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Etiquetas:   El rincón del niño voltio   -   Sección:  

And the winner is...¡Carbonero!

Fernando Nuñez
Fernando Nuñez
miércoles, 20 de octubre de 2010, 07:14 h (CET)
El próximo sábado se entregan los premios Antena de Oro 2010. Muchos son los galardonados. Y muchos sus logros profesionales. Pero este año, aunque le pese, todas las miradas estarán puestas en ella. En la periodista deportiva más mediática de la historia de nuestro país. Eso sí, con el permiso del señor Pipi Estrada. Que su pipón, su frotis con Terelu y sus peleas barriobajeras no son fáciles de superar. Ni por desgracia, olvidar. Si es que se me viene a la mente ese pim pam pum a lo animalillos salvajes en pleno celo nocturno y se me ponen los pelos de punta. Pero bueno, yo a lo mío. Pim. Pam. Pum. Que iba a decir yo… Pim. Pam. Pum. Pues eso, que Sara Carbonero… Pim. Pam. Pum. ¡Basta!

A estas alturas de la semana son muchos los que se preguntan si Sara acudirá a la ceremonia acompañada de Iker. Otros se preguntan por el modelito que elegirá la toledana para la ocasión. Y los más picarones se preguntan si la periodista tropezará y nos volverá a enseñar las bragas como ya lo hizo en la presentación del champú que anuncia. A mí, sinceramente, todo eso me trae sin cuidado. Yo sólo me pregunto una cosa. ¿Se puede saber quién coño ha decidido entregarle un premio a esta chica por la cobertura del Mundial y otros eventos futboleros?

Para mí Sara Carbonero es como un pan sin sal, unas fresas sin nata o una copa de helado sin su sombrilla hawaiana. Que están buenos. Sí. Pero les falta algo. Reconozco que la chica, como busto parlante en el telediario del mediodía, se defiende bien. Lee las entradillas con sus puntos y sus comas. Les da la entonación adecuada. Y aunque parece que tiene horchata en las venas resulta creíble para el espectador. También reconozco que la chica es guapa. Y entre sus ojos verdes, sus chaquetitas de cuero ajustadas y sus pañuelos al cuello, nadie duda que sea la más mona del lugar cuando se encuentra a pie de campo haciendo su conexión en directo. Hasta aquí, vale. Pero que su labor periodística cubriendo eventos deportivos merezca ser galardonada con un premio. Por ahí si que no paso.

Sara Carbonero. Toma 1. Estamos en plena semifinal del Mundial de Sudáfrica, donde España se la juega contra Alemania por un puesto en la gran final. A los cuatro minutos de comenzar el partido salta al campo un espontáneo y se pone a corretear por el césped como un pollo sin cabeza. J.J. Santos lo pone a caldo desde su puesto de comentarista y da paso a Sara. Ella abre la boca y, ni corta ni perezosa, suelta: “La verdad es que no sabemos a dónde va”. Pero vamos a ver, nena. ¡Que es un espontáneo! ¿Dónde quieres que vaya? ¿Al bar a por una cervecita y unas pipas?

Sara Carbonero. Toma 2. Nos encontramos en Abu Dabi, donde se celebra el Mundial de Clubes. Antes de comenzar el partido que tendrá como protagonista al Barça, y gracias a un micrófono indiscreto, escuchamos a Sara preguntando a su jefe por la capacidad del estadio, para luego ofrecer el dato en directo. Mal, Sara, muy mal. Negativo por no traer los deberes hechos de casa. J.J., cabreado con la FIFA por problemas con el audio, le pide a Sara que consiga tener con sonido a Tito Vilanova. Nerviosa. Tartamudeando. Y asustada cual cervatillo cegado por los faros de un coche en medio de la noche. La periodista dice que no sabe cómo se hace eso. Mal, Sara, muy mal. Otro negativo. Y ya van dos.

Sara Carbonero. Toma 3. Final del Mundial de Sudáfrica. Holanda, a patada limpia, impide que los nuestros metan el balón en la portería. Pero aparece él, Iniesta, y con un golazo de los que no se olvidan nos convierte en campeones. J.J. Santos le da paso a Sara para que cuente el ambiente en el terreno de juego. Ella, lloriqueando como una niña chica, dice: “Es que no puedo ni hablar”. Y devuelve la conexión sin más. Vamos a ver, bonita. ¡Que te pagan una pasta para eso! Para informar. Que tus compañeros están igual de emocionados y siguen haciendo su trabajo. ¿Se puede saber por qué tú no?

Creo que deberían dejar tranquila a Sara Carbonero. Porque todavía es demasiado joven e inexperta como para regalarle los oídos como lo están haciendo. A mí, si esta chica merece hoy por hoy un premio por su labor periodística, que venga alguien y me lo explique. Pim. Pam. Pum. Tú no Pipi... Pim. Pam. Pum. Venga, ya vale… Pim. Pam. Pum ¡Basta!

De todos modos tengo mis dudas respecto a las verdaderas aspiraciones profesionales de Sara. No tengo muy claro si a esta chica le interesa de verdad aprender el oficio. E incluso dudo que le guste el deporte tanto como ella se empeña en decir. Su desembarco en Telecinco le brindó la oportunidad de crecer como periodista. Sin embargo, parece prestarle mayor atención a otras facetas laborales que nada tienen que ver con los balones. Los partidos a cinco sets. O las canastas de tres puntos. En cuestión de un año ha revolucionado la redacción de deportes de la cadena de Fuencarral. Y no precisamente para bien. Porque la ha puesto en el punto de mira de la prensa rosa. Su noviazgo con Casillas. Sus múltiples anuncios televisivos. Sus portadas para revistas de moda y tendencias. Sus cenas con Alejandro Sanz y Eva Longoria. Parece que a la Carbonero le tiran en exceso las candilejas.

La sensación que tengo es que esta chica escogió su carrera periodística como un medio, no como un fin. Me extrañaría verla dentro de 15 años al frente de la sección deportiva de un telediario. Pero siendo empresaria, dulce esposa de futbolista, presentando un perfume con su nombre o su propia marca de ropa deportiva. Sí. Y no es que me parezca mal. Al contrario, ya me gustaría a mí que no llego a final de mes. Pero si te vuelves loca y anuncias todo lo que cae en tus manos, desde cereales a champús, te montas un reportaje en plan loba para un dominical y acaparas una sección entera del kiosco con tus múltiples posados. Luego no puedes quejarte de las críticas o del acoso de los compañeros de profesión. Aunque claro, esa es sólo mi humilde opinión.

De momento, Sara Carbonero recogerá este sábado su Antena de Oro en el Gran Casino de Aranjuez. No es un premio Cosmopolitan. Ni Vogue. Ni Vanity Fair. Pero por algo se empieza, ¿no? Pim. Pam. Pum. Terelu dile algo a Pipi, por favor… Pim. Pam. Pum. Me estoy empezando a cabrear… Pim. Pam. Pum. ¡Basta!

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