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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

¡S.O.S.!

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
jueves, 21 de octubre de 2010, 07:00 h (CET)
Y el verbo se hizo carne, que se dice, aunque el verbo socialista es empeorar. Y empeora, ya lo creo. En pleno inútil debate para la galería por la cosa de los PGE, ya que los votos necesarios para que se aprueben están comprados a precio de oro y sin luz ni taquígrafos y la misma votación no es más que un trámite absurdo que consume más y peor los dineros públicos, ahora nos sale el señor Presidente con una remodelación del Gobierno que ahonda, fija y multiplica despropósitos. Todo puede ser que sea mentira esto también, como suele suceder con cuantas cosas dice o hace el señor Presidente (sólo hace unos días, en Ponferrada, negaba una remodelación del gabinete), e incluso que se desdiga a sí propio unas mil veces antes de que veamos materializado algo; pero, según los medios más próximos –BOE (El País), Público, etc.-, parece ser que enjaretado a la defenestración de esa señora que ha estado casi seis años volviéndonos tarumbas con sus desvaríos –la señá Bibiana Aído- y un par de actos de aparente sensatez como la desaparición de algunos inútiles ministerios, los pijos-ministrables se encastran, ascienden y se les otorgan cargos y ministerios que nos pueden sumir en el mayor de los descréditos mundiales..., si es que ello es posible todavía.

Ya se vio con Chávez que la UGT es un artificio de los gobiernos socialistas, y por ello son tan domésticos para con sus razias contra los trabajadores, de modo que así como Felipe González elevó al poder a Chávez desde la UGT, ahora hace Zapatero lo propio con el nuevo Ministro de Trabajo (o de Desempleo), a fin de evitar que la razón pueda aglutinar desesperaciones del proletariado y montar la de París es Francia en suelo español. La cosa está cruda, y el Faisán cantará ahora desde la Vicepresidencia, de modo que todo el mundo sepa que el cante era cosa oficial, pero protegiendo nuevamente a la Z como incógnita a ser despejada en el eviterno jamás que nos es tan habitual, del modo y manera que la conocida X de cuando los GAL sigue por ahí sin ser resuelta, veraneando en las costas africanas. Y, para colmo de expectativas, la señá Trini es enviada por currier a Asuntos Exteriores. Sí, sí: como lo leen. A Asuntos Exteriores, hijitos, qué le vamos a hacer. Al desastre de Moratinos le sucede el fenómeno trinitario, ése que no ha sido capaz de digerir Madrid y ahora pretende echarse al coleto al mundo Tierra, ni más ni menos. ¡Que el Cielo nos proteja!

Y el verbo se hizo carne, ya digo. Y andó, vaya, porque anduvo no andará, eso es seguro. Al despropósito del señor Moratinos, un buenoide paga rescates de onegianos aventureiros sostenidos por los públicos dineros que el Estado reparte entre sus incondicionales y reverente servidor de quienes nos usan a su antojo para entretenerse (Marruecos, su Graciosa Majestad, Chaves y tal), le sucede en el cargo la señá Trini, quien estuvo varios años como Secretaria de Estado para Iberoamérica, con los excelentes resultados que todos conocemos: ninguno positivo y un gasto de volverse locos. Como para no repetirlo, claro. Lo mismito que en Sanidad, en fin, donde nos atiborró a inútiles carísimas vacunas que luego fueron destruidas para mayor gloria y ganancia de farmacéuticas, dada la maravillosa aplicación de su placebo timabobos. ¡Como para tirarse de los pelos! Digo esto último porque la sucede en el cargo de Sanidad la impresentable señá Leire-Pajín: nos vamos a enterar de lo que vale un peine. De casta le viene al galgo, ya lo van a ver.

Es lo que suele suceder cuando los socialistas no son ya sino aquellos niños y niñas bien de los setenta que se metieron en la cosa de las izquierdas porque “mola más que una gramola en General Mola”. Los señoritos, en fin; aquellos mozuelos que, con sus trencas de lanilla con abotonaduras de cuerno de plástico y capucha de astronauta, iban del Liceo a la mani y luego a tomarse unas copas a la Boîte del Pintor o a José Luís, donde despotricaban contra la dictadura, de la que sus papás vivían como maharajás, para defender los derechos de los currantes, esos seres asquerosos y malolientes que, ¡pobrecitos!, eran maltratados por papuchi. Lo progre de entonces era la solidaridad, y eran solidarios, especialmente de boquilla y los sábados hasta las ocho, además que de cuando en cuando se compraban el single o el elepé del ahora colegui-cejillero de turno, Serrat, Aute, Víctor Manuel o Ana Belén, que también eran muy progres ellos y por eso están ahora cobrando réditos en lo de la ceja, a su lado. Incluso, así, al loco despendole, a veces también adquirían un vinilo que demostrara su incondicional postura de progresía, metiendo en su “expo-cole-repertorio” lo último de Mercedes Sosa, Jorge Cafrune, Quilapayún o Inti Illimani, cuando no se daban un oreo en vivo por La Bodeguilla para conocer en persona a Pablo Milanés o a Silvio Rodríguez, si es que se iban de “vacas” a Cuba, que molaba mil. Pues éstos, señores trabajadores, son los que van a defender sus derechos y los que los van a dejar finitos, finitos: como la harina, vaya.

Y el verbo se hizo carne, y la estulticia alcanzó el poder con todo su talento progre. Bienvenidos, pues, todos los nuevos pijo-cargos –y los reciclados, que también molan- al poder de este desmadre. Es lo que tenemos y no se puede hacer más. El filón de ministrables y de ideas ya está seco como la mojama, si bien, hagan lo que hagan, estará de perlas, siempre comparados con quien ostenta la misma pijo-Presidencia. Por mi parte, ya quisiera que otro país cualquiera me adoptara: la realidad en España es cada día más insoportable, y no hay quién la cambie. No es que podamos caer al abismo: lo llevamos haciendo ya un tiempito, y no hay manera de convencer a la gravedad de que nos sea suave la morrada. No tenemos remedio y sólo podemos, por lo que se ve, ir a peor. ¡S.O.S.!: que alguien Save Our Souls (salve nuestras almas), si es que no las prohíbe Sanidad por real decreto liberticida, lo consiente el Faisán cantarín o la señá Trini no las denuncia como movimiento terrorista en la ONU. Ellos, desde luego, no las tienen, razón por la cual no se las puede salvar.

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