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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group  

El factor madurez

Ruth Marcus
Ruth Marcus
viernes, 22 de octubre de 2010, 22:00 h (CET)
WASHINGTON - En éste, el año de la Mamá Osa Palin, dejemos de remover el chile de alce típico de Alaska un momento para reflexionar sobre cuatro palabras - "vuelve el hombre" y "puta" - y lo que nos dicen del confuso estado de la política de sexos.

"Vuelve el hombre", como en "vuelve el hombre, Harry Reid", dicho por la candidata Republicana de Nevada al Senado Sharron Angle hablando acerca de la minimización de los achaques económicos de la seguridad social por parte de Reid. Y aunque no ha recibido tanta atención, de la legisladora Demócrata de Missouri Robin Carnahan al Republicano Roy Blunt durante un debate en el Senado sobre la sanidad esa misma noche: Si Blunt quiere llevarse por delante la sanidad del resto, decía Carnahan, "entonces tendrás que dar de baja primero la tuya. Y vuelve el hombre".

"Puta", como en la insinuación recogida de forma accidental por un micrófono abierto hecha por un ayudante anónimo al Demócrata de California Jerry Brown a propósito de una posible línea de ataque a Meg Whitman, su rival candidata Republicana a gobernador.

La fórmula "vuelve el hombre" forma parte de una serie de comentarios pronunciados por legisladoras con intención presuntamente de demostrar lo duras que son. Durante la campaña de las primarias, la candidata Republicana de Delaware al Senado Christine O'Donnell dijo que Mike Castillo estaba actuando de forma "afeminada", apostillando "Mike, no estás haciendo tartas -- demuestra quién lleva los pantalones". Durante las primarias Republicanas de Colorado al Senado, Jane Norton atacaba a Ken Buck por no ser "lo bastante hombre" para encargarse por sí solo de los anuncios de ataque.

La reina de ese tipo de discurso es Sarah Palin. Elogiando la ley de inmigración de Arizona y a la gobernadora del estado, Palin decía que Jan Brewer tenía "los cojones" que "le faltan" al Presidente Obama para ocuparse de la inmigración ilegal. A continuación, Palin se desahogaba contra "la prensa impotente, débil y cobarde". Y Palin incurrió en el "vuelve el hombre" el otro día -- decantando la fórmula de su parte. "Escuchad, legisladores en ejercicio hoy", decía, "tenéis, algunos de vosotros tenéis que sacar al hombre y dedicar algún capital político a apoyar a los candidatos del movimiento fiscal".

¡Señoras por favor! Si somos tan duras, si tanto confiamos en nuestra dureza y tan cómodas estamos con ello, ¿qué tienen que ver los testículos? El atractivo del recurso de la Mamá Osa es que ella combina con la ferocidad la muestra definitiva de femineidad -- la maternidad. ¿Realmente hemos progresado tanto si cojones es bueno y la falta de los mismos es cobarde?

Estoy segura de que hasta cierto punto, Angle y Carnahan estaban siendo provocadoras simplemente. Hay cancha para reconocer las diferencias entre sexos en política, y no toda mención de tintes sexuales -- ¿se acuerda de los comentarios de John Edwards acerca de la chaqueta rosa de Hillary Clinton? -- es sexista o degradante.

Pero parte de las referencias lo son, y "puta", utilizado al hablar de una candidata, es una de ellas. Más escandaloso que el propio comentario fue la reacción diferente de Brown. Durante el debate electoral de la semana pasada con Whitman, se quejaba de la disculpa exasperantemente falta de sinceridad salteada de excusas.

Decir "puta" no es lo mismo que utilizar negrata. (Vale, pero no viene a cuento). Fue "una conversación privada de cinco semanas atrás en un teléfono móvil recogida por accidente". (Ídem). "Ni siquiera estoy seguro de que sea legal" haber difundido públicamente la grabación. (Lo mismo que dije).

Más Brown: "¿Ha castigado a su secretario, Pete Wilson, que llamó al Congreso puta al servicio de los sindicatos del sector público?" ¡Basta! El contexto importa. Volviendo a la palabra con ene, es muy diferente vertida por un afroamericano hacia otro que vertida por un blanco a, o hablando de, un negro. Cuando yo utilizo la palabra "señoras", no tiene tanta carga, y es más irónica evidentemente, del que sería el caso proferida por un columnista varón.

Y la excusa de remate de Brown: "Siento que sucediera". (Nos ha fastidiado). "No es más representativo del resto de cosas que pasan durante una campaña".

Jerry, ¿estaba escuchando cuando dijo "vuelve el hombre, Meg Whitman"? Porque desde luego sonó como, "Si no sabes aguantar la presión, te vuelves a tu cocina". A Brown sólo le faltó decir a Whitman que dejara de llorar, nena.

Amigos, navegar el discurso moderno de sexo y política puede parecer un campo minado, pero el reglamento de seguridad no parece tan complicado:

No equiparar con debilidades los rasgos o las actividades típicamente femeninas (la cocina, la ropa, los tacones).

No equiparar - incluso, o tal vez especialmente, si usted es varón -- la dureza con la masculinidad. Al menos hasta estar seguros de que es aceptable que su rival le diga que se porta igual que una niña.

No utilice términos de tintes sexistas o racistas. Si usted, o alguien de su campaña lo hace, arrastrarse funciona mejor que evadirse.

A los políticos de los dos sexos no les hace falta masculinizarse -- les hace falta crecer. A juzgar por la campaña hasta el momento, puede ser más difícil de lograr.

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