaba de los errores garrafales de ZP. No resulta descabellado pensar que, ante la evidente pérdida de posiciones del partido en el Gobierno, su progresivo aislamiento en el Parlamento y el tener que acudir a dos formaciones políticas minoritarias (que lo chantajearon a gusto) para conseguir sacar adelante unos presupuestos que se sabe, positivamente, que están basados en premisas falsas, como pudiera ser la estimación del crecimiento del PIB, para el 2011, en 1’3% cuando los más optimistas hablan de un 0’6% o un 0’7%; se produjeran en el seno del PSOE movimientos de algunas de sus figuras más representativas, encaminados a pararle los pies a ZP y establecerle una tutela, para evitar que continuara desbarrando, tanto en cuanto a lo económico como respecto al despilfarro del gasto público; sin que, con ello, se lograra avance alguno en la reducción de la tasa de desempleo ni mejora en el déficit público.

Dos pesos pesados del felipismo, el incombustible Rubalcaba y el eficaz y moderado Jáuregui, no dan la sensación de que sean el tipo de ministros que ZP elegiría para ocupar lugares tan decisivos en su gabinete. Es evidente que, su egocentrismo, le ha hecho buscarse colaboradores que se limitaran a seguir sus órdenes e indicaciones; de modo que, todos aquellos que se atrevieron a hacerle observaciones, como el propio señor Solbes, fueron apartados de sus puestos y sustituidos por otros más sumisos, como es el caso de la vicepresidenta segunda, señora Elena Salgado. El que, ahora, haya tenido que inclinar la cerviz y permitir que le arrebataran su brazo derecho, la señora De la Vega, renunciar al ministerio de Igualdad, –algo que fue una idea propia, fruto su tendencia de establecer en España las más duras medidas nunca implantadas, como fue la Ley del Aborto e implantar, a golpe de decretos y leyes, una especie de matriarcado dirigido por una persona indocumentada, ególatra y resabida, que quería suplir su ignorancia con salidas que la calificaban como inepta, no sólo para su cargo de ministra, sino para cualquier otro cargo de responsabilidad – y verse controlado de cerca por dos pesos pesados del felipismo como son Rubalcaba y Jáuregui (todo el resto de los neófitos son mera anécdota), no nos permite pensar más que en una especie de ultimátum que le han presentado los barones de su partido, para intentar salvar lo que se pueda recuperar de los restos del socialismo. No debemos olvidar que tienen encima elecciones autonómicas, como las catalanas y, posiblemente, las que más les escuecen, las andaluzas; en ambos casos con malas perspectivas y con amenaza de caídas espectaculares que, sin duda, pueden ponerles muy difíciles las elecciones del año 2012.

Será un ejercicio muy interesante el comprobar si, la risita de conejo del señor ZP en la jura de los nuevos ministros, no era más que uno de sus extraños gestos o si encerraba en sí el disimulo de la contrariedad que le produce el ver que ha perdido su sitial de maestro absoluto de ceremonias y jefe indiscutible del socialismo, viéndose relegado, aunque, en apariencia, siga ocupando la presidencia del Gobierno, a una posición de simple marioneta, manejada desde el back stage por el sibilino Rubalcaba, ayudado por otro de los felipistas, el señor Jaúregui, que había sido apartado de la primera línea, para sumirlo en un semiostracismo por este señor que, ahora, lo ha designado para su gabinete. Y una observación: ¿cómo, si se intenta ahorrar suprimiendo ministerios, se quedan las dos defenestradas, la Aído y la Espinosa, ocupando cargos importantes en los mismos ámbitos que se supone que han sido suprimidos o, al menos, absorbidos en otros ministerios?, ¿acaso es esta la forma que tiene el Gobierno de ahorrar o es que, cuando se trata de su gente, esto del ahorro es una mera filfa? Dice la Biblia: “¡Cómo caíste de los cielos, Lucifer, hijo de la mañana!” Ustedes saquen conclusiones.

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