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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Alegre Capacitalia

Nieves Fernández
Nieves Fernández
sábado, 23 de octubre de 2010, 04:19 h (CET)
No es por nada, pero hasta las letras de colores de su logotipo, del logotipo del Primer Salón Nacional para la Capacidad, expresaban su alegría en las rotondas de acceso a la ciudad: una letra en azul, amarillo, rojo, verde, otra en azul más oscuro, otra en azul más claro como son a veces los días en los que se vive una discapacidad, enfermedad o dependencia, vistas así con un futuro más claro o más oscuro, más o menos alegre; hasta a los niños le gustan esas letras, son como las que ellos utilizan a diario en los trabajos del cole bien coloreados, trabajos sobre capacidades humanas o incapacidades, que de todo hay aunque no te falten los ojos o el oído, o la buena cabeza, o la movilidad de tus miembros superiores o inferiores.

Si se puede celebrar un encuentro sobre discapacidad, ha quedado plenamente demostrado en este mes de octubre en Ciudad Real. Con más de 200 expositores y múltiples y variadas actividades. Capacitalia no sólo se ha podido celebrar sino que se ha hecho a lo grande, como los grandes rótulos de sus alegres letras de colores.

Pero, además, se ha hecho desde todos los sentidos, nunca mejor dicho, de adentro hacia afuera y de afuera adentro. Los discapacitados ora eran protagonistas ora espectadores, para ello se ha contado con todos los hilos que pueden intervenir en los diferentes colectivos de discapacitados, muchas de las enfermedades y tipos de discapacidad representadas, y por supuesto muchas soluciones y ayudas técnicas para mejorar las condiciones de vida.

Los expositores venidos de toda España, han organizado su material expuesto igualmente con alegría, no sólo los temas y asuntos agradables son dignos de exposiciones y debates. Los temas tristes, si se enfocan bien, también se pueden tratar con alegría.

Vemos a una señora con un par de muletas que camina a duras penas, unas amigas la abordan en la acera. Una forma de acercarse a ella podría ser: “Hola, qué tal, me enteré de lo tuyo. Vaya, vaya…” Sin embargo, una amiga que intenta alegrarle el día, no le dirá eso, sino que lo enfocará desde otro punto de vista. “¡Hola, ¿qué haces por aquí? ¡Y qué guapa y elegante!

Vemos a un viejo profesor y amigo, que nunca perdió la alegría y eso que debido a su propia enfermedad le ha cambiado totalmente la vida.

Vemos a una discapacitada en silla de ruedas, sin un ápice de tristeza, todo lo contrario, baila al son de una música pegadiza y levanta sus brazos con la ayuda de otros alegres brazos, mientras su silla gira a buen ritmo, con el mismo compás que si sus pies fueran tras la flauta de Hamelín.

Vemos a un grupo de mayores que disfrutan de una charla y otro grupo de discapacitados mentales en un taller de informática.

Pero con la misma alegría podemos ver a niños y a jóvenes estudiantes utilizar otras sillas de ruedas en un circuito de accesibilidad, para ver también con alegría y buenas dosis de empatía cómo se puede ver una ciudad con mobiliario urbano adaptado o no adaptado. Como se puede sentir un ciego sin ser ciego, o un sordo sin serlo.
Y alegría a raudales en los movimientos de la chica que mueve sus manos y una gran mayoría de músculos faciales para indicar que habla por signos para los que no pueden escuchar su voz.

Hasta los caballos relinchan con alegría en la zona de Hipoterapia porque van a montar a chicos y chicas con Síndrome de Down.

Al mismo tiempo, una bicicleta extraña y diferente de tres ruedas hace su aparición aplastando la moqueta, no en vano lleva a dos personas aunque no es un tándem, una persona empuja moviendo los pedales, la otra sonríe muy alegremente porque la llevan de paseo por la Feria.

Todo ello con la intención de mejorar la situación de los dependientes, enfermos y discapacitados, así se previenen discapacidades y se promociona la autonomía personal. Pero no estén tristes, porque ellos no lo están ni quieren nuestra compungida compasión, no les gusta que les veamos con esa diferencia o indiferencia, quieren que les veamos tal cual son, pero sin perder nuestra alegría, propiciando la suya.

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