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De la nada contada y de lo mucho callado
Mario López
Hoy, como siempre, existe un gremio de buscavidas que publican libros supongo que por tentar a la suerte, por aquello de ganarse algunos dineros o la fama suficiente que les permita acceder a otros caladeros donde pescar con mayor fortuna. Si tenían algo que contar, se lo debieron guardar para mejor ocasión, pues la aportación personal que se les descubre en lo que presentan es nula. Copiar y pegar o, simplemente, reordenar la Guía del Ocio.
Yo, si fuera editor de libros, me interesaría, más que por los que dicen que tienen mucho que contar, por los que intuyo que tienen mucho que ocultar. Hay muchos personajes públicos que, para nuestra desgracia, se mueren por convocar al personal en algún hotel de postín para presentar algo que no debería haber salido nunca de la intimidad de su alcoba.
Mientras, para mayor desgracia nuestra, son centenares los individuos que tienen un montón de sustanciosos secretos que no están dispuestos a desvelar así les dieran la paliza más salvaje que quepa imaginarse. ¡Qué no daría yo por las confesiones de tantos y tantos sátrapas que, agazapados en los sótanos del poder, hacen y deshacen con nuestras vidas a su antojo! En cambio, nos tenemos que contentar con las sandeces, obviedades y previsibles arrogancias de los aznares, aguirres y losantos de turno; por no hablar de otros que apenas nos saben decir cómo se llamaba el dueño del bar de la esquina del barrio donde pasó tres cuartas partes de su vida pelando la pava. Pero el discreto calla y el chismoso carece de información relevante. Porca miseria.
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