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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Internacional

La crisis de identidad del sistema federal

Robert J. Samuelson
Robert J. Samuelson
viernes, 22 de octubre de 2010, 06:38 h (CET)
WASHINGTON -- Se da por supuesto de forma generalizada, si bien no universal, que la Reserva Federal empezará a tomar medidas dentro de poco para apoyar la economía tratando de rebajar progresivamente los tipos de interés de las deudas pública, hipotecaria y privada. El extremo exacto al que bajarán los tipos y cuánto subirán la producción y el empleo es incierto. Lo que está más claro es que la maniobra será una especie de acto de desesperación, que plasma la escasez de buenas ideas para reanimar a la economía.

La Reserva está sufriendo una crisis de identidad. Ampliamente elogiada con el Gobernador Alan Greenspan como garante de la prosperidad, hoy lucha por recuperar su noble reputación. Durante las fases más contusas del episodio de pánico financiero, finales de 2008 y primera mitad de 2009, inventó formas ingeniosas de facilitar el crédito a las regiones de los mercados (pagarés a corto plazo, títulos de bajo riesgo) que quedaron desiertas de agentes privados de crédito. Durante casi dos años, mantuvo sus tipos de interés a corto plazo cerca de cero. Todo esto evitó presumiblemente una segunda Gran Depresión, pero evidentemente no despertó una vigorosa recuperación económica.

El Gobernador de la Reserva Ben Bernanke pronuncia discursos periódicos defendiendo que, a pesar de rebajar sus tipos a corto plazo a cero, la Reserva dispone de considerables herramientas legislativas para reanimar a la economía y reducir el consternante dato del paro. La realidad es bien distinta; las herramientas que le quedan a la Reserva son misteriosas, poco sólidas, o las dos cosas. Una descripción de los economistas del Bank of America reza:

"Piense en la Reserva Federal como en un grupo de soldados en una trinchera. Han disparado sus antitanque y su munición de asalto... y ahora están utilizando sus revólveres".

A lo que se presume que la Reserva dará el visto bueno, a principios de noviembre probablemente, es a una considerable compra de títulos de deuda pública estadounidense con la intención de rebajar sus tipos de interés y los tipos del resto de valores de deuda a largo plazo. Ya ha hecho esto en una ocasión. A finales de 2008, la Reserva aprobó compras masivas de deuda; alcanzaron en total finalmente 1,725 billones de dólares en valores de respaldo hipotecario, deuda pública estadounidense y obligaciones de las hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac. Bernanke ha dicho que el programa "realiza una importante contribución" a la recuperación económica.

Pero los efectos apreciables fueron contados. Los tipos de los títulos de las deudas pública, privada e hipotecaría pudieron haber descendido 0,6 puntos porcentuales, según el cálculo de un estudio encargado por la Reserva a los economistas Joseph Gagnon, Matthew Raskin, Julie Remache y Brian Sack. El descenso esta vez podría ser inferior, porque los tipos de interés de los que se parte ya son bajos (alrededor de 4,3 puntos porcentuales en el caso de una hipoteca a 30 años) y las compras podrían ser menos sustanciales. Las estimaciones oscilan en general entre 500.000 y 1 billón de dólares.

Los economistas del Bank of America creen que las nuevas compras tendrán "solamente un impacto modesto sobre la economía" pero son "mejor que nada". Un programa verosímil rebajaría el desempleo 0,2 puntos porcentuales (digamos, del 9,6% al 9,4%), según Moody's Analytics. La bolsa mejoraría ligeramente, induciendo a la gente a gastar más, y un dólar depreciado fomentaría la exportación. Realmente, dado que Bernanke y el resto de funcionarios de la Reserva han apuntado una nueva ronda de compras de deuda, los mercados financieros podrían reflejar ya parte de estos efectos. Esto hace más difícil que la Reserva reivindique estas expectativas generalizadas.

Aún así, hay riesgo. En cuanto la Reserva compra deuda pública, está inyectando papel moneda a la economía. Hasta el momento, esto no ha suscitado gran endeudamiento entre familias inquietas y empresas cautas. Los créditos al consumo llevan desde verano de 2008 descendiendo. La Reserva podría ser más eficaz moviendo las cosas en una dirección que en otra, citando una fórmula que data de la década de los 30. Las entidades bancarias disponen de reservas por valor de alrededor de 1 billón. Pero si todo el líquido barato desata un crecimiento económico muy superior, gran parte de esta reserva se transformaría en créditos y agitaría el fantasma de una inflación mayor -- "demasiada liquidez detrás de muy pocos bienes".

La Reserva tendría a continuación que retirar o neutralizar el líquido inyectado mediante tipos de interés más altos. Sumar cientos de miles de millones más a las reservas de los bancos no va a facilitar la labor. Igual de importante es que habría importantes presiones sobre la Reserva para no subir los tipos mientras el paro siga siendo elevado. El economista Allan Meltzer, de la Carnegie Mellon University, autor de una crónica de tres volúmenes acerca de la Reserva, teme que la Reserva Federal -- como en las décadas de los 60 y 70 -- aguarde demasiado. "Vamos a tener una importante inflación antes o después", dice, "pero no inmediatamente, porque ahora no hay demanda".

Los economistas parecen dividirse en dos bandos. Los hay que, como el columnista del New York Times Paul Krugman, están convencidos de que la economía está tan débil que el gobierno debería hacer casi cualquier cosa (déficits mayores, crédito más barato) que sea remotamente de ayuda; y otros, como Meltzer, temen que las medidas arbitrarias conduzcan a problemas más graves más tarde. Entre los dos extremos, está el supuesto común no mencionado expresamente de que no hay panaceas al letargo de la economía. La Reserva real, al parecer, es mucho menos poderosa que la mítica.

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