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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Un país en almoneda

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
sábado, 23 de octubre de 2010, 22:43 h (CET)
Aquellos tiempos no tan lejanos de sacar pecho y presumir de ser la mejor Autonomía de España ya no son los vientos que soplan por la Comunitat Valenciana, antes País Valencià y mucho antes Antiguo Reino de Valencia, tenía que llegar y ya ha llegado, el tiempo de las vacas flacas está llamando a la aldaba de las puertas del pueblo valenciano mientras Camps y los suyos se han pasado dos años más preocupados por sus visitas a los pasillos y salas de los juzgados que por gobernar con buen tino y corrección una tierra que no se merece unos políticos como ellos. Después de los fastos y boatos a los que tan acostumbrados están Francisco Camps y Rita Barberá, entre otros, ahora llega la hora de poner en almoneda este país que no han sabido sacar adelante.

Durante años han estado vendiendo humo y la verdad es que los votantes valencianos se lo han venido comprando y, seguramente, lo seguirán haciendo, el pueblo valenciano tiene su voluntad secuestrada por los vómitos informativos que desde Burjassot cada día expele la televisión autonómica más al servicio del poder que nunca. Los televidentes que tan sólo se informan por Canal 9 viven en una Arcadia feliz en la que la riqueza prende de las palmeras como esos “racimos de oro” que canta el himno del maestro Serrano. Aquí nunca pasa nada que pueda alterar el pensamiento único al que el Partido Popular tiene sometidos a los medios informativos que de él dependen, y si alguna noticia no es del agrado de quien sustenta el poder político no se emite pues ya se sabe que lo que no sale por televisión no existe. De ahí una parte de la lucha que Camps y sus conmilitones llevan contra el derecho a que TV3 se pueda sintonizar en tierras valencianas ya que por una parte muchos valencianos se darían cuenta que entienden perfectamente el catalán y por otra se corre el peligro de que los televidentes valencianos de la televisión autonómica catalana conozcan los sucios trapicheos de los dirigentes de la Comunitat.

Éramos los mejores, desde todos los rincones de España nos miraban con sana envidia y todo el mundo hablaba de la America’s Cup, del circuito urbano de Formula 1, de la Ciudad de las Artes y las Ciencias y de esa Valencia de postal turística olvidando la degradada situación de barrios periféricos como el del Cabanyal. Pero desde el poder se ocultaba la verdad, nadie explicaba los millones que costó traer a aguas valencianas, para tan sólo una vez, la regata de los millonarios barcos, se ocultaron con lonas los edificios ruinosos que jalonaban el circuito de las carreras automovilísticas sin que ningún político popular justificara el gasto en dinero público que supone pagar a Ecclestone, el amo y señor de la F-1, el que los coches rujan por las calles del distrito marítimo de Valencia, se montan concursos hípicos y campeonatos de tenis, que como todos saben son deportes populares, sin que se sepa a quién beneficia la inversión, otra vez más con dinero público.

Y después de tanto tiempo de andar “bufant en caldo gelat” (soplando en caldo helado) hemos caído de lleno en la triste y cruda realidad, ya no somos ricos, ya no somos los mejores y de poco sirve en estas horas de tribulación seguir sacando pecho y presumir de lo que no se tiene. Hay que cuadrar los presupuestos y conseguir, como sea, dinero para poder pagar a los maestros, para que los médicos de la sanidad pública sigan cobrando a final de mes, para que los funcionarios vean en su cuenta corriente abonada su nómina en tiempo y forma y ha llegado el “tío Paco”- nunca más adecuado el nombre- con las rebajas. Los gastos sociales serán los primeros que pagarán el pato y verán reducida su asignación y aquellos que esperan una ayuda económica a la que tienen derecho por la Ley de Dependencia verán llegar la carta en la que se les deniega por falta de asignación económica.

El Govern de Francisco Camps ha hecho lo que en su precaria situación económica hace cualquier familia y ha anunciado la venta de las joyas heredadas de la abuela. Y se ha puesto manos a la obra para obtener los casi cuatrocientos millones de euros que le faltan para cuadrar las cuentas poniendo marcha un plan al que ha bautizado como “optimización del patrimonio” y que, lisa y llanamente, consiste en vender solares y edificios. Trece solares y cuatro edificios saldrán a la venta, entre ellos el solar que debían ocupar las llamadas Torres de Calatrava de las que en 2005 Camps dijo sentirse orgulloso y los edificios de la Conselleria de Industria sito en la céntrica calle de Colón y el que ocupa la Conselleria de Bienestar Social en la antigua maternidad de La Cigüeña.

Han estado años vendiendo el país, trozo a trozo, a sus “amiguitos del alma” aunque los valencianos no han visto un solo euro de todos aquellos trapicheos, antes vendían bienes intangibles como influencias y concesiones, ahora ya venden bienes tangibles como solares y edificios. La pena es que con lo que recauden de la venta no van a tener ni para pagar los intereses y créditos de la deuda que la Generalitat tiene contraída y que el próximo año ascienden a 516 millones de euros. Los Gobiernos del Partido Popular van a dejar una deuda a todos los valencianos que tardarán generaciones en poder poner al día a no ser que pongan en almoneda alguno de los emblemáticos edificios que la piqueta todavía no ha derruido.

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