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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

APR

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 22 de octubre de 2010, 06:51 h (CET)
El camarada Alfredo Pérez Rubalcaba me da miedo, mucho miedo. Sobre todo, si se le toma por sus siglas, APR, que son tres que suenan a KGB o CIA o NSA, o a cualquiera de las infinitas organizaciones misteriosas de tres siglas que conforman esa sopa indigestible para la democracia y que tienen en inagotable profusión las grandes potencias en lo más oscuro de sus alcantarillas. Me espanta, porque la potencia que se la ha dado a este camarada tan poco amigo de la trasparencia y tan propenso al control de la población y las vidas particulares de sus adversarios (que son casi todos los ciudadanos que no han puesto su sangre y sus credos de parte incondicionalmente suya), es sospechosamente excesiva, y da la impresión de que contra éstos, mampuesto a mampuesto, está edificando todo un sistema de control y gestión (torticera) de la información que, obtenida por artes no demasiado confesables, pueda ser usada para obligarles a un mutis, a berrear en público según el pentagrama que les facilite en su momento o, simplemente, para comprar algunas voluntades díscolas.

Todo lo que suena a tres, en realidad, siempre me ha dado un poco miedo porque me parece siniestro, secreto, cosa de órdenes delantarianas de mucho compás y ritos escabrosos, nacidos para tormento de los ciudadanos. Ahí tienen que las agencias más tenebrosas del mundo tienen tres letras, como un triángulo que encierra, sometiéndola, a la divinidad manifestada en su proceso de construcción, mantenimiento y destrucción, que puede proyectarse al triángulo libertino cuerpo, espíritu y alma de la Teosofía, creo yo que para domeñarlo como una doméstica bestezuela de compañía. Como para ir al médico a por un carrito de astringentes, vaya, especialmente en estos momentos tan delicados en que las fuerzas damasquinadas toman el control de economías y Estados por doquier, y se está viniendo encima la que… están ocultando con tanto esfuerzo para mayor oscuridad del entendimiento ciudadano.

APR tiene fama de ser un camarada muy inteligente, incluso es extraordinariamente respetado por propios y adversarios, cuestión que, por supuesto, no comparto en absoluto. A mí me basta con el miedo, porque ya tiene uno alguna experiencia vital y ha visto lo suyo. Las últimas informaciones que han saltado sobre él a los medios, y que no han sido desmentidas o denunciadas en juzgados por el camarada APR, le ponen en el justo meollo de Faisanes cuya investigación se ha bloqueado desde donde muchos saben dónde que se callan, de siglas (tres, también) que, involucradas en gordo en la cosa de Marfiella, también han sido obstruidas en su investigación desde ese mismo emplazamiento de antes, y de la creación de redes discretas de información policial (quizás secreta) sobre cualquier asunto de corrupción que afecte a ciudadanos importantes o influyentes, o de cualquier cuestión o conducta personal que, eventualmente, pueda ser usada para ciertas maniobras políticas. A lo mejor lo que sucede es que quienes le alaban con tal pleitesía son precisamente ésos cuya información sensible ya está en los archivos pendulares de esa siniestra organización trinitaria, quién sabe.

Lo cierto es que siempre me pareció un hombre sombrío e introvertido que me dio la impresión de estar eternamente maquinando alguna retorcida estrategia para obtener obscenos beneficios para su señor. Su visión de la realidad, imagino, es la de quien ve lo que no vemos los mortales, o la de quien tiene inteligencia suficiente para dar tantas vueltas como sean necesarias a las acciones más tétricas para obtener los beneficios que espera, pero por artes que no requieren ni luz ni taquígrafos, y que siempre se logran desde lo más abstruso de las calígines y se llevan a cabo por los medios menos refinados. Maquiavélico, vaya.

Nada extraño en un país donde las listas negras que no existen están por todas partes, y donde se niega el desarrollo y las posibilidades de manifestarse en los medios o publicar su obra a quienes no están en el orden de los adeptos o postulantes, tanto más de quienes se mueven por senderos ajenos a los Tres Senderos. Que en una situación tan crítica como la que vivimos se le eleve a este señor tan tortuoso al máximo poder y se pongan a su disposición todos los poderes coercitivos del Estado no es que me parezca sospechoso, sino extremadamente peligroso. No es que pueda desde ese sitial ayudar a una reinstauración de la influencia socialista o que como Vicepresidente tenga una mejor oportunidad de comunicación con las masas, sino que al camarada APR se le ha elevado al cargo de punta del triángulo kagebiano o se le ha convertido en Comisario Político organizativo de la pirámide del control de acción e información que lleva algún tiempo creando. El tiempo dará o quitará la razón, pero los síntomas, por ahora, no pueden ser más sombríos. De sombra, oscuridad, claro.

Jung nos regaló en sus Tipos Psicológicos un manual que permite identificar las propensiones naturales de un individuo atendiendo a su estructura física y a su conducta. Si a eso le añadimos otros factores físicos, como su forma de ataviarse, o de particularidades de psicología del gesto, como esa introversión tan natural en él o su forma de mirar o responder, siempre tan sesgada y aviesa, como que no da miedo, sino canguelo en crudo. Por mi parte, y por si acaso, bienvenido al puesto, señor Comisario Político: ¡Arriba el PSOE! (Puño izquierdo en alto.) ¡Viva el delantal trinitario! No quisiera yo inaugurar una checa.

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